Dar otro lugar al tango

Desde 2010 existe en nuestro medio un trío de tango que no quiere parecerse a ningún otro trío de tango. Tamaña temeridad de buscar un idioma propio, lejos de resultar un despropósito, funciona, y muy bien.

Cuenta con un notable guitarrista que no intenta tocar como Roberto Grela, Mario Núñez o Julio Cobelli, una exquisita cantante que no intenta parecerse a María Graña o Adriana Varela, y un violonchelista –y ocasionalmente acordeonista– que también va por fuera de todo lo que se escuchó en el tango en su instrumento.

Tamaña temeridad de buscar un idioma propio, lejos de resultar un despropósito, funciona, y muy bien. Así lo demostró el Malajunta Trío en su disco inicial, Baldosa floja, de 2012, ganador de dos premios Graffiti, y así vuelve a demostrarlo y con creces en Dar, recién editado.

Jorge Alastra es el guitarrista y arreglador y, asimismo, autor de interesantísimos temas, Adriana Filgueiras, la delicada cantante y Juan Rodríguez, el chelista y acordeonista que dan forma a Malajunta Trío y que, en su pelea por ver el tango desde otro lugar, sin los habituales tics del género, han sabido esquivar –sobre todo en este último disco– la fatídica lista de “las 20 que cantamos todos”, es decir, “Vieja viola”, “Volver”, “Cambalache”, etcétera. El repertorio está formado por piezas poco transitadas del binomio Astor Piazzolla-Horacio Ferrer, un impresionante tema del notable autor e intérprete uruguayo Alberto Mastra, un puñadito de preciosas autorías del propio Alastra y un par de clásicos como “La luz de un fósforo” y “Anclao en París”, más un tema de Homero Manzi y el Tata Cedrón.

Con su guitarra, sus arreglos y sus autorías, Jorge Alastra vuelve a demostrar que es uno de los grandes músicos de este país, insólitamente ignorado por muchos –tal vez por no ser amigo de otros muchos–, y no sólo por su trabajo en Malajunta Trío, sino también en su discografía solista, que cuenta con un muy atendible disco como Puente aéreo (2008) y un álbum absolutamente excepcional que mereció mucho más difusión y éxito, como Tres (2012).

Su guitarra es elegante, precisa, firme y plena de riqueza armónica. Su talento de autor también está, a estas alturas, fuera de toda duda.

Adriana Filgueiras tiene uno de los timbres de voz más bellos de nuestro medio y muestra una franca evolución con respecto al trabajo anterior. Su preciosa voz esquiva también, como no podía ser de otra forma, los lugares comunes del género; no se hace la canyengue, no muestra amaneramientos, no exhibe siquiera el pronunciado vibrato que parece ser marca de fábrica del tango. Lo suyo va por otro lado y resulta muy fino y seductor.

Juan Rodríguez es un eficiente complemento de sus dos compañeros, aportando una tímbrica que va como anillo al dedo a la voz de Adriana y la talentosa guitarra de Alastra.

Hay grandes momentos en Dar, como el tema que da título al disco, un hermoso tango de Alastra con una bella música y un texto muy interesante, más aun en tiempos como los que corren, en los que la letrística de calidad se vuelve una necesidad imperiosa. También se destaca, en cuanto a sus autorías, “Letanía del vendedor”, paisajística, urbana y particularmente seductora.

“Zanjones”, de Alberto Mastra, y “Puerta”, de Homero Manzi y Tata Cedrón, son otros puntos fuertes del disco. En cuanto a los “clásicos”, funcionan muy bien el bellísimo “La luz de un fósforo”, de Cadícamo y Suárez, y “Anclao en París”, de Cadícamo y Barbieri, con su notable guitarra, pese al eterno, impresionante e invencible fantasma de Gardel, identificado con ese tema por los siglos de los siglos, amén. Como en todo lo de Malajunta, la cosa pasa por otro lado. Pasa por darle al tango otro lugar, y vaya si lo consigue.

Dar. Malajunta Trío. Perro Andaluz, 2015.

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