Sociedad de fantasía ilimitada - Semanario Brecha

Sociedad de fantasía ilimitada

La narradora argentina Nadina Barbieri participó en el quinto Encuentro Internacional de Cuentería “Con voz de cuento”, organizado del 16 al 19 de octubre por el grupo de narración oral Pipoka Cuenteros.

Nadina Barbieri durante el taller organizado por Pipoka Cuenteros. Foto Gentileza Pipoka

Comenzó el taller de narración oral ofreciéndonos manjares distribuidos sobre una mesa tendida bajo banderines.1 Yo probé Una caperucita roja, de Marjolaine Leray (Océano Travesía, 2009), deliciosa. Al final le pedimos que contara y cuando esta narradora argentina comprometida con los derechos humanos accedió, presencié en persona un cuento depurado de ripios.

—Podías entrar directo al tema pero preferiste invitar a leer, ¿razón?
—Luego de doce años de trabajo con narración oral, me interesa que la gente concientice que cuando cuenta, u oraliza, relee un texto. De hecho, quienes asumimos esta tarea deberíamos volver sobre el texto muchas veces, no para afinar la memorización sino para despejar preguntas fundamentales, qué está diciendo, cómo, por qué. Cuando hablo de texto incluyo a la tradición y a la memoria oral. Ricardo Piglia sostiene que en todo cuento clásico siempre hay dos historias, la que navega en la superficie y la que, latente en lo profundo, emerge al final. Esta actitud de indagación permanente la apliqué para armar narraciones basadas en libros de literatura infantil y juvenil prohibidos por la dictadura argentina. Según consta en el respectivo decreto, prohibieron La torre de cubos, de Laura Devetach, por “favorecer la ilimitada fantasía de los niños”, y Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann, porque el elefante, descontento con el trato que reciben en el circo los animales, organiza una huelga.
—Una amiga, mediadora de literatura infantil, comentó que hay niños que le piden cuentos “fuertes, reales”. ¿Qué opinás de esa percepción de la ficción como realidad?
—Es un deseo que como mediador, otra vez, debés leer e interpretar. Habla de un contexto que te obliga a tenerlo en cuenta. A veces nos apresuramos a diagnosticar que nuestros destinatarios no escuchan ni les interesa lo que proponemos, cuando tal vez estamos contando un cuento urbano en un ámbito rural, a chicos que no conocen un ascensor. Ahora, ¿porque viven en el campo debo acercarles sólo cuentos “camperos”? ¿O es bueno que accedan a la misma diversidad de contenidos que cualquier niño de ciudad? Hay que replantearse continuamente los objetivos, y adaptar estrategias.
—¿Cómo prevenís yerros estratégicos?
—Focalizo el vínculo previo con los chicos. Llego al lugar, si es una escuela y están en el recreo los saludo, charlo con ellos, observo a qué juegan. Y me presento desde mi biografía, no desde el lugar de “contadora”. Les comento que ese árbol del patio me hizo acordar a uno parecido que había en la casa de un abuelo, y que eso no es lo que vengo a contarles pero, ya que estamos, añado que cerca de Concordia, donde nací, había huertas y loros. Así vamos entrando en confianza. Los niños perciben claramente la diferencia entre quien anuncia, con voz aflautada, que contará un cuento, y quien les pregunta “¿qué estaban haciendo recién en el patio?”, para enseguida añadir, ante risas y señas, “bueno, después me cuentan”.
—Los programas y campañas de promoción de lectura que emanan del Estado hacen hincapié en la decodificación que supone y lo beneficiosa que resulta para las personalidades de la cultura que la practican, pero olvidan destacar el hedonismo que permite. ¿Alguna reflexión sobre esto?
—Cualquier estrategia que aleje a la literatura de su capacidad de proporcionar placer está en riesgo de devenir contraproducente, creo. A veces los docentes te dicen que, como les piden que organicen la hora de lectura, “todos los viernes van a leer”. ¿Quién puede sentirse convocado a una imposición semejante? Por eso en el taller que compartimos hoy puse banderines, una mesa para los libros con mantel colorido, más libros colgados de un “cordel”; el espacio donde pretendemos que niños o adultos lean debe ser agradable, afectuoso, festivo. Debe insinuar, plástica y subjetivamente, que allí va a suceder algo distinto, y por qué no, mágico. Y cuando ese momento termina, como dice Graciela Montes en La frontera indómita, cerramos, con el colorín colorado, el espacio especial antes de volver a la rutina.
—En contextos sociales críticos, ¿qué autores probaron su valor?
—Horacio Quiroga, con sus Cuentos de la selva.
—¿Por qué recurrir, en entorno difícil, a un fisonomista de la violencia ineludible de la naturaleza?
—Pero cuyos personajes animales, detalle nada menor, tienen la virtud de no ser del todo malos ni del todo buenos. En esos entornos de chicos que no reciben atención ni pueden darla, en los que la única comida en el día para muchos es la merienda, enterarse de que los animales también se disputan cosas, atacan o se defienden, y traman venganzas, enciende alguna lucecita interior.

1. Barbieri participó en el quinto Encuentro Internacional de Cuentería “Con voz de cuento”, organizado del 16 al 19 de octubre por el grupo de narración oral Pipoka Cuenteros, fundado en 2008 e integrado por Sandra Arispe, Leticia Begueríe, Jimena Delgado, Eliana Lucián y Karen Halty. Este colectivo representa a Uruguay en la Red Latinoamericana de Cuentería; pipokacuenteros@gmail.com, 094711028, 095415995.

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