El arte de resistir

En la provincia canadiense de Alberta, un artista organizó una estrategia sin precedentes para proteger su tierra del acoso de las empresas petrolíferas. Peter von Tiesenhausen demandó que se le reconocieran sus derechos de autor sobre las 300 hectáreas donde vive la mayor parte del año.

Peter von Tiesenhausen

Y es que su producción artística es inseparable del campo natural que la inspira, arguye Tiesenhausen. Degradar la tierra con la construcción de un oleoducto sería el equivalente a degradar su medio de vida.

Según la ley federal canadiense los terratenientes sólo tienen derechos sobre la superficie de su propiedad; lo que queda a más profundidad de 15 centímetros, o sea el subsuelo, pertenece al Estado. En el territorio de Alberta el gobierno provincial tiene derecho al 81 por ciento del subsuelo y puede arrendar su uso a las compañías de petróleo. Una cláusula legal, sin embargo, estipula que las empresas paguen a los propietarios una compensación por todos los riesgos ecológicos que pudiera tener la extracción, así como la contaminación de los cultivos, si los hubiera.
Tiesenhausen estimó que si la compensación por daños a las cosechas normalmente era de 5 mil o 6 mil dólares al año, entonces el daño causado a una obra de arte debía de ser compensado con mucho más dinero, unos 600 mil dólares como mínimo. Al reivindicar sus derechos de autor de forma oficial, Tiesenhausen reforzaba su argumentación ante un posible juicio. Cuando los agentes petrolíferos vinieron a negociar con él, Peter adoptó la táctica habitual de estas compañías, y les cobró 500 dólares la hora por cada reunión. Finalmente las empresas petroleras dejaron al artista en paz. No valía la pena llevarlo a juicio y arriesgarse a la mala publicidad.

La provincia de Alberta tiene una de las más grandes reservas de arenas petrolíferas del mundo. Durante décadas se dejaron de lado estos depósitos debido a su difícil extracción. Sin embargo, los precios en aumento de petróleo en el mundo y las nuevas tecnologías ayudaron a que se reconsideraran como una fuente rentable de petróleo. En Alberta se extraen diariamente alrededor de 1,9 millones de barriles de petróleo. Por sus reservas de arenas petrolíferas, Canadá está en camino de ser un gran exportador internacional de hidrocarburos, algo así como una Arabia Saudita de las Américas. Pero el gobierno suele recordar a sus críticos que, a diferencia de Arabia Saudita, Canadá es un país democrático, se encuentra lejos de una zona bélica y cuenta con una fuerte regulación ambiental.
Los que se oponen a la explotación de las arenas petrolíferas advierten que este proceso y su tratamiento posterior suponen un mayor gasto de energía y agua y una emisión de carbono superior a la resultante de extraer petróleo crudo convencional. Añaden que la explotación de nuevas reservas de energía petrolífera en cualquier lugar del mundo, democrático o no, aumenta la dependencia respecto de los combustibles fósiles y acelera el calentamiento mundial.

Casos como el de Tiesenhausen parecen estar hechos para diseminarse por la red. Nos gusta leer cómo un individuo –un artista además– ganó una batalla contra una corporación multinacional. Es ciertamente admirable la creatividad de Tiesenhausen, pero no queda claro si un tribunal aceptaría su interpretación del derecho de autor. El modelo de su triunfo contra las empresas petrolíferas será difícil de replicar a nivel nacional.
Trescientas hectáreas son poca cosa comparadas con los beneficios que se pueden obtener en un país de 9 millones de quilómetros cuadrados. Pero aun esta cifra no parece suficientemente grande como para satisfacer las necesidades de un planeta cada vez más adicto al petróleo.

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