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Corriente continua

Mientras se discuten las políticas migratorias en las más altas instancias de la Unión Europea, en Francia miles de refugiados siguen malviviendo en las llamadas “junglas”, supuestos campos de refugiados en los que las condiciones de vida distan mucho de ser mínimamente dignas. La situación en Dunkerque, la “jungla” menos conocida, demuestra la absoluta vulnerabilidad de los refugiados que llegan a Europa en busca de una vida mejor.

Campo de refugiados Grande-Synthe, al norte de Francia, el 12 de enero / Foto: AFP Philippe Huguen

Calais es el campo de refugiados más tristemente famoso en los medios de comunicación. Con 8 mil refugiados sirios, iraquíes, iraníes, afganos, sudaneses y eritreos se ha convertido en el ejemplo más lacerante de la incapacidad de algunos gobiernos europeos de gestionar la mayor crisis migratoria que está viviendo el viejo continente desde la Segunda Guerra Mundial. Apenas a media hora en coche se encuentra otro campo menos célebre y mediático en el que la situación es aun más alarmante: Grande-Synthe, en Dunkerque.

Básicamente se le llama campo de refugiados a un gran lodazal en el que se amontonan endebles tiendas de campaña. En tres meses la población ha pasado de 500 a 2.500 refugiados y los servicios siguen siendo los mismos: ninguno. Sólo hay dos puntos de agua potable, 26 baños q...

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