“No deberíamos ser tan duros” - Brecha digital

“No deberíamos ser tan duros”

El polémico video “Happy in Tehran”, donde aparecen mujeres sin velo acompañadas de hombres bailando y exteriorizando su alegría en lugares públicos, llevó a la detención de sus participantes por haber “herido la castidad pública”.

Compartiendo felicidad

Seis jóvenes iraníes acusados de “producir un video vulgar” y mantener “relaciones ilícitas” fueron condenados el pasado jueves 18 de setiembre a seis meses de prisión y 91 latigazos; una séptima recibió un adicional de seis meses por ser la responsable de subir el video a Youtube y por habérsele encontrado alcohol en su domicilio. Si bien las sentencias fueron suspendidas, la no ejecución de la pena está condicionada a la buena conducta durante los próximos tres años.

Una de las ya miles de grabaciones que recrean la popular “Happy”, del cantante y músico estadounidense Pharrell Williams, “Happy in Teh­ran”, llamó la atención de las autoridades iraníes el pasado mes de mayo, luego de haber contado más de 165 mil reproducciones en Youtube a lo largo de un mes. La aparición de mujeres sin velo, cuyo uso es obligatorio desde la revolución islámica de 1979, acompañadas de hombres con quienes no comparten vínculos sanguíneos, bailando y exteriorizando su alegría en lugares públicos, llevó a la detención de los participantes por haber “herido la castidad pública”, en palabras de Hossein Sajedinia, un jefe de policía iraní. Antes de ser liberados tras el pago de fianzas, los jóvenes aparecieron en un programa de la televisión estatal “confesando” haber sido engañados para filmar el video y expresando su arrepentimiento, aunque esta práctica represiva y ejemplarizante ha sido condenada numerosas veces por distintas organizaciones de defensa de los derechos humanos.

La situación fue ampliamente repudiada en las redes a lo largo del mundo, donde los usuarios expresaron su indignación por lo absurdo de castigar a personas por el solo hecho de publicar un video donde pretenden manifestar y compartir su felicidad, y se dio sólo días después de que el presidente, Hasán Rouaní, volviera a manifestar la necesidad de aliviar los controles estatales sobre el uso de Internet. El monitoreo sobre la actividad de los ciudadanos en la web se intensificó luego de que se comprobara la importante incidencia que tuvieron las redes sociales en la organización de las multitudinarias manifestaciones de junio de 2009, contra las elecciones que –se acusaba– habían sido amañadas a favor de Majmud Ajmadineyad. Numerosos sitios considerados “nocivos” están bloqueados para los iraníes (entre ellos Facebook y Twitter), y sólo se puede acceder a ellos mediante redes privadas virtuales que permiten que las computadoras simulen encontrarse en otro país.
Existe, paradójicamente, una cuenta de Twitter de Rouaní, no oficial, pero que el presidente reconoció como escrita por “amigos” (según time.com), donde declaró, seguramente aludiendo a la situación de los despreocupados danzantes: “La felicidad es un derecho de nuestro pueblo. No debiéramos ser tan duros con los comportamientos causados por la alegría”. Las manifestaciones del mandatario a favor de reformas que otorguen mayor libertad a los iraníes en diversos ámbitos han sido parte de su atractivo para diversos sectores –en especial entre los jóvenes–, pero aún no parecen haber pasado de ser algo más que una declaración de buenas intenciones. Por ahora la felicidad tendrá que tener cuidado de no mostrarse demasiado al pasar por algunos barrios

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