“El último encuentro con él”

Especialistas vinculados al tratamiento de esta adicción, hablan de curvas de aprendizaje, sensibilidades, edades y condiciones sociales que tienen que ver con encender otro cigarro. El siguiente informe trata sobre tabaco, género y clase, porque tampoco el tabaquismo se reparte de manera equitativa.

Tabaco. Archivo: ACAR

Todas las mañanas al despertar tanteaba la caja de cigarros que religiosamente quedaba sobre la mesa de luz, y se sentaba en la cama a fumar. Un día se enteró de que estaba embarazada y comenzó a asistir a los grupos de cesación de tabaco. Durante el embarazo fumó y la ayudaron a abandonar. Le hablaron del riesgo que provocaba el tabaco para el bebé y para su salud. Tuvo tres hijos y pasó siete años sin tocar un cigarro.

Un día, en una fiesta, pensó que fumar sería una buena idea. Con las primeras pitadas comenzó a marearse, le dio asco, pero continuó fumando. Cuando llegó a su casa se sacó el vestido y pensó en el feo olor que le había quedado. Al día siguiente se despertó y, como hacía siete años atrás, tanteó buscando la caja de cigarrillos sobre la mesa de luz. Asustada, volvió a la consulta.

Allí la recibió de nuevo la psicóloga Ana Cenández, del Fondo Nacional de Recursos. La paciente tenía un pensamiento adictivo y éste no se va de un día para el otro, explicó. “A esta altura he visto a más de mil fumadores. A los seis meses le podés decir ‘ex fumador’, pero un olor, un recuerdo, una situación, cualquier cosa puede despertarlo. El pensamiento adictivo se queda anestesiado, dormido, pero hay que respetarlo mucho porque puede estar pendiente a pegar el zarpazo.”

En Uruguay el 20,4 por ciento de las mujeres fuma. Este porcentaje lo sitúa entre los países latinoamericanos con mayor incidencia de tabaquismo en el sexo femenino. Chile es el primero, según un relevamiento realizado por el Institute for Health Metrics and Evolution, de la Universidad de Washington.
Cifra similar arrojó la encuesta de hogares del Instituto Nacional de Estadística en 2011: 19,1 por ciento de las uruguayas son fumadoras.

Sin embargo el número de hombres que consumen tabaco es mayor y se sitúa en 29,7 por ciento. Ante estos datos el presidente del Centro de Investigación para la Epidemia de Tabaquismo, el cardiólogo Eduardo Bianco, explicó que la epidemia cursa por diferentes etapas. Los hombres y las mujeres no empezaron a fumar al mismo tiempo. Primero el fumador era hombre y vivía en países desarrollados. Treinta años después comenzó la mujer.

En este momento el consumo en el hombre habría llegado a su pico y estaría en descenso, y también la mortalidad vinculada al tabaco. No sólo en Uruguay sino en el mundo. “Pero no sé si llegamos al pico máximo en la mujer, porque todavía no ha visto el daño. El hombre sí vio morir a su amigo por el consumo de tabaco, pero la mujer todavía no vio morir a su compañera. Recién ahora comenzó a notarlo.”

La enfermedad. En Uruguay mueren más hombres por cáncer de pulmón que en el resto de los países de América: 47 fallecidos cada 100 mil habitantes en 2012. Le sigue Cuba (40 muertes cada 100 mil personas), mientras que los países de Centroamérica y Bolivia son los que tienen las cifras menores. Se estima que aproximadamente 84 por ciento de los fallecimientos por esta enfermedad son atribuibles al tabaquismo, según el informe “Cáncer de pulmón en las Américas”, de la Organización Panamericana de la Salud.

Los números de mortalidad tienen que ver con el período evolutivo de la epidemia. “No todos los países de la región están en la misma etapa. Los que tienen una larga historia de tabaquismo son los que han alcanzado los mayores niveles de mortalidad”, subrayó el cardiólogo.

La mujer, como decía Bianco, recién comenzó a ver la enfermedad. La psicóloga Amanda Sica, de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer, contó que desde que ella comenzó a trabajar en la institución, hace 20 años, la incidencia del cáncer de pulmón no paró de crecer. Pasó del séptimo lugar al tercero, luego del cáncer de mama y el de colon-recto.

“En Estados Unidos ocupa el primer lugar. En épocas pasadas los médicos hacían toda su carrera sin ver un cáncer de pulmón en la mujer. Si seguimos con la misma tendencia Uruguay va a terminar como Estados Unidos”, advirtió.

En Uruguay, en 2012, murieron 271 mujeres por cáncer de pulmón, es decir, más del doble de las que fallecieron por cáncer de cuello de útero, que ese mismo año fueron 120. Hace dos semanas el Ministerio de Salud Pública informó que en el país fallecen 6.500 personas por enfermedades atribuibles al tabaquismo, y se pierden 135.622 años de vida saludable.

Asimismo, Bianco explicó que fumar uno o dos cigarros por día incrementa el riesgo de infarto de miocardio en un 30 por ciento. “Pero el fumador se olvida de que cuando enciende un cigarro consume solamente el 15 por ciento del humo que inhala, y que el otro 85 por ciento queda en el aire. El fumador suele fumar acompañado de otros, y cada fumador respira también el humo que proviene de los otros cigarros. Está en el epicentro del humo. Al daño del consumo propio se le agrega el de la exposición pasiva. Los primeros cinco cigarros son los que generan más daño.”

Además advirtió que los fumadores ocasionales son sólo el 5 por ciento del total. “El fumador uruguayo es de todos los días y tiene un consumo promedio de 16 cigarros per cápita, que es mayor al de países como Chile, que tienen más consumo.”

Más que un objeto. “¿Te acompaña? ¿Te escucha? ¿Salen a pasear? ¿Te presta plata? No. Sin embargo, ese cilindrito lleno de porquerías funciona como si fuera una compañía. (…) Muchas dicen: ‘El último encuentro con él’, cuando se quieren despedir del tabaco. Pero ¿ese cilindrito se comporta como una persona?”, se preguntó Cenández.

La mujer vive más años que el hombre. En Uruguay la esperanza de vida para el sexo femenino es de 81 años mientras que el hombre vive en promedio hasta los 73. La soledad de esas mujeres sería una parte de la explicación de la extensión del tabaquismo. “Al cigarro se le empiezan a poner atributos que corresponden a personas. Si vos decís que necesitás una compañía no podés agarrar un cigarro. Es como si yo dijera que voy a agarrar un tenedor porque es un buen compañero para mí. Sin embargo, a ese objeto se lo va llenando de virtudes y de pronto se están tapando con humo cosas que no se quieren ver, vacíos. El cigarro juega ese rol”, explicó Sica.

La mujer, agregó Bianco, genera un vínculo mucho más fuerte que el hombre con el tabaco y por eso le cuesta más dejar. Sin embargo, ella pide más ayuda para abandonar el consumo.

Los especialistas consultados no dudaron en ver a la mujer más vulnerable. “Es mucho más emocional y emotiva que el hombre. El hombre se parapeta atrás de una coraza que se arma. El hombre no llora. Culturalmente el hombre maneja los problemas emocionales de otra manera. La mujer es mucho más sensible a todo lo que sea situaciones de desequilibrio emocional, entonces es más vulnerable al momento de fumar. Y es así que le da más trabajodejar, porque encuentra en el cigarro un modulador del humor”, puntualizó Sica.

Pero sea cual fuere su género u orientación sexual los fumadores tienen una relación única y particular con el tabaco. “Adicto quiere decir esclavo”, sentenció la psicóloga, y explicó que de cinco personas que experimentan con el tabaco, tres quedan prendidas en la adicción.

Con el tiempo, el poder adictivo de la nicotina hace que el fumar se transforme en una necesidad, y no se ve al cigarro como el tóxico que es. Ese comportamiento repetido, esa adicción, se engancha con temores, con el estrés o con factores psicosociales, añadió Cenández.

Si bien la adicción a la nicotina es muy fuerte, los especialistas no minimizan el poder del hábito. “A veces no sabemos cuál es la parte más difícil, si la adicción o el hábito, porque éste puede llevar instalado muchísimos años. Son conductas condicionadas que hay que reeducar, y ahí es donde los psicólogos intervenimos”, explicó Ana María Pereira, psicóloga encargada de los grupos de cesación de tabaco de la Asociación Procardias.

“Si hacemos una reforma en nuestra casa y la puerta abre a la derecha en vez de a la izquierda, como era hasta ahora, probablemente te levantes a oscuras para salir de la habitación e intentes abrirla a la izquierda. Es difícil cambiar un hábito. La conducta está fuertemente condicionada por lo visual, los olores, el tacto y el resto de los sentidos. Podemos ver un color y que nos dé ganas de fumar”, ejemplificó.

De esta forma, fumar queda asociado a diferentes acciones de la vida, y poder cortar las asociaciones es un paso importante. “Empezamos con conductas que le resulten sencillas, porque el poder ver que puede con la adicción es un motivador muy grande para la persona. Hay muchos cigarros que la persona prende automáticamente y te dice que no se dio cuenta de que lo tenía prendido. Se le enseña a controlarse, para demorar en encender un próximo cigarro”, agregó Cenández.

Pensar en grupo. Los programas que se ofrecen para dejar de fumar son diferentes. Algunos son personalizados, mientras que otros se hacen en grupo. Las adicciones, por lo general, se trabajan mucho mejor en grupo, por el apoyo de los pares, indicó Sica.

“Pensar diferentes estrategias para bajar el consumo. Ver las ideas que aportan unos y otros. En el grupo todos piensan juntos y la producción es mucho mayor. Es así que los resultados son mejores.”

Alrededor de la cuarta parte de las personas que asisten a programas de cesación de tabaquismo se mantienen sin fumar en el correr de un año, puntualizó Cenández. “El tratamiento grupal da mucha sinergia. Uno más uno son más que dos. No sólo trabajan por sí mismos sino por el grupo, que les pesa.”

“En algunos momentos –añadió– lográs que un 100 por ciento del grupo no fume.” Pero durante el año la gente recae porque, aunque se detiene el efecto adictivo de la nicotina, en definitiva el pensamiento adictivo sigue.

“Yo esto ya lo tengo dominado”, “¿Una pitada qué me va a hacer?, son dos de las tantas justificaciones que se plantean muchas personas al intentar abandonar el tabaco. Sin embargo, explicó Cenández, en la primera pitada los receptores de nicotina del cerebro se abren en un 30 por ciento, en la segunda entre un 70 y 80 por ciento. “Eso genera que el fumador se enganche de nuevo, porque el poder adictivo de la nicotina enciende todo.”
Las recaídas son comunes. Según la psicóloga lo difícil es sostener el abandono. Hay quienes recaen cinco veces antes de dejar definitivamente. “Vienen derrotados porque lo intentaron tres veces y no lo lograron. Pero si lo intentaron tres veces es porque están muy interesados en hacerlo. Es muy difícil encontrar a una persona que te diga ‘yo probé dejar y dejé para siempre’.”

Dejar de fumar requiere tiempo y que haya tratamientos contra el tabaquismo en todos los centros de salud, porque así como se atiende la hipertensión y la diabetes, este también tiene que ser tratado como una enfermedad y hay que darle su lugar, agregó.

Las más vulnerables. Actualmente en Uruguay fuman más los hombres que las mujeres, salvo entre los jóvenes y las clases sociales de menores recursos. Como se ha dicho, los primeros en fumar fueron los hombres de mayor nivel socioeconómico y cultural. Cenández apuntó que entre las mujeres el consumo comenzó entre las más atrevidas: “Las del vodevil, las del cabaret, y más tarde fueron las ejecutivas que salieron a competir con los hombres”, explicó.

En Uruguay, 14,1 por ciento de las adolescentes escolarizadas de 13 a 15 años fuman, mientras que 11,9 por ciento de los varones de esa franja etaria lo hacen, según el informe de 2011 realizado por la Junta Nacional de Drogas.

Cuando uno es joven es más vulnerable y la publicidad afecta más. Se está en plena búsqueda de la identidad, es un momento en que se comienza a experimentar con muchas cosas, y la sociabilidad es muy importante, recordó Sica.

Fumar o no hacerlo es una de las primeras decisiones que puede tomar por su cuenta un joven. Hasta ese momento, agregó Sica, el adolescente hacía lo que le decían, y por eso la publicidad estaba asociada a la libertad de elegir.

“Sienten que tienen que cumplir con categorías para pertenecer a un grupo. El cigarro, mediante la publicidad, siempre se asoció a la gente exitosa, a la que le va bien y que tiene mucho dinero”, añadió.

Pero cuando ya sos un adicto la publicidad es inconsecuente, enfatizó Patricia Sosa, directora para Latinoamérica de Campain for Tobacco-Free Kids. Por eso “vende un producto especialmente dirigido a los jóvenes. El consumidor que tendrá el hábito de por vida tiene que empezar joven”. Y donde le va mejor es en el Cono Sur: “Chile es el país de América Latina con las tasas más altas de tabaquismo entre los jóvenes. La epidemia fuerte la tienen Uruguay, Argentina y Chile”.

En las últimas encuestas, recordó Sica, cuando se preguntaba si se había visto publicidad de tabaco, quienes más la registraban eran los jóvenes. “Ellos le prestan mucha atención, porque para el adulto es algo ya conocido, parte del paisaje.” Pero –agregó– posiblemente ese joven haya tenido modelos de padres fumadores, pues se trata de una práctica común o que en general no está mal vista en la familia. “El adulto en general comienza a buscar formas de dejar cuando empieza a sentir síntomas, pero el joven ve a la muerte muy lejana. Se siente invulnerable. Le parece que tiene toda la vida por delante. Cuando ayudamos a un adulto a dejar de fumar, eso beneficia a los jóvenes.”

Además el cigarro quita el hambre, y la preocupación por no engordar está presente en las adolescentes. Pero el tabaco también quita el hambre cuando hay pobreza, y en este tema hicieron hincapié los especialistas. “El medio en que los más pobres se mueven es un medio fumador. Tienen poco acceso a la prevención, a la promoción de salud. No es gente que consulte habitualmente, y cuando lo hacen es porque tienen una afección. Todavía nos falta inserción, ver cómo llegamos al cantegril”, explicó la psicóloga de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer.

En Uruguay la Primera Encuesta Nacional de Tabaquismo –que realizó el Centro de Investigación para la Epidemia de Tabaquismo (ciet) en 2008– aportó datos similares a los de la encuesta mundial de 2009 (la emta de la Organización Mundial de la Salud), en la cual se veía una prevalencia de más del 30 por ciento en hogares de niveles socioeconómicos bajos, y del entorno del 15 por ciento en los de niveles medios y altos.

El consumo de tabaco de armar es mayor en los quintiles más pobres. Los hombres fuman sobre todo tabaco de armar; las mujeres, cigarrillos de contrabando. Fumar todavía puede ser barato, y esa es una de las razones –apuntó el economista Dardo Curti, investigador del ciet– por las que “la política de control de tabaco ha llegado en menor medida a estos hogares”. “El aumento en el precio no los afecta igual que a los hogares que fuman cigarros legales.” Y si consumen de los ilegales ni siquiera se exponen a la campaña impresa en las cajillas. “El que fuma cigarrillos 51 ni se entera”, observó el sociólogo Marcelo Boado.

En el fondo, explicó Sica, en las familias de bajos recursos el problema del tabaquismo está “en el centésimo lugar”. “Las mujeres de las que hablamos tienen que tratar de llevar un peso a la mesa, tener bajo techo a sus hijos cuando llueve, una fuente de calor para calentarlos…Cuando vivís en un rancho de lata el tema del tabaco queda para atrás, porque se siente como una de las escasas gratificaciones personales que van quedando.”

Artículos relacionados