El cangrejo inflacionario

El acuerdo que congela precios de productos de consumo masivo sufrió importantes deshielos con los incrementos sustantivos verificados días antes de su entrada en vigencia. Muchos refieren a productos importados de multinacionales que en las góndolas exhiben precios entre cuatro y nueve veces mayores que los que se pagan en Aduanas.

Los precios por Ombú

“Así que le cuesta un peso y lo vende a cinco… ahora entiendo qué es la inflación”, dice Alejandro Dolina en La venganza será terrible y, la verdad, como sentencia el personaje de Morosoli, “no está nada lejos de estar en lo cierto”. El interlocutor de Dolina seguramente desconoce las fuerzas que administran la libertad de mercado; en cambio, el presidente del Banco Central, Mario Bergara, que sí las conoce, utiliza términos más académicos para explicar por qué el mercado, en lugar de aquietarse, uniformizarse, tiene una pérfida inclinación hacia la entropía: “El hecho de que muchos mercados se fijen por agentes con poder de mercado, es decir, con capacidad de mantener precios más o menos altos, es un elemento también de indexación que hace que la inflación esté siendo difícil de bajar (…) no es nuevo que en Uruguay hay sectores concentrados, oligopólicos, donde todas las prácticas de competencia a veces no se expresan con total potencia y, por lo tanto, la formación de precios refleja eso”, dijo en un almuerzo de Adm en noviembre de 2013

Dicho esto, parece real que la libertad de mercado está sometida al poder de ciertos agentes oligopólicos, y la conducta de la inflación en los últimos meses sugiere que la “entropía” (es decir, el desorden molecular de un sistema) disparará esa inflación más allá del 10 por ciento a fin de año. Quizás sea el momento de considerar si el combate a la inflación por la vía de la contención salarial –y los parciales y acotados acuerdos de precios– no fortalece, en lugar de debilitar, a los que tienen en sus manos el poder del mercado. El presente informe pretende demostrar en qué proporción esos agentes –multinacionales de bienes de consumo masivo– son responsables de una inflación que ha puesto en pie de guerra a los trabajadores, empleados y funcionarios públicos ante el anuncio de implantar los consabidos remedios ortodoxos. Y aportará elementos como para sospechar que la defensa de la “libertad de mercado” impone otra suerte de “impuesto” a la población: los sobreprecios y las ganancias exageradas.

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GÓNDOLAS CANÍBALES. Según la analista Tamara Schandy, gerente de Deloitte, a julio prácticamente la mitad de los 374 rubros del Ipc tenían niveles de inflación superiores al 10 por ciento, y la otra mitad superaba el 9 por ciento; ni el aumento del tipo de cambio ni el aumento de los combustibles explican totalmente ese comportamiento; pero a diferencia de Bergara, la economista no aventuró qué otros elementos lo explican. En todo caso opinó en La mañana de El Espectador que “no somos demasiado optimistas respecto a que estos acuerdos (de congelamiento voluntario de precios) logren torcer la tendencia inflacionaria”.

Para obtener pistas sobre los factores que mantienen los precios al alza conviene analizar los reportes mensuales del Sistema de Información de Precios al Consumidor, del Ministerio de Economía y Finanzas. El monitoreo de los precios de los bienes de consumo masivo revela una acusada tendencia de ciertos productos importados a subir por encima del precio del dólar: la pasta dental Colgate herbal blanqueadora se incrementa un 9,88 en enero, un 8,81 en abril y un 8,31 en la primera quincena de julio, días antes de incorporarse al listado de productos “congelados”. Lo mismo ocurre con el jabón Skip, el detergente Hurra Nevex, el champú Suave, o el jabón Dove original. Es cierto que otros productos importados integran puntualmente listas mensuales de precios rebajados; pero la constante es al incremento. La tabla sobre la composición de las góndolas en las grandes superficies detalla los productos importados de consumo masivo que en algunos casos representan el 100 por ciento de la oferta (pastas dentales, champúes) y que nunca son menos del 80 por ciento. Están excluidos, claro, los productos frescos (carne, verduras, frutas, ciertos lácteos). La lista, que no baja del medio millar de productos, está concentrada por un puñado de multinacionales que los importan de Argentina, Brasil y México, fundamentalmente; algunas de esas trasnacionales están presentes en las distintas góndolas, así sea perfumes como arvejas, detergentes o chocolates y, por cierto, compiten en los pasillos de los supermercados con otras trasnacionales de similar don de ubicuidad, aunque los precios de productos parecidos tienen escasas diferencias entre sí, pero una sugestiva coincidencia a la hora de aumentarlos.

BOLSA CALIENTE EN EL FREEZER. Dicen que julio es un mes particularmente “inflacionario”. El cuadro sobre variación de precios entre julio y agosto revela, sin embargo, que los “formadores de mercado” no sólo acompañan la inflación, sino que la crean. En julio la variación del Ipc, según los datos del Ine, fue de 1,21 por ciento, con lo que en el acumulado del año trepó al 6,91 por ciento. Una muestra de seis productos importados de consumo masivo, de las trasnacionales Unilever, Colgate-Palmolive y Pérez Companc, revela que los aumentos en ese mes, para algunos champúes, pastas dentales, aceites y jabones de tocador fueron entre 6 y 25 veces mayores que la inflación del mes; el que menos aumentó igualó la variación de lo que va del año.

El cuadro que exhibe las modificaciones de los precios, antes y después del acuerdo voluntario de congelamiento, muestra la misma tendencia de la tabla mencionada antes, con la particularidad de que los diez productos importados están incluidos en el acuerdo. El reporte quincenal del Ministerio de Economía, dado a conocer el 30 de julio, detalla las bajas y los incrementos de precios al 15 de ese mes. En las góndolas de los supermercados, los aumentos de precios aparecieron el 27 de julio, y una recorrida por los súper al cierre de esta edición confirma que no fueron modificados, siguen “congelados”. Desgraciadamente, la lista del Mef que detalla el nombre y las especificaciones de cada producto olvidó consignar el precio que se congelaba en el momento del acuerdo. La comparación de los listados oficiales con las “ofertas” de las grandes superficies permite aventurar que el acuerdo fue firmado después de que la mayoría de los productos “adecuaron” sus precios en porcentajes que, en ocasiones, multiplican la variación acumulada del Ipc; y permiten suponer, también, que esa “adecuación” previa al congelamiento tuvo en cuenta los aumentos de las prácticas “habituales” que la escarcha impedirá aplicar durante el período del acuerdo.

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NO CONFUNDIR CON MERCADOLIBRE. Creer que un ente abstracto, inasible, independiente, es responsable de la fijación de precios para el consumo interno, y que dichos precios se equilibran en una especie de coreografía del buen samaritano, es cometer un delito de inocencia agravado en reiteración real. No es la inflación la que genera un impuesto oculto; es la práctica de remarcar precios sin responsabilidad social la que genera la parte del león de la inflación. Esta enunciación seguramente disparará sonrisitas irónicas en los técnicos, pero sigue sin explicarse cómo se forman los precios de productos importados de consumo masivo, que representan, a ojo de buen cubero, el 80 por ciento de la oferta.

La producción de Conaprole, por ejemplo, deberá atender los precios de la materia prima, los salarios de sus empleados, el mantenimiento de sus plantas, los costos fijos, las ganancias, etcétera. Lo mismo le ocurre a Danone en Argentina o a Nestlé en Brasil. Pero eso marca una gran diferencia en el mercado interno. Los bienes de consumo importados incluyen costos y beneficios de la producción en su lugar de origen. De modo que cuando llegan a Uruguay pagan en Aduanas los precios que dictó la multinacional, más flete y seguros, más los adelantos de Iva e Imesi, y tributos como el Irae, o el Imaduni, entre otros, que dependerán del producto importado. El grueso de los costos está incluido en las cifras de las partidas arancelarias. La tabla sobre diferencias entre importación y venta al público ofrece un cálculo promedio de lo que las trasnacionales pagan por sus productos al salir de los recintos aduaneros en Fray Bentos, Rivera y Chuy. (Es un promedio porque los documentos únicos administrativos –Dua– no detallan cada ítem de importación y sólo ofrecen los quilos o litros totales y la cantidad de dinero involucrada; por ejemplo, una importación de FortMasis (Danone en Uruguay) paga por el total de postres Danette, yogures Danonino y flanes Ser, que en las góndolas tienen precios diferentes.) Esa ausencia de información impide conocer en detalle los criterios de comercialización. Según el diputado socialista Roberto Chiazzaro, antiguo despachante de Aduanas, el detalle aparece en las facturas que el importador entrega a Aduanas. El legislador explica que Aduanas realiza inspecciones e intervenciones posteriores y, en caso de irregularidades, aplica duras multas.

No obstante, es posible determinar la diferencia entre lo que se paga en Aduanas y lo que se cobra en las góndolas. La muestra de 20 productos importados relevados por Brecha muestra que las trasnacionales aplican recargos que en promedio se sitúan en 400 por ciento, con mínimos de 159 por ciento y máximos que trepan a 939 por ciento. ¿Qué costos justifican que, en el trayecto de Aduanas a los supermercados, los precios engorden cuatro, siete y hasta nueve veces, cuando los argentinos, por ejemplo, pagan por los mismos productos tres veces menos que los uruguayos?

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“DE PRIMERA NECESIDAD.” La propuesta es de Fernando Pereira, presidente del Pit-Cnt. En una entrevista concedida a El País, antes del paro general, Pereira reclamaba que los salarios crezcan 15 por ciento en el quinquenio, tal como crecerá el Pbi. Y agregaba: “Otro tema que debemos discutir es si los precios de algunos productos de la canasta básica familiar, los que son imprescindibles para la vida y la dignidad humana, pueden ser controlados por el gobierno. No estamos planteando repetir el fracaso de los años sesenta, sino un proceso que se limite a los productos que son de primera necesidad, que se les quite la totalidad del Iva. Y que al mismo tiempo se estudie la conformación de precios y no se permita especular con aquellos productos que hacen a la dignidad humana”.

El control de precios, un tema tabú, fue lanzado por el Pit-Cnt, en medio de la tormenta por el Tisa, en el acto del Primero de Mayo. La reacción más inmediata fue la del vicepresidente Raúl Sendic, quien manifestó su rechazo a la iniciativa. Daniel Olesker, ex ministro de Desarrollo Social y actual asesor del Instituto Cuesta-Duarte, confesó que él personalmente planteó esa posibilidad en el Consejo de Ministros del gobierno anterior. Olesker cree que la inflación actual no es preocupante, pero analiza que en la composición interna de la inflación están pesando los precios de algunos productos de la canasta básica, a diferencia de otras situaciones, en el pasado, en que lo determinante de la inflación eran las tarifas públicas. El economista es partidario de un control de precios selectivo, aplicado por decreto, porque estima que los acuerdos de congelamiento son parciales y muy acotados en el tiempo.

Más allá de quienes se escandalizan con una especie de reflejo condicionado cuando se habla de control, es necesario reiterar que hoy existen precios “administrados” que no se limitan a las tarifas públicas: el gas por cañería, el transporte interdepartamental, los peajes, los taxis, la leche pasteurizada, los tiques de las mutualistas. En un escenario de precios controlados, a efectos de reducir la inflación, el criterio selectivo –que resguarda la libertad para fijar precios en todo aquello que no sea controlado– debería establecer específicamente qué son los productos de primera necesidad y cuáles aquellos cuyo consumo refieren a la dignidad de la persona.

La respuesta del gobierno a la propuesta de la central de trabajadores fue el acuerdo de congelamiento que, como revela este informe, tiene algunos géiseres, esos agujeros por donde fluye agua caliente. En la actual coyuntura determinada por la contradicción salarios-inflación es posible que el control de precios y, fundamentalmente, una regulación sobre prácticas empresariales –con tufo de políticas de cártel y de manipulación de mercado, en las que reinciden algunas multinacionales presentes en el país– integren el menú del debate nacional.

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Grupos económicos por góndola

GÓNDOLA DE LÁCTEOS

Grupo Danone-Arcor

Leche chocolatada Cindur, Danonino, Serenito, Danette, Yogurísimo, Calci+, Actimel, Casancrem, Activia, Vidacol, Ser

Grupo Sancor

Leche Sancor Bebé, Leche chocolatada

GÓNDOLA DE HIGIENE

Grupo Unilever

Skip, Nevex, Drive, Suave, Comfort, Vivere, Cif

Grupo Procter& Gamble

Ace, Ariel

Grupo Johnson & Johnson

Mr Músculo, Lysoform, desodorante Glade, insecticida Raid, insecticida Baygon, Off, insecticida Fuyi, Echo

Grupo 3M

Esponja de bronce Scotch Brite, esponja de fibra, esponja de celulosa

Grupo Spontex

Virulana, paños de piso, paños de vidrio, paños esponja, paños Spontex

Grupo Colgate-Palmolive

Axion detergente en sus nueve variantes, Odex, Fabuloso en sus siete variantes, Odex pulidor, paños de cocina Tu Hogar

GÓNDOLA ALMACÉN

Grupo Unilever

Caldos y sopas Knorr, Ades, Hellman’s, Maizena, Savora, condimentos Knorr, puré de papas Knorr

Grupo Nestlé

Caldos Maggi, café El Chaná, Nescau, Nescafé, condimentos Maggi, puré de papas Maggi

Grupo Pérez Companc

Río de la Plata tomates, Río aceite, Legítimo aceite, Canola aceite, duraznos Río, ananá Río, higos Río, peras Río, aceitunas Río, lentejones Río, arvejas Río, garbanzos Río, Río frutas secas, harina Río, puré de papas Río
Grupo Arcor Danone

Arvejas Arcor, aceite Arcor, pulpa de tomate Arcor, salsas Arcor, mayonesa BC, tomate perita La Campagnola, porotos y lentejas La Campagnola, conservas de vegetales La Campagnola, atún La Campagnola

Grupo Casino

Arroz Leader Price, patés Casino, pulpa de tomate Leader Price, harina Leader Price, fideos Leader Price, puré de papas Leader Price
Grupo Mondelez-Kraft

Macaroni Kraft

GÓNDOLA DE TOCADOR

Grupo Unilever

Jabón líquido Dove, Lux en sus 14 variantes, Rexona en sus ocho variantes, Dove crema en sus nueve variantes, Lifebuoy en sus ocho variantes, Suave líquido, desodorante Rexona, desodorante Dove, Dove barra, Dove aerosol, desodorante Axe, línea de cremas Pond’s, champú Treseme en sus 14 variantes, Axe gel, champú Dove en sus 19 variantes
Grupo Procter & Gamble

Cepillo Oral B, pasta Oral B en sus ocho variantes, Champú Head & Shoulder, champú y acondicionador Pantene, rasuradoras Gillette, crema de afeitar Gillette, enjuague bucal Oral B, desodorantes Gillette en sus nueve variantes, cepillos Gillette
Grupo Colgate-Palmolive

Jabón Astral en sus 28 variantes, Lux en sus 14 variantes, jabón Palmolive, desodorante Lady en sus siete variantes, pasta dental Colgate en sus 34 variantes, pasta Pico en sus tres variantes, pasta Kolynos en sus tres variantes, cepillos Colgate en sus 14 variantes, cepillos Pico Jenner en sus siete variantes

Grupo Johnson &Johnson

Jabón Johnson en sus cinco variantes, crema Johnson, pañales Pampers en sus 22 variantes, aceites y acondicionadores Johnson Baby en sus 29 variantes, toallitas Johnson en sus 29 variantes, toallas femeninas Siemprelibre en sus 13 variantes
Grupo Kimberley Clark

Pañales Huggies en sus 33 variantes, toallitas Huggies en sus seis variantes, toallas femeninas Day’s, protectores Poyse, protectores Plenitude, toallas Kotex en sus 23 variantes, pañuelos desechables Kleenex

GÓNDOLA DE DULCES Y JUGOS

Grupo Pepsico

Papas Lay’s en sus 22 variantes, Pali Chips en sus seis variantes, Ruffles, Bun, 3D, Doritos, Cheetos, Twistos, Manichips, Toddy, Quaker
Grupo Mondelez-Kraft

Cerealitas, Club Social, Oreo, Famosa en sus 14 variantes, Pepitos, Cadbury en sus 13 variantes, Mantecol, Milka en sus 12 variantes, jugos Cligth, jugos Royal, jugos Tang, Bazooka, Beldent, Lengüetazo, Halls, Toblerone, alfajores Milka
Grupo Arcor

Chocolates Arcor en sus 11 variantes, Cofler, Rocklets, Bon o Bon, Mogul, Butter Toffees, Topline, helados Arcor, helados Cofler, barritas Bon o Bon, barritas Cofler, barritas Tofi, palitos de agua Slice, jugos BC, alfajores Bagley, alfajores Bon o Bon
Grupo Nestlé

Helados Frigor, barritas Epa, postre helado Novelty, Chump, chocolates Nestlé en sus ocho variantes, Garoto en sus 26 variantes, KitKat, Suflair, Baton, Serenata de Amor, Crunch, Nesquik

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Seis grandes

Kimberly Clark es una trasnacional con sede central en Wisconsin, Estados Unidos, considerada líder en la producción de pañales, toallas femeninas y pañuelos descartables. Su posición mundial se consolidó a partir de un algodón de pulpa de celulosa, desarrollado en su fábrica de papel, que fue utilizado como material de vendaje durante la Primera Guerra Mundial. Sus productos son importados por la filial uruguaya desde el complejo de producción instalado en Colombia. Junto con Johnson & Johnson, Kimberly representa una competencia implacable de la producción nacional de pañales y toallitas.

Arcor-Danone. Con 40 plantas industriales en Latinoamérica, Arcor, considerada la primera fábrica de alimentos de Argentina, consolidó una estructura trasnacional a partir de una inicial fábrica de caramelos duros. Su expansión en Uruguay incluyó el control progresivo, hasta su absorción, de la fábrica de caramelos Van Dam. Su diversificación hacia las conservas, los enlatados y los helados tuvo un salto cualitativo mediante la asociación estratégica con la multinacional de origen francés Danone, inicialmente para desarrollar la producción regional de galletitas a través de Bagley Latinoamérica. Desde Argentina, Arcor y Danone son una formidable punta de lanza en el mercado uruguayo con sus importaciones de golosinas y de lácteos. Danone, cuya razón social es FortMasis SA, afirma que controla en Uruguay el 35 por ciento de las ventas de yogures y el 60 por ciento de los postres.

Procter & Gamble tiene una cuestionada historia de operativas comerciales ilegales en aquellos países donde se castigan prácticas monopólicas y de control de precios y mercados. Con sede en Cincinatti, Estados Unidos, P&G tuvo una expansión extraordinaria en una diversificación de productos que incluyeron 180 marcas. Pero en 2014, tras comprar Gillette en 51.000 millones de dólares, renunció a 100 de sus marcas y limitó su campo de producción. En 2011 P&G fue multada en 211 millones de euros por instalar, junto con Unilever, un cártel de precios en Europa. Poco antes hubo de suspender la producción de tampones en base a poliéster por su incidencia en la formación de enfermedades vaginales a partir de bacterias. Su presencia en Uruguay se concentra principalmente en los productos Gillette y en el champú Head&Shoulders, importados desde México.

Unilever. La combinación de la margarina holandesa Unie y el jabón británico Lever dio a luz, desde su fusión en 1930, a una trasnacional diversificada en casi todos los productos de consumo masivo, desde caldos instantáneos hasta detergentes, pasando, claro, por las margarinas y los jabones. Con una presencia sustantiva en las góndolas de las grandes superficies, Unilever importa en Uruguay desde Argentina, Brasil y México. Junto con Colgate-Palmolive es la trasnacional que acostumbra fijar elevados sobreprecios a sus productos importados.

Colgate-Palmolive pasa desapercibida en las góndolas de higiene, donde compite con escaso éxito con Unilever y Johnson & Johnson, pero prácticamente canibaliza las secciones llamadas de tocador, con sus productos de higiene bucal, cepillos dentales y otros accesorios. La mayoría de los 800 productos que distribuye son variantes de pastas dentales, cepillos, líquidos de enjuague, jabones, más algunos pulidores y detergentes, y fueron desarrollados, a los efectos de cubrir los mercados latinoamericanos, en la planta instalada en México. Los países de origen de las importaciones uruguayas son México, Argentina y Brasil, más la curiosidad de un cepillo dental producido en Vietnam.

Pérez Companc –un family group que se expandió notablemente durante la dictadura argentina y que se capitalizó con la pesificación y estatización de su deuda externa privada– fue abandonando paulatinamente sus negocios navieros, petroleros, financieros, de cementos, bancarios, de telecomunicaciones, para concentrarse en la producción de alimentos, a partir de la compra de Molino Río de la Plata, que había nacido a la sombra del grupo Bunge y Born. El principal del grupo, el multimillonario Gregorio Pérez Companc (la cuarta fortuna más grande de Argentina), es llamado “Goyo” por sus íntimos y “Cardenal” por sus colegas empresarios. De su antiguo imperio conserva el parque Temaikèn y los vínculos leales con el Opus Dei.

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