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EL ACONTECIMIENTO TENÍA una carga épica, la impronta de gesta que muy de tanto en tanto sacude las convenciones sociales de un país. La expectativa era enorme –y no sólo fronteras adentro–, casi tanto como la incredulidad de muchísimos memoriosos, pero de signo distinto a la que una multitud similar experimentaba, hace un lustro, en el mismo sitio. En aquel 1 de marzo la atención quizá estuviera en el proceso político que iniciaba el primer gobierno del Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez. En éste, sin embargo, el centro era el hombre, sus peripecias vitales, hijas de las políticas, sus singularidades ideológicas, de carácter y personalidad.
Esto, junto a la nueva fisonomía del país a partir de los notorios avances de los últimos cinco años, tal vez permita encuadrar los énfasis y puntos de inflexión en los mensajes de José Mujica durante el día de su asunción, y también en los inmediatamente siguientes. Como cierta apelación a lo autorreferencial, en clave de aprendizaje y autocrítica, que sus detractores festejaron como una asimilación al sistema. O la defensa y reivindicación de un pensamiento libre, casi orejano, que hace gala de la heterodoxia combinando a un tiempo pragmatismo y antidogmatismo, lo que a veces descoloca a sus partidarios pero conecta con un universo más amplio de población. O el talante conciliador con los partidos de oposición, en la apuesta –acotada– a las políticas de Estado o en otras medidas –o dichos, hasta ahora, para ser más precisos– que pueden conjugar con sus intereses. O el emparentamiento con la gestión del primer gobierno frenteamplista, pero también la distancia con ciertos aspectos de su orientación económico-productiva y sus énfasis en política internacional. Todos estos mensajes, amén de algunos otros, conjugó Mujica en sus primeros cuatro días como presidente de la República, provocando en algunos casos aclaraciones de sus propios colaboradores y el recelo de estamentos sindicales (véase recuadro).
DESTINATARIOS MÚLTIPLES. El combatiente de los sesenta, con sus aprendizajes en materia de medios y su perseverancia en los fines, fue reconocible en el presidente con banda al pecho que se dirigía a la multitud desde la plaza Independencia: “Pertenecemos a una generación de la cual quedan algunas reliquias de los que quisimos tocar el cielo con las manos. Soñamos con construir como pudiéramos una sociedad mejor”. Y después: “Duro aprendizaje en la larga acumulación que significa poder progresar, porque no hay progreso que no sea acumulativo, que no sea lento y que no sea hijo del trabajo disciplinado de los hombres y de la sociedad. Hoy, hoy nos damos cuenta de que no podremos jamás abdicar de soñar que algún día podrá haber, arriba del planeta, sociedades donde lo mío y lo tuyo no nos separe, con menos egoísmo, más solidaridad. Pero sabemos que no es poca cosa tener libertad, disentir, respetarnos, multiplicar conocimiento y conciencia, y ensayar todos los caminos y fórmulas posibles que sirvan para enriquecer la sociedad y para enriquecernos nosotros mismos como seres humanos”.
Quizá también producto de aquel “duro aprendizaje”, el incentivo a estas nuevas formas de propiedad y emancipación económica: “Tiene que andar la economía, en primer término, pero tienen que andar todas las iniciativas posibles. Las de los empresarios nacionales. Me decía una señora hoy: ‘Queremos ayudar a las empresas pequeñas’. Al Uruguay entero: esto es una empresa pequeña. Sí, es posible, pero necesitamos todas las iniciativas, un Estado que tenga capacidad de asociarse, de fundar cosas, más que nada de darle garantías a la gente, a una clase media ahorrista que no llega a la estatura de empresario, pero es lo que tenemos. Ayudarla a fundar cosas, a que corran las cooperativas que se atrevan, que (los trabajadores) afronten el coraje de juntarse y fundar empresas autogestionadas para demostrarse que son capaces de mandarse a sí mismos. Y todo ese mundo conviviendo y multiplicando la riqueza, porque si no multiplicamos riqueza todo lo demás es bla, bla, bla”.
Un rato antes, en el mensaje a la Asamblea General, los contenidos eran otros, quizá más enjundiosos y elaborados a pesar de los rituales de la formalidad. Sedujo a la oposición con la apuesta a políticas de Estado en ciertas áreas, y un tono autocrítico y conciliador: “Gobernar, para generar transformaciones hacia el largo plazo, es más que nada crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de Estado. Me gustaría creer que esta de hoy es la sesión inaugural de un gobierno de 30 años”. Mujica se imaginó el proceso político que se abre “como una serie de encuentros a los que unos llevamos los tornillos y otros llevan las tuercas. Es decir, encuentros a los que todos concurrimos con la actitud de quien está incompleto sin la otra parte. En ese tono se va a desarrollar el próximo gobierno del Frente Amplio. Asistiendo incansablemente a las mesas de negociación con vocación de acuerdo”. Y, quizá más importante, aventuró que “el diagnóstico de concertación y convergencia es más correcto que el de conflicto”, pues “hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque. Queremos una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de verdad queremos transformar la realidad”. Y machacó en el concepto (“es probable que nunca hayamos estado tan cerca de conseguir un cambio cualitativo en la intensidad de esos vínculos entre partidos políticos. Quizás ahora podemos pasar de la tolerancia a la colaboración, de la confrontación controlada a ciertos modos societarios de largo plazo”), antes de nombrar las “duras lecciones” que debió aceptar el Frente Amplio: “Descubrimos que gobernar era bastante más difícil de lo que pensábamos, que los recursos fiscales son finitos y las demandas sociales infinitas, que la burocracia tiene vida propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas pero obligatorias. Y hasta tuvimos que aprender, con mucho dolor, y con vergüenza, que no toda nuestra gente era inmune a la corrupción”.
El nuevo relacionamiento entre partidos demandará, a juicio de Mujica, dos atributos básicos: una sinceridad mayor en el discurso político y mucha valentía, porque “para ponernos de acuerdo vamos a tener que rebajar nuestras respectivas posturas y promediarlas con las otras, y esa rebaja implica líos obligatorios con nuestras bases políticas. Ése va a ser un test de valentía”.
Pero conviene registrar que la convocatoria a políticas de Estado quedó acotada a las cuatro grandes áreas (educación, seguridad, cambio climático, y energía) en las que ya se negocian políticas de consenso (véase nota en pág 6), pues “para todo lo demás necesitamos que la política discurra en sus formas naturales: es decir, el gobierno en el gobierno y la oposición en la oposición”.
En ese esquema entran, por ejemplo, las orientaciones productivas y económicas, en las que Mujica pareció marcar cierto matiz en relación con las políticas de su antecesor. Si bien comentó que su programa se resume en “más de lo mismo”, el aserto quedó matizado por otras afirmaciones. Por ejemplo, la de que “vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía, lo que vamos a compensar largamente siendo heterodoxos, innovadores y atrevidos en otros aspectos. En particular, vamos a tener un Estado activo, en el estímulo a lo que hemos llamado el país agrointeligente”. O también en esta otra: “Si el país fuera una ecuación, diría que la fórmula a intentar es agro más inteligencia, más turismo, más logística regional. Y punto. Ésta es nuestra gran ilusión. Por eso no vamos a esperar de brazos cruzados que nos la traiga el destino o el mercado”. Una afirmación que contrasta con ciertas visiones en el período anterior que se negaban a elegir “sectores ganadores y perdedores”, e insistían en que lo correcto era que el Estado se limitara a generar un clima “amigable” de negocios para la inversión extranjera mediante una política macroeconómica saludable.
Mujica prometió una “proactividad” aun mayor del Estado en materia de equidad social, a la cabeza de cuyas prioridades estará la masificación educativa y la atención a los problemas de vivienda de los sectores sociales más excluidos.
DEDUCCIONES. Los contenidos del mensaje, en términos generales, fueron calurosamente saludados por representantes de los partidos tradicionales. El jefe de la oposición blanca, Luis Alberto Lacalle, dijo estar en un 80 por ciento “fervorosamente de acuerdo”, porque pudo comprobar que “rompió moldes ideológicos que tanto daño le han hecho al país”. Mientras que el senador colorado Pedro Bordaberry celebró que “alguien que vivió inicialmente en el enfrentamiento, al final del camino esté encontrando que el conflicto no es bueno, que lo bueno es buscar concertación”. A su juicio, lo más importante es que no sólo lo dijo, sino que “a lo largo de estos meses ha dado pasos en ese sentido” (En perspectiva, de El Espectador, martes 2).
Una interpretación sensiblemente distinta sobre los primeros pasos del presidente hay en ciertos actores sindicales. “Es imposible haber escuchado 15 discursos en poco más de 24 horas y recordarlos, más cuando algunos de ellos son contradictorios entre sí”, reparó Juan Castillo, uno de los coordinadores del PIT-CNT. “Mujica parece especialista en abrir varios frentes a la vez –añadió a Brecha–, pero tampoco soy tan tonto como para desconocer que tiene encantado al 98 por ciento de la población, aunque en ocasiones se pueda decir que se le fue la mano, como por lo bajo reconocen incluso sus compañeros de sector.” En su opinión, Mujica ha hecho propuestas interesantes para la reflexión, “pero otras son inllevables para un presidente de izquierda. Por ejemplo, ¿es ésta la reforma del Estado que se propone?, ¿volver al dedómetro? ¿Así que lo que históricamente le cuestionamos a blancos y colorados ahora es bueno porque permite dar la cara? No puede ser que nos pida a los trabajadores que bajemos las pancartas, o que nos acuse de ser patrones de nosotros mismos. Tampoco puede ser que hasta ahora no haya dicho ni pío sobre qué piensa hacer en el tema de los derechos humanos, para avanzar en el terreno de verdad y justicia”.
En la interpretación de Constanza Moreira, politóloga y senadora el Espacio 609, los puentes de colaboración con la oposición hay que entenderlos, en primer lugar, como una impronta personal de Mujica: “En su pensamiento, el diálogo con quienes piensan diferente involucra algo más que a los partidos, involucra a buena parte de la sociedad”, resumió a Brecha. ¿Qué beneficios depara a la izquierda ese talante conciliador con los partidos tradicionales? “El interés nuestro no debería ser el consenso en procura de paz política, debería ser en pos de la institucionalización de aquellas políticas que consideramos fundamentales.” Moreira opinó que mientras en la gestión de Tabaré Vázquez se enfatizó en la cuestión social, en la de Mujica se acentuarán las políticas de desarrollo nacional, “el famoso Uruguay productivo”, porque “él piensa en Uruguay como problema, al decir de Methol Ferré, y por eso se mete con el Estado, que es central en la dinámica productiva del país. Cuando se pelea con los funcionarios públicos en realidad se está peleando con una cultura del trabajo. Y en todo esto, obviamente, se va a comprar más problemas que Tabaré”.
UNA MODALIDAD INAUGURADA CON LA REFORMA DEL ESTADO
UNA DE LAS “obsesiones” temáticas de Mujica, como se sabe, es la reforma del Estado, considerada por su antecesor como la madre de todas las reformas. Fue en este asunto, precisamente, donde el presidente tuvo sus primeros encontronazos. Porque cuando al día siguiente de su asunción arremetió contra el sistema de ingresos por concursos, considerándolo incluso peor que el de la designación a dedo, puso en entredicho una modalidad reivindicada por la izquierda, y especialmente defendida y empleada por la administración Vázquez como ejemplo de transparencia frente a lo que ocurría tradicionalmente. En plan de ejemplificar la dimensión ética de la reforma estatal, Mujica sostuvo que “no entrará nadie al Estado” y que para reglamentar esa prohibición no será necesario sancionar ninguna ley, porque cuando eso ha ocurrido los funcionarios “terminaron entrando por la ventana; Dios me libre, es peor. Se arma bronca porque los que entran por la ventana suelen ganar más que los que están, que luego reclaman, hacen juicios y el Estado pierde plata”. Y luego, en la misma dimensión del tema, soltó: “No tenemos un sistema de concurso, nos estamos mintiendo a nosotros mismos. El concurso masivamente se ha transformado en este país en acomodo, no lo digo ciento por ciento, lo digo en un porcentaje importante. Y es peor que la designación con el dedo, que tiene el coraje de poner la cara y la responsabilidad, (mientras) el otro acomodo es burocrático, está todo tapado, ni siquiera hay a quien pegarle”.
Como ocurrió en reiteradas oportunidades durante la campaña electoral, e incluso desde bastante antes, muchos de los mensajes de Mujica son en clave provocativa y demandan un esfuerzo de decodificación para ser interpretados en su adecuada dimensión, esfuerzo que no siempre está al alcance o no es del agrado –o de la conveniencia– del decodificador. De la lectura literal de sus juicios al embrollo conceptual, suele haber un paso. Quizá por ello el ministro de Trabajo, Eduardo Brenta, se haya visto en la obligación de aclarar y matizar los juicios del presidente al término de la primera reunión del gabinete productivo: “Hemos analizado primero el avance significativo que se ha producido en la gestión anterior en relación a transparentar los mecanismos de acceso al Estado –matizó Brenta–, y obviamente reafirmamos el mecanismo del concurso, pero somos conscientes de la necesidad de profundizar en ese sentido, tomando como referencia muchas de las experiencias a nivel internacional que han permitido a otros países mejorar en este aspecto, por ejemplo estableciendo períodos anuales de ingreso a la administración pública, lo cual permite una evaluación global por parte del Estado de sus necesidades en materia de recursos humanos y por tanto de los criterios comunes al conjunto de la administración”.
Pasando en limpio, ni el Estado dejará de contratar funcionarios, extremo impensable si se tiene en cuenta que Mujica ha considerado imprescindible dotar a la función pública de la mayor cantidad posible de cuadros capacitados, en línea con la creciente participación del Estado en el esquema de desarrollo productivo, ni se eliminará la contratación vía concurso, aunque es probable que se perfeccionen sus procedimientos en aras de mayor transparencia.
Pero las aclaraciones y puntualizaciones llegaron después de las reacciones adversas de COFE, el sindicato de funcionarios estatales, que pidió una “reunión urgente” con el presidente por entender que en el asunto existe una “enorme confusión”. Y después de que la oposición haya “celebrado” y “respaldado” los juicios literales de Mujica en materia de concursos. “A confesión de parte…”, parece haber sido el Leivmotiv del apoyo opositor.
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Brecha
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Comentarios
pero necesitaría que los convierta a formato .mpp y que sean compatibles con las laptop del plan ceibal!!!
Incerible sería que los gurises puedan entender lo que dice el pepe en sus pantallas.
Tal vez no voten al FA cuando crezcan.
Es increible el papel de los medios en esta desinformacion absoluta, que hace que la gente se siente "hincha" del pepe como si fuese un partido de futbol. Más de lo mismo, o sea mas derecha y neoliberalismo, mas zonas francas mas 0% de retracciones a los poderosos, mas negociado de jubilación privada. Reaccionemos antes que los ecualiptus se chupen toda el agua de nuestra tierra mientras seguimos como unos giles peleando contra los "piqueteros" de gualeguaychu
Les dejo el enlace al genial articulo, espero que Brecha tome notas de estos comentarios antes que sea tarde.
http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=38663
Impunidad.
Neoliberalismo.
Injusticia tributaria (menos impuestos para los ricos, más zonas francas, etc.)
Fue financiado por dueños de COUSA,Fripur, Grupo Eunekián, etc.
Despierta elogios en empresarios ex-Menemistas.
De que izquierda habla Brecha?
El progresismo es izquierda?
Yo creo que no, es más y peor de lo mismo.
Por qué hay que interpretar "bien" a Mujica?
Cuando dice que no hay que mirar el paado hay que interpretarlo "bien"?
Cuando dice que va a defender como perro el sistema financiero hay que interpretarlo "bien"?
O cuando les dice que no les va a doblar el lomo a los empresarios como si lo hace con los trabajadores hay que interpretarlo "bien"
Detras de su discurso chabacano se esconde la defensa de los intereses de los mismos que saquearon a nuestro país.
Ojala lea todos los comentarios que están poniendose aca
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