Uruguay levantó la mano para regular

Crónica parlamentaria: media sanción para la regulación del porro

Diputados le dijo que sí a regular toda la cadena de un nuevo producto no tradicional: la marihuana. Ahora el Senado deberá decidir. La oposición, Darío Pérez, los electroshocks, el acto de barrer y juntar la mugre debajo de la alfombra son parte de esta crónica parlamentaria sobre la sesión de 14 horas el miércoles en la Cámara de Representantes.

 

Flash. Está toda la prensa, incluso hay grupos de estudiantes de periodismo con mirada perdida, más o menos concentrados pero celosos del lugar que ocupan sus grabadores. En los corredores del ambulatorio del colosal Palacio Legislativo hay colegas que hablan un español con innegable acento inglés. En una escalera alguien exagera: vino hasta la prensa de Etiopía. Son los primeros minutos de las diez de la mañana del 31 de julio de 2013. Hay humedad y nubes bajas que potencian una tibia resolana en la entrada del palacio de las leyes uruguayo.
Todos querían saber qué pasaría en Uruguay. Las periodistas de televisión graban las presentaciones de su informe en el muy veteado salón de los Pasos Perdidos. Se peinan, se enciende el reflector. Acción. Empieza la sesión con dos grupos de escolares túnica inmaculada como la nieve y moñas añiles desbordando el primer anillo de las barras. El mármol de Carrara está lustroso como en su inauguración: se legaliza el porro en Uruguay. El espacio para la prensa está absolutamente desbordado. Las barras del hemiciclo no tanto, la gente sale y entra del estado soporífero con el que algunos legisladores al hablar enrarecen el aire. El miércoles durante 14 horas las barras estuvieron cargadas de activistas de ojos abiertos como en contadas oportunidades: la votación de la ley de matrimonio igualitario y la del aborto. Las barras las animaron quienes dicen que los derechos avanzan en Uruguay y se la juegan por ello.
El plato es fuerte: se vota por primera vez en América Latina y en el mundo un proyecto de ley que regularía toda la cadena productiva de la marihuana, desde la huerta hasta la hojilla, desde la semilla hasta el botiquín. Desde Rivera hasta Montevideo, desde el río Uruguay a la laguna Merín.
Se legaliza o regula a pesar del primer prohibicionista: el dictador Gabriel Terra. Y a pesar del segundo: Juan María Bordaberry, que paradójicamente habilitó el consumo pero penó la venta. A pesar de los argumentos mortecinos y repetitivos, a pesar de los diputados amigos de las Madres de la Plaza, de la pasta base, de los evangelistas, de los psiquiatras encerrados entre esquizofrénicos y psicóticos descompensados, claustrofóbicos entre aquellos “drogadictos” que rapaban a cero y dejaban cada día tomando sol como plantas bobas durante meses o sólo por un ratito. A pesar de la criminalización, los electroshocks a simples usuarios ocasionales de marihuana en los setenta y los ochenta, y un poco después también. A pesar de las torturas en la Brigada de Narcóticos, fundada y dirigida por sus propios dueños. Ni más ni menos que dos de los más selectos represores de la dictadura: los policías Víctor Castiglioni y Hugo Campos Hermida. A pesar del Vilardebó, a pesar de los caprichosos “no porque hace mal”. A pesar de los titubeos del propio José Mujica, el presidente que habló de legalizar, el segundo en el país después de Jorge Batlle, pero el primero que tuvo la iniciativa de poner un proyecto arriba de la mesa para que el Parlamento resuelva.
El primero en argumentar fue Sebastián Sabini, diputado del Movimiento de Participación Popular (mpp). Un treintañero que se puso el proyecto al hombro, muy a pesar de sus compañeros que primeramente lo miraron de reojo cuando se juntó con tres legisladores de otros partidos para buscar salidas a la contradicción uruguaya originaria: podemos fumar, pero nadie nos dice cómo comprar. Era 2011. Después de que el presidente José Mujica empezara a ensayar lo de legalizar ya le dieron la confianza. Los zapallos se acomodaron en el carro. Amén.
Sabini presentó el proyecto recordando los 30 mil muertos intoxicados durante la ley seca, las 100 mil personas que quedaron ciegas por el metanol de los “alcoholes” que vendía el mercado clandestino que también estimulaba la mafia en Estados Unidos.
Respondió el diputado Amarilla, de cuño prohibicionista y creencias evangelistas además. Se la pasó lamentando todo lo que el proyecto no tiene, todo lo que falta. Sus palabras sonaban como campanazo de iglesia, como las policías del pasado, como la de los grupos de adictos a Dios. Citó doctores que se sienten amenazados de regular porque ese paradigma de intervención en la vida del otro también está temblequeando. Amarilla llora, sangra por la herida, pierde, se retuerce en la alfombra carmesí: todo lo que hizo, su librillo, los vítores, las palmas en Rivera, todo se desvanece.
También mezcló los tantos, redujo afirmaciones de jerarcas públicos y de responsables de ong que trabajan sobre las drogas a meras apologías para que la gente haga uso de la marihuana. Tergiversó. Forzó la comprensión, el conocimiento del asunto y llevó toda el agua a su molino. Se escandalizó con sus propias afirmaciones, se autoconfirmó ahí sentadito durito, apenas comprometiendo los movimientos de sus brazos del codo para abajo. Habló leyendo. Estaba preocupado del “alto riesgo” de “autoprovocarse placer”. Admite: los que fuman marihuana pueden estar bien, pero recuerda algún centro de tratamiento de pasta base que visitó. Ahí los chicos están destruidos por la pasta base, asegura con voz grave de diputado. Perjura que el 98 por ciento de aquellos pobres diablos consumieron marihuana. La pasta base es el único problema: mal de males. La pobreza o la falta de oportunidades no son cuentas del rosario para unos cuantos diputados.
Poco antes de terminar eructa, literalmente. Un regüeldo cortito, incontinente pero suficiente para despertar a las barras. Decía que se banalizó el debate y se perdió la percepción del riesgo, habló de respuestas parciales y acotadas. Terminó.
El diputado colorado Richard Sander causó sensación. En dos pantallas gigantes pendiendo de los solemnes mármoles mostró el video de una comunidad evangelista que capta chicos con problemas, según los mismos jóvenes, problemas de drogas. Todos decían lo mismo: la marihuana primero, luego la pasta y después el crimen, la prostitución, la pérdida de valores. Axiomas y loops hasta la medianoche. Adolescentes y adultos trataban de convencer que están intentando salir de las drogas y que ayudaban al amigo Sander. Repetían que Dios los ayudó a vivir, aunque no pareciera. Los estudiantes de periodismo ríen, y también las barras: Sander dice que milita con gente del mpp para no legalizar la marihuana. Sabini también sonríe y responde: esos chicos no son hijos de la regulación, son hijos del sistema de prohibición que Sander defiende. Más tarde, el diputado por el Partido Independiente Daniel Radío dijo que puede haber una relación temporal, pero no de causa efecto entre el consumo de marihuana y el de pasta. “Es un razonamiento anticientífico. Es verdad que todas las personas que fuman pasta base alguna vez fumaron marihuana, pero también chuparon la teta de su madre. Hay que apelar a un mínimo de honestidad intelectual”, retrucó.
Esta semana una encuesta fue ampliamente difundida: el sesenta y algo por ciento de los encuestados estaba en contra del proyecto gubernamental. Un regalo para la oposición que fue repetidamente degustado en sala.
El diputado socialista Julio Bango se refirió a los sondeos. Hace diez años solamente un 4 por ciento de la población estaba a favor de regular la marihuana, hoy es el 23. “Las encuestas miden lo que pueden medir”, razonó Bango, sociólogo. También ironizó: si Emilio Frugoni hubiera dispuesto de encuestas no hubiera fundado el Partido Socialista, ni “Pepe” Batlle hubiera implementado los planes sociales que posicionaron a Uruguay como país de avanzada a nivel mundial a principios del siglo xx. También respondió que si fuera por las encuestas los partidos tradicionales no deberían presentarse a las elecciones porque hace casi una década que el favorito es el Frente Amplio. Y esto no lo dijo Bango: pero las encuestas sobre intención de voto del Partido Nacional –hechas por Cifra, la misma consultora de las encuestas sobre el porro– hablan que tendría un 23 por ciento de los votos, mismo guarismo de aceptación que alcanzó el proyecto de la marihuana en los últimos sondeos de opinión pública.
Los periodistas hablamos de Darío Pérez: parece lo más importante del día. Queremos saber, pero no larga prenda, pide que esperemos, se hace el interesante. Maneja alegremente la seducción política, es la estrella de la velada. Ahora escriben en inglés sobre él. Quiere pantalla por un rato hablando de que la marihuana es una bosta, así consigue centímetros en la prensa y segundos en la televisión. Hace tres semanas pidió tiempo para pensar. El Frente Amplio había derribado todas las barreras para aprobar el proyecto, excepto la de Pérez. El acuerdo con la bancada fue que pensara, pero le impidieron salir en los medios de comunicación. Se informa que él solicitó apoyo explícito para su candidatura como futuro intendente de Maldonado. La bancada de diputados del fa le habría respondido: primero votá y después vemos. El martes alguien había “hackeado” su página de Wikipedia, lo acusaban de atravesar “una crisis de personalismo”. El jueves por la mañana la página había sido editada, Darío era un político más sin crisis de perfilismo político.
En la mañana del miércoles pregunté a un legislador de confianza si Pérez alzaría la mano. “Sí, vota”, me confíó. Al mediodía todos los que estábamos en el espacio majestuoso de tapiz rojo y maderas nobles sabíamos que votaría.
Este señor exhibió un look casual: campera roja afelpada de cuello azul y jeans. Camisa blanca a rayas, lentes y esa melena frondosamente controlada con canas abundantes. Se sentó solo, cerca de la puerta central de la Cámara rococó. Enfrente al presidente de la Cámara, al medio, atrás, cerca de la puerta, donde podés mirar a todos sin que nadie te mire.
No habló de sus aspiraciones como intendente de Maldonado, esgrimió otros principios: sus incertidumbres de cara al proyecto. Citó a José Artigas –como acostumbra– para decir que todo extremo envuelve fatalidad. Tiene la impresión de que el mundo quiere experimentar con Uruguay y que, metáfora campera mediante, no está bueno “experimentar con cueros ajenos”. “A mí no me gusta esta palabra, pero la marihuana es una bosta con o sin ley. Voy a seguir criticando la génesis de este proyecto”, repitió. Dijo que el del porro es un tema que le toca la fibra, la misma que el proyecto del aborto. Recordó que trabajando para una emergencia móvil tuvo que atender a tres chicos atropellados por un conductor que había consumido marihuana. También que entre las dos y las tres de la madrugada muchachos de su barrio le tocan la puerta para pedirle plata para “falopiarse”. Dejó de hablar y le dio un beso y un abrazo a Doreen Ibarra, el otro diputado díscolo que se encuadró antes que Pérez y también le pegó al proyecto en la sesión y en la prensa.
Cuando Pérez concluyó su oratoria salió de la sala y los periodistas corrimos a buscarlo. Le preguntaron por qué votó si estaba en contra, dijo que no era una argumentación “necesariamente en contra”, que lo dicho era para que los usuarios de marihuana supieran a lo que se exponen.
Le pregunté si no le parecía peligroso gobernar por las encuestas que tanto citó. Se dio vuelta y me miró fijo a los ojos como para asustar. Concentré mi mirada en sus ojitos azules al borde de un ataque de nervios. “No. No me parece peligroso gobernar por encuestas. ¿Sabe lo que me parece peligroso? Gobernar sin tener en cuenta la opinión del público”,  respondió. Le preguntaron algo más que contestó a medias, pidió disculpas y se retiró.
El que no habló fue Fernando Amado, el diputado del Partido Colorado al que le hubiera gustado votar el proyecto, pero su partido se lo impidió; se sintió como con un candado en la boca. Al que no le importó fue a su par Aníbal Gloodtdofsky que defendió unas cuantas cosas del proyecto, pero tampoco lo podía votar. Situación similar vivió el diputado del Partido Independiente Daniel Radío, que no votó el proyecto pero si varios de sus artículos. También hubo legisladores blancos y colorados que acompañaron algunos artículos.
Aplausos también hubo. Los primeros se los llevó el diputado socialista Nicolás Núñez que desde el vamos trabajó este tema. Criticó a la oposición porque su “propuesta es seguir barriendo para abajo de la alfombra. Yo no voy a ser parte de eso. Soy muy consciente de los daños que produce la sustancia, tan consciente como lo soy de los daños que causa la política; yo no pienso seguir siendo cómplice de un sistema perverso que sólo ha empeorado el problema. (…) El problema de las drogas no son las sustancias, son las personas. (…) Esta ley viene a poner las cosas en su sitio, viene a asegurar el cumplimiento del artículo 10 de la Constitución. Este proyecto en el que trabajamos durante meses junto a diputados y una serie de actores sociales como, aecu, Pro-Derechos, investigadores y profesionales, es la respuesta de la sociedad organizada, es la respuesta que viene a cambiar 60 años de políticas impuestas desde afuera. Es la respuesta uruguaya de la que el mundo entero habla, a la que apostamos y con la cual estamos comprometidos”. Núñez despertó los aplausos y se vino la advertencia de la presidencia de Cámara: la próxima todos para afuera. Pero cuando sobre las once de la noche se votó el proyecto los impulsos no pudieron contenerse. Se aplaudió sostenidamente. Y se desalojaron las barras. Pero la retirada fue con mucha calma. Ya era otro Uruguay, uno que tiende puentes entre los jóvenes y la clase política, uno que escucha y está dispuesto a cambiar incluso a pesar de sus propias creencias, prejuicios y deseos.

Comentarios   

 
0 #4 Carlos Full 04-09-2013 20:52
Es mentira todo lo que decis martin. el movimiento por la liberacion no tiene 7500 miembros, vamo arriba, para empezar no tiene socios. Y tu evaluación de prolegal y aecu me parece propia de alguien que quiere dividir al movimiento mas que hacer un rrente por la liberación. hay que ser maduro también para pelear y dar argumentos. Pegar por pegar no sirve de nada.

Cito a Martin:
Es raro que copiando textual las declaraciones de nuñez se les haya olvidado copiar al Movimiento por la Liberación del Cannabis que tiene 7500 miembros y está desde el 2007 y a los movimientos del Interior del país.

Ya es de público conocimiento que estas organizaciones (Prolegal y AECU) están solo para los pesos. Si hay plata aparecen, sino no están.
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+3 #3 Dan 03-08-2013 20:57
excelente cronica. una gran forma de informarse y entender mejor, mas de esto, por favor.
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0 #2 Martin 03-08-2013 18:44
Es raro que copiando textual las declaraciones de nuñez se les haya olvidado copiar al Movimiento por la Liberación del Cannabis que tiene 7500 miembros y está desde el 2007 y a los movimientos del Interior del país.

Ya es de público conocimiento que estas organizaciones (Prolegal y AECU) están solo para los pesos. Si hay plata aparecen, sino no están.
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-1 #1 M.C.B. 02-08-2013 23:01
El diputado Anibal Gloodofsky nunca ayudo al colectivo de su partido, a sus propios militantes, ni los recibió , ni les permitió hablar del tema, ni convocar para la marcha, ni siquiera comentar que somos los únicos colorados, batllistas que estamos integrando la organización principal en esta lucha. La Coordinadora Nacional por la Regulación de la Marihuana.
Y para su información, el diputado voto a favor de que se haga efectiva la "disciplina" en su bancada, Amado voto en contra de esto. Pero acá no hay "victimas" las victimas son las que no tienen opción. No esta clase de personaje que solo buscan garronearle al Estado guita y privilegios.. 20 años jodiendo con el tema y "no me dejaron levantar la mano.." que no joda.. que no afane mas la guita..

http://youtu.be/eFJH-VqJF8k


http://movimietocannabicobatllista.blogspot.com/p/des-representados-mas-de-50-mil.html

Salud !
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