Ciudadanos, partido bisagra

Creado hace nueve años en Barcelona, pero recién ahora catapultado a escala del Estado español, Ciudadanos ha defendido un discurso de centro que arranca fieles al bipartidismo de PP y Psoe. Según las encuestas, la formación tendrá la llave de muchas coaliciones de gobierno.

Albert Rivera, el carilindo de Ciudadanos / Foto AFP, César Manso

¿A la izquierda o a la derecha? Tal vez haya intentado alguna vez estacionar en un espacio muy reducido, cueste lo que cueste. Infinitas y milimétricas maniobras: adelante, un poquito menos, sudor, volante, y atrás; ahora más, pare, derecha, no tanto, atrás. La escena describe lo que sucede estos días con la política española, más disputada que nunca desde que en el tradicional bipartidismo del Partido Popular (PP, en el gobierno) y del Partido Socialista (Psoe, en la oposición) han irrumpido Podemos y Ciudadanos. Todos quieren reservar plaza en el centro.

Nada extraño para un país que, en plena vorágine electoral, se define apenas ligeramente escorado a la izquierda. Así lo recuerda el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (Cis): en una escala del uno (izquierda) al diez (derecha), la población española se ve reflejada en el 4,58. Es decir, los españoles se imaginan a escasos decimales del término medio por excelencia (cinco), allí donde estaría situado el teórico caladero de votos al que nadie renuncia, y menos con un porcentaje de indecisos que, según la misma fuente y a escasas horas de los comicios, oscila entre el 30 y el 44 por ciento en los diferentes municipios y autonomías que sacan las urnas el 24 de mayo.
Nacidos en 2006 en Barcelona al calor de la plataforma cívica y cultural Ciudadanos de Cataluña, las siglas que lidera el candidato Albert Rivera ya están presentes, además de en el parlamento catalán, en el andaluz, en algunos pequeños municipios madrileños, de Murcia y Guadalajara, y en el Parlamento Europeo. A partir de este domingo pretenden extender su tela por toda la geografía española. La puerta de entrada la tienen clara: el centro.

Diferentes encuestas les otorgan serias posibilidades en ciudades estratégicas como Madrid, Barcelona y Valencia; además de en feudos regionales clave. En ninguna estimación de voto parten como favoritos, pero a priori (casi) todas les otorgan un papel decisivo a la hora de formar coaliciones de gobierno, en un panorama en el que las mayorías absolutas apuntan a ser excepciones. Es la gran baza electoral de Ciudadanos.

“Nos sentaremos a negociar cualquier programa, proyecto u objetivo, siempre y cuando no esté en la mesa alguien imputado por un caso de corrupción política, alguien bajo la sombra o sospecha de haber estado dentro de corruptelas”, dice a Brecha la responsable de implantación nacional de Ciudadanos, Marta Marbán.

Esa cintura política parece haber cuajado entre los simpatizantes del resto de las formaciones, que ven en Ciudadanos el socio de gobierno predilecto o, al menos, el mejor de los males en caso de pactos obligados. Según uno de los últimos barómetros, Ciudadanos y Podemos se disputan esa condición de partido bisagra.

“Han logrado ser percibidos como el socio deseable”, aclara la profesora de ciencia política de la Universidad de Valencia Astrid Barrio. Una especie de “acompañante ideal” que otorgaría el ansiado cinco. ¿Dónde colocaría usted a cada uno de los siguientes partidos?, pregunta el Cis. Los resultados son transparentes: PP, 8,18; Ciudadanos, 5,77; Psoe, 4,46; y Podemos 2,29.

A ambos lados de la carretera, en las cunetas, queda sin embargo el equipaje que van soltando los partidos en ese viaje al centro. Mientras los críticos de Podemos acusan a la formación de Pablo Iglesias de empezar mirando a Latinoamérica y terminar volcándose hacia la socialdemocracia nórdica, los escépticos de Ciudadanos echan en cara a los de Albert Rivera haberse convertido en la marca blanca del PP, en ser la respuesta de los empresarios ante el avance de los círculos y las asambleas de Podemos.

EL LÍDER “ATRACTIVO”. El aterrizaje de Ciudadanos en la política nacional arrastra la sospecha de una excesiva dependencia respecto de su presidente, un abogado barcelonés de 35 años que trabajó en el gabinete jurídico de la Caixa –una de las grandes entidades bancarias del país– después de haber ganado el campeonato interuniversitario de oratoria. Su salto a la política profesional se debe en buena cuenta a sus apellidos, pues al primer congreso de Ciudadanos, celebrado en julio de 2006, se presentaron varias listas y entre ellas la que a la postre resultaría vencedora, una relación ordenada por orden alfabético: Albert Rivera era el primero de los nombres y le “tocó” presidir la formación.

“Es la pescadilla que se muerde la cola: tenemos un líder muy interesante y agradable, con mucho poder de comunicación, muy atractivo, pero también tenemos un gran equipo. Lo que ocurre es que los medios de comunicación piden que en los debates y las entrevistas esté Albert Rivera”, se lamenta Marbán. Lo cierto es que Rivera, que no es candidato en estas elecciones (su turno llegará en los comicios generales previstos para noviembre), se presenta ante los periodistas como ese apuesto joven de estilo cuidadamente informal, pelo corto y sonrisa perenne. El “yerno ideal” para el “partido ideal”. La alternativa a ese chico “de barrio”, como se ha definido Iglesias.

La gran incógnita es paradójicamente dónde está el anhelado término medio. Tal es el galimatías, que mientras el PP acusa a Ciudadanos de ser un “Podemos con condiciones”, los de Pablo Iglesias les tachan de ser “recambio y no cambio”, y Ciudadanos se defiende aireando la corrupción de los primeros y lo que considera una revolución desmedida de los segundos. Entonces entra el Psoe para decir que ellos son los únicos, que ellos sí están dispuestos a hablar con todos. Y ahí andan. Buscando el centro.

La experta de la Universidad de Valencia condensa en un par de trazos el perfil robot de la formación de Albert Rivera, a partir de sus orígenes: “Nacieron vinculados a sectores relacionados con la izquierda intelectual catalana. Pero en Cataluña tratan de rehuir cualquier posición y categorización ideológica clara y, más que identificarse con el eje izquierda-derecha, responden a la cuestión nacionalista”. Astrid Barrio recurre al concepto anglosajón de “single issue-party”, término que engloba a las formaciones centradas en una única cuestión, en su caso, la identidad catalana y sus relaciones en el conjunto del Estado desde una postura antiindependentista.

Ha sido desde esos mimbres que paulatinamente Ciudadanos ha ido ganando visibilidad en toda España. En su expansión se han topado precisamente con la irrupción de Podemos “y por eso también se les ubica más a la derecha, aun no siendo fácil catalogarles”, asegura Barrio, quien concede que desde ese “centro pueden pivotar hacia posiciones más de derecha”. Una proyección que estira hasta el límite polémicas como la de los miembros de Ciudadanos vinculados a la extrema derecha (algunos ya expulsados), o la coalición que el partido formó en las elecciones europeas de 2009 con el ultraconservador Libertas.

La “gran virtud es que ha sabido situarse en la centralidad, lo que no debe interpretarse con estar en el centro, aspiración de la mayoría de los partidos. Ha sabido hilvanar un discurso que puede captar votantes del Psoe o del PP que aspiran a la regeneración, nunca a la revolución o a la implosión del régimen constitucional”, analiza Crespo, experto en nacionalismos periféricos.

“No existen izquierdas ni derechas sino un eje transversal que lo que quiere es defender un Estado de bienestar, el mismo que hemos disfrutado y no queremos perder, y que se puede quedar en ese centro ideológico y en esa socialdemocracia con libertad de mercado”, explica Marta Marbán. Una libertad de mercado patente en algunos de los puntos clave que engrosan su programa y que lo diferencian claramente de Podemos y lo acercan al PP:1 bajar el impuesto cultural pero subir el de los productos básicos, armonizar el impuesto de sucesiones, favorecer la inversión extranjera, regular la inmigración creando un visado europeo de trabajo y residencia, delimitar la sanidad pública según necesidades y orígenes…

1.     El líder de Podemos ha hablado a su vez del partido de Rivera como “la cara presentable del PP”. “Son como dos yogures de marca diferente: uno es naranja y el otro azul”, dijo Iglesias, que recordó también el pasado “popular” de varios de los dirigentes de Ciudadanos, incluyendo el propio Rivera, y las relaciones de esa formación con grupos de extrema derecha.

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