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EL PACKAGING ES el embalaje. Es lo que contiene, agrupa y categoriza a las cosas. Un grupo de personas va a tener la oportunidad de tomar un curso de cómo hacerlo, comercializarlo, y formarán una cooperativa de trabajo. La ocasión brinda un inusual y esperanzador camino para que 20 trans puedan ingresar al ámbito laboral y salir de la prostitución. Si bien el trabajo sexual es trabajo, también es uno que las sigue cosificando, justamente por su embalaje carnal. De esta manera, a través del packaging –coincidencias aparte– tratarán de borrar el estigma y la condena social que sufren por su forma de ser y parecer.
El curso se llama “Producción y comercialización de packaging o embalaje artesanal”,* será de cuatro meses, con una dedicación de cinco horas a la semana y prevé el pago de viáticos y un incentivo para las personas con asistencia completa. Esta propuesta inédita en nuestro país es llevada a cabo por el colectivo Ovejas Negras y Mujer Ahora, mediante un convenio del Ministerio de Trabajo con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP) y su programa Proimujer, más la organización holandesa Mama Cash que trabaja con mujeres en vulnerabilidad social. Holanda es la segunda vez que apoya a Ovejas Negras, ya que el año pasado colaboró para la realización de la censurada campaña de sensibilización hacia la discriminación sexual “Un beso es un beso”. A su vez, el Mercado de los Artesanos de la plaza Cagancha pondrá a disposición el salón, y los artesanos serán los primeros clientes. Según estudios de mercado, el embalaje es un servicio que muchos comercios necesitan –es por eso que el curso se especializa en esto, además de que no se precisan conocimientos previos para quien lo realiza–, y en el caso de los artesanos es una demanda urgente.
IDENTIDAD, TRIBUTOS, ¿Y TRABAJO DIGNO? “Acá no existe la discriminación sexual por las opciones que se tomen”, dijo el nuevo presidente José Mujica en su discurso del acto de asunción en la plaza Independencia. No lo debe haber sentido así mucha gente, entre ellos los más de 5 mil trans que viven en todo Uruguay, con un promedio de vida de 35 años y son expulsados rápidamente del sistema educativo y sanitario, lo que los lleva a la marginación social. Hasta hace poco la o el trans ha sido siempre tomado como una cosa. Eso lo demuestran, por ejemplo, las investigaciones y estadísticas sanitarias en relación con la trasmisión del VIH, o el registro de trabajadores sexuales: hay 1.500 personas trans ejerciendo la prostitución en la calle. Pero esta realidad no es patrimonio nacional. En Buenos Aires el 80 por ciento de las trans porteñas que venden su cuerpo no encuentra manera de entrar al mercado formal de trabajo, aunque el 70 por ciento sueña con alejarse de la prostitución, según datos publicados en 2008 por el Área de Diversidad Sexual de la Secretaría de Promoción Social de la ciudad de Buenos Aires.**
Sin embargo, el Estado uruguayo fue –muy poco a poco– visibilizando el tema trans. En octubre del año pasado se aprobó la ley de identidad de género, cambio de nombre y sexo registral. Esto significa que cualquier persona tiene derecho a que en los registros del Estado se le cambie su nombre o su sexo si éste no coincide con su identidad de género. Fue el primer paso para que un/a trans pueda conseguir un trabajo en el que la llamen por el nombre con el que se identifica. Es una victoria que para muchos pasó desapercibida, pero que para la ex senadora Margarita Percovich, impulsora de este proyecto, fue uno de los más importantes de la pasada legislatura. “No sólo el Estado se hace garante del cumplimiento de un derecho, sino que se genera un derecho nuevo”, explicó a Brecha. “La cultura, la legislación y las normas son un sistema que construye la propiedad, la herencia y los derechos de familia desde una relación hombre-mujer, entre dos sexos. Pero hay que replantear toda la legislación del derecho pensando que existen otras categorías identitarias”, dijo en aquella oportunidad.
Pero como todo, del papel a los hechos hay distancia. Uruguay reconoció que un individuo puede vivir una identidad de género que no necesariamente coincida con su anatomía biológica, pero ¿puede salir a buscar trabajo? ¿Se lo acepta o sigue siendo un ciudadano de segunda?
Otro avance fue la resolución del Banco de Previsión Social (BPS), que en febrero de este año estableció que taxi-boys y trans se puedan registrar como empresas unipersonales (en 1995 el BPS había habilitado el aporte del trabajo sexual, pero sólo para trabajadoras mujeres). Sin embargo, ésta es una solución a medias: el colectivo Ovejas Negras cree que la medida sólo cubre a un mínimo de personas, ya que se deben aportar por unipersonal unos 2.500 pesos por mes. Es por eso que impulsan un proyecto de monotributo para que se pague un 25 por ciento de la cifra anterior.
MUJERES + TRANS. Es inusual que un colectivo de feministas acepte trabajar con trans, ya que estas personas están consideradas –tanto por los hetero, bi u homosexuales– en un escalón más abajo que la ya denigrada condición de mujer. Como explica el especialista argentino Carlos Fijari, lo que perturba del travesti a la sociedad no es la imitación ni que quiera ser mujer como punto de llegada, sino que precisamente pueda avanzar y tensar los límites de lo genérico. Porque son figuras corporales que no caben en ninguno de los géneros (en pensamiento binario: femenino o masculino) y caen, entonces, fuera de lo humano y, de hecho, constituyen el campo de lo deshumanizado y lo abyecto.
Dentro de la misma colectividad gay, lésbica y bisexual, las personas transgénero (en las que se incluyen travestis y personas que quieren cambiar de género mediante una operación) son muchas veces discriminadas. La transfobia está en todos lados. “Durante mucho tiempo en algunos boliches gays no se permitía la entrada a trans. Salvo en uno”, cuenta Mauricio Coitiño, de Ovejas Negras. “También es verdad que en los propios boliches y discotecas de la comunidad no hay trans trabajando por fuera de un show, por ejemplo atrás de las barras, en la ropería o la caja. Solamente Il Tempo tiene cinco mujeres trans trabajando por fuera del rol del espectáculo.” Y agrega: “Tampoco hay empleadas trans en los propios locales del circuito LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales). Eso confirma la discriminación: ‘Yo, que soy menos discriminado, no quiero pegarme al estigma tuyo, que sos más discriminado todavía’”. Esta invisibilización de lo trans también se observa en los medios masivos, donde los mensajes son mayoritariamente de varones gays. Pero también hay una sobreexposición de personas trans en las imágenes que muestran las marchas del orgullo gay o de la diversidad sexual, que estereotipan –para muchos– al colectivo en una sola orientación. Todo esto siempre cosificando: se las muestra como freaks.
ORÍGENES. “Las trans son vulnerables por las mismas causas que las mujeres”, explica Giselle Rodríguez, de Mujer Ahora. “Es la sociedad androcéntrica, heteronormalizante y patriarcal –explica Natalia Magnone– la que potencia las desigualdades. Promover las trans es reivindicar los derechos humanos.” También lo dice Tania Aguerrebere: “Se trata de producir y crear, y ver cómo se están dando los neomachismos. Es el mismo eje que desde el poder genera vulnerabilidad”.
Una vulnerabilidad compartida que atenta contra la autoestima. Por eso el 50 por ciento del curso tiene módulos que son transversales a otras ofertas que ya se brindan en esa organización. María Paz, quien junto con Josefina González serán las referentes trans, reafirma que “hay que salir del estereotipo estético. Pero es difícil, ¿sabés por qué? Las trans se visten de manera llamativa porque no tienen plata para otra ropa y usan la de la noche, la del comercio sexual”.
También van a realizar salidas grupales. “Los gays o lesbianas salen del armario, las trans tienen que salir de las palmeras”, grafica María Paz con ironía. Estas reuniones pretenden crear –así como el curso y la cooperativa– lazos sociales entre las mismas trans (sean femeninas o masculinas) y el entorno social. “El ambiente en que están las mujeres trans no se presta para oportunidades laborales fuera del circuito de la prostitución –aclara Coitiño–. En Uruguay la mayoría de los empleos se consiguen por recomendaciones, y en la medida en que uno no está en una posición ‘recomendable’ todo se complica.” Sí, porque ellas están en una posición de “objeto con valor de uso y cambio”, de artificio sin alma, y como bichos de la noche.
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* Informes: Mujer Ahora, 903 90 19. Inscripciones y charla informativa: 9, 10 y 25 de marzo, 15 horas. Sede del PIT-CNT, Jackson 1283 entre Guaná y Charrúa. El curso se desarrollará de lunes a viernes entre las 16 y las 20 horas.
** http://www.anred.org/article.php3? id_article=1359
MADRES DE PLAZA DE MAYO Y TRANS
EN ARGENTINA YA existe la cooperativa Nadia Echazú. Surgió en 2008 y se trata de un taller textil en el partido de Avellaneda (Buenos Aires). Se formó con el apoyo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y el respaldo del Ministerio de Desarrollo Social, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social y el Ministerio de Trabajo de Buenos Aires.
En su inauguración estuvo presente la presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. “Son personas que quieren salir de la marginalidad y las ayudamos por eso, no porque son travestis”, explicó Bonafini a Página 12 (27-VI-08). La directora de Nadia Echazú, Lohana Berkins, afirmó que quieren generar “la idea de que sí se puede, de que hay posibilidades concretas de trabajar. Queremos que la sociedad nos empiece a ver como fuerza productora de trabajo”. Trabajan 30 personas en cuatro áreas: informática, taller de corte y confección, packaging, y ventas y administración.
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