¡Así ha sido tu año!

Entre augurios de felicidad, panes dulces, copas de champagne y turrones, Facebook ha dado una vez más la nota al recordarles a algunos de sus usuarios cuán tenebroso fue su 2014

“El que se quema con leche, cuando ve una vaca llora”, advierte sabiamente el refranero popular. Y el fin de cada año, ese momento lleno de balances y reflexiones sobre los últimos 12 meses transcurridos, se vuelve un paseo por el galpón de bovinos de la Rural del Prado para aquellos quemados con leche en el año que queda atrás. La zafra de relaciones mal terminadas, despidos, muertes y enfermedades es un recuerdo nefasto que, al menos en el momento del brindis, uno preferiría dejar de lado.

Entre augurios de felicidad, panes dulces, copas de champagne y turrones, Facebook ha dado una vez más la nota al recordarles a algunos de sus usuarios cuán tenebroso fue su 2014. Desde hace un par de años la red social ofrece, a través de un algoritmo, una selección de las actualizaciones de estado y fotografías más vistas, comentadas y “gustadas” de cada usuario, que luego pueden ser compartidas con todos. Para quien no haya hecho la retrospectiva de motu proprio, una alerta desplegada en el inicio invita con insistencia a hacerlo: “¡Así ha sido tu año! Échale un vistazo”. Por supuesto, el algoritmo presupone que la popularidad de las publicaciones es necesariamente un acontecimiento positivo. Pero en una época en la que la delgada línea entre lo privado y lo público se vuelve más difusa, compartir el dolor a través de las redes sociales es cada vez más común. Así, los “amigos” de la red pueden cliquear “me gusta” sobre los aspectos más oscuros que alguien decidió compartir. El algoritmo que elige las fotos no puede distinguir una selfie al lado de la torre Eiffel de la foto de la perra que fue atropellada por un bus. No hay manera de prever que aquello que “gustó” sea un recuerdo catastrófico de esa caja de Pandora que son las redes sociales.

El bloguero estadounidense Eric Meyer perdió en junio a Rebecca, su hija de 6 años, a raíz de un tumor cerebral. La red social se encargó de recordárselo en su inicio: una foto de la niña rodeada de gráficos de colores vivaces lo invitaba a ver cuán maravilloso fue su año.

“Mostrarme la cara de Rebecca y decirme: ‘¡Así ha sido tu año!’ es desagradable. Uno se siente mal al verlo, y si viniera de una persona real, estaría mal a todas luces. Viniendo de un código de programación, es apenas desafortunado. Se trata de problemas durísimos. No es fácil discernir programáticamente si una foto tiene un montón de ‘me gusta’ porque es hilarante, impresionante o desgarradora”, escribió el padre dolido en su blog. Meyer recibió disculpas oficiales por parte de Facebook luego de que su entrada en el blog se volviera viral.
Otros usuarios compartieron situaciones similares. A un hombre, la foto que le salió destacada fue la imagen de su apartamento envuelto en llamas. Innumerables también fueron las imágenes de mascotas muertas, para tormento de sus amos. Incluso un usuario se lamentó en Twitter de que Facebook lo hubiera invitado alegremente a repasar su año partiendo de una foto de la urna con las cenizas de su padre.

Las redes sociales son un espacio que hace tambalear la idea que se tiene de lo público: el dolor ajeno, un asunto que tradicionalmente se ha dirimido puertas adentro, cada vez es más publicitado. La estructura de las redes –acaso de la sociedad actual– lo permite, y hace que el concepto de privacidad se redefina. Así, algunos se ven tentados a publicar la imagen de una urna fúnebre, algo que remplaza a quien no hace mucho fue un ser querido. Uno puede entenderlo o no, pero sucede. Hace falta un poco de empatía también con el pobre algoritmo: entre tanta vaca, no puede andar tapándole los ojos a cada quemado.

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