Instalación sonora

Este es el primer fonograma de Daniel Yafalián que tiene edición física. Hubo uno anterior, “Naturaleza muerta”, subido a Bandcamp en 2012 para descarga gratuita. La línea es la misma: el propio Yafalián toca todos los instrumentos, además de manipular sonidos del mundo natural o humano que él mismo grabó.

Son piezas con duración de canciones (entre tres y seis minutos) pero sin letra (la muy relativa excepción es “blablablablablabla”, en que una voz –¿Yafalián?– reitera cosas tipo “Blablabla punto. Blabla a. Punto”, etcétera).

En casi todos los surcos hay instrumentos que reiteran o merodean determinadas figuras. Junto a esos motivos hay otros tipos de sonidos, permanentes o intermitentes, reconocibles o indiscernibles, tradicionalmente musicales (guitarra, bajo, piano) o no. Algunos de esos sonidos parecen encuadrarse en el esquema métrico del motivo, pero otros parecen ignorar esa pulsación, como si existieran en otra dimensión, o estuvieran distraídos. Ninguna pieza tiene una considerable evolución interna: mantienen una misma apariencia global desde que empiezan hasta que terminan. Los tramos más “evolutivos” son los inicios, porque en ellos tendemos a ir descubriendo de a poco los componentes de la escenografía sonora que luego se va a mantener por el resto del tema. Es decir, son como músicas para habitar, lugares imaginarios e imposibles adonde esos sonidos nos trasportan, donde contemplamos objetos ubicados a distintas distancias, con distinta materialidad, y con diversas relaciones (o falta de ellas) entre ellos. Es más o menos como el ejercicio de ir a un determinado lugar y tratar de escucharlo musicalmente, sólo que aquí ese lugar es inventado, nuevo.

Aparte de hacer ese tipo de música, Yafalián es también diseñador de sonido en cine y compositor de música electroacústica. En esa última modalidad su música es más radicalmente extraña, lo cual, en forma paradójica, la encuadra mejor: está destinada a un público específico (por ejemplo, el del Núcleo Música Nueva) y en un contexto prefijado vinculado a ciertas formas de escucha establecidas. Sus discos parecen sugerir un acercamiento a la música popular. Pero ese acercamiento es tenue y muy genérico. No hay nada de esa intertextualidad densa que define a la música popular. La base de “Muerte en la tarde” puede recordar a “Ciertas canciones”, de Lazaroff, en “Columna Durruti” hay algo similar a un triángulo que hace una figura parecida a un xote. Y hay instrumentos como guitarra eléctrica y bajo eléctrico, que muchas veces tocan cosas como riffs o grooves. Pero hasta ahí llega lo que pueda “parecerse a algo”. Por lo demás, se trata de una música totalmente personal y que pide un tipo de escucha especial, intransferible. Las emociones son abiertas: yo, por ejemplo, escucho “Columna Durruti” como medio melancólica, “Bowduk” como medio inquietante, “Duermen ovejas” como dulcemente viajante, etcétera. Pero es muy probable que otros oyentes tengan sensaciones distintas con las mismas piezas, porque los recursos que se manejan están muy tenuemente codificados. A veces tipos de escucha muy distintos se superponen: en “Pequeño Mao” uno puede ponerse a vincular el sonido de ranas con otro más grave que parece ser una variación de las mismas ranas, pero por encima de eso hay un discurso armónico “banalmente musical” en las guitarras. Aunque Yafalián tiene todas las condiciones para hacer que las ejecuciones sean perfectitas y prolijas, se priva de hacerlo y deja alevosos desencuentros, como si eso no importara: es todo un desafío para un escucha medio neurótico bancarse la comodidad con el caos que esa música ostenta. Y es también un componente de “realismo” y de apertura en estos “paraísos artificiales”. Total, ¿quién dijo que los angelitos realmente se disponen como un séquito militarmente ordenado?

El disco será presentado hoy viernes 13 en el Planetario. Se escucharán algunos de los surcos, y se dialogará con el compositor, Pablo Stoll y Adrián Biniez (directores de cine con los que Yafa trabajó) y Carlos da Silveira (quien es, como él, compositor para cine y autor de piezas electroacústicas).

1. Paraísos artificiales, edición del intérprete, 6359-2, 2015.

 

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