“Estamos navegando a tientas hacia un nuevo bipartidismo”

A juicio del senador José Mujica ha llegado el momento de que el Encuentro Progresista haga un balance de las elecciones. Además cree necesario rediscutir la candidatura única y abrir el debate sobre la procedencia de los acuerdos interpartidarios, hasta ahora un recurso exclusivo de los partidos tradicionales.

—El FA acordó evaluar todo el proceso electoral después de las municipales. ¿El MPP ya hizo su propio balance?

—No. La presión del esfuerzo electoral nos ha tenido al golpe del balde. Nos prohibimos pensar para poder gastar todo el tiempo en hacer, pero así no se puede seguir ininterrumpidamente. Ya es hora de hacer el balance, ver nuestro haber y nuestras fallas y tratar de enfrentarlas.

—¿Por qué el FA no ganó en Canelones? ¿Por qué no ganó alguna otra Intendencia, como al principio se pensó que ocurriría?

—No creo que haya una única causa. Quizás la principal sea que hubo una especie de balotaje. Eso pasó en Canelones y en Paysandú, y en menor medida en Maldonado. Fue muy claro en Canelones: el desmoronamiento del PN con respecto a octubre no tiene otra explicación. Es evidente que a Lacalle lo desobedeció la mitad de su partido. Hubo un voto en masa que pasó al PC. Nuestra presencia electoral fue bastante buena en Canelones –yo creo que podría haber sido mejor, pero ahí entran otros factores–, y en circunstancias normales tendríamos que haber ganado.

De ese modo el balotaje, que surgió como una figura institucional para ponerle un palo en la rueda al EP, pasó a ser un instrumento político. La desaparición del PC en San José es otro fenómeno por el estilo. La gran interrogante que se le presenta a la izquierda mirando al futuro es qué hace frente al balotaje no oficial, que va de la mano de los cuadros medios de las estructuras partidarias, más allá de lo que digan las direcciones. Me pregunto si algo de esto no ha pasado en Rocha, con nosotros: ¿no hubo votos encuentristas atrás de Irineu Riet Correa? En este caso no por mandato de nadie, sino por una valoración política de algunos encuentristas que decidieron por la de ellos y se acabó. ¿Cómo se explica la caída de Asamblea Uruguay en Rocha, que fue muy grande? ¿Adónde fueron esos votos? Sé que algunos compañeros nuestros también, poco o mucho, algo aportaron. Y menos mal, para el pueblo de Rocha, que salió Riet Correa y no José Carlos Cardoso o Adauto Puñales.

Este tipo de cosas va a acentuar la movilidad política: en algunos casos vamos a recibir garrotazos, en otros pueden ser un arma a favor. Nosotros no tenemos nada que perder con la movilidad. Por ahora, tenemos todo para ganar. Por ahora: nunca nada es definitivo. En alguna medida veo esto como un reacomodo de la visión política de Uruguay. Es como si estuviéramos, a tientas, navegando hacia un nuevo bipartidismo.

El otro gran factor que influyó en los resultados del Interior es el peso del clientelismo, algo en lo que Hackenbruch ha sido históricamente un campeón. Seguramente es por eso que Tabaré (Vázquez) habló del valor estratégico de Canelones con miras a las próximas elecciones nacionales: no tanto por lo que tendríamos nosotros, sino por lo que no tendrían ellos: el clientelismo de la Intendencia de Canelones. Le hubiéramos cortado una fuente de recursos para pudrirle la cabeza a la gente explotándole sus necesidades.

Algo parecido pasa con el PN: lo que logró ahora no es la recuperación del 18 por ciento; son 13 intendencias, con sus aparatos, que le permiten seguir dale, dale y dale y dale. Son resortes de poder, que sirven para hacer clientelismo, y amiguismo, toda esa cosa desgraciada de la democracia uruguaya. Cuando me dicen que este proceso electoral ha sido perfecto, ejemplar, me pregunto ejemplo de qué. El PN es increíble: cuando Moreira ganó en Colonia la primera vez, creo que había 16 jerarcas municipales procesados. Ahora tuvo un gorro de la gran flauta en la Junta de Juan Lacaze y volvió a ganar. Y en Maldonado te lo voglio dire… Es como si la sociedad uruguaya convalidara esos comportamientos. Me pregunto si no estaremos en el camino de México.

—Usted ha planteado que la izquierda tendría que repensar, por lo menos, su posición tradicional de candidatura única.

—Yo en esto quiero representar a todos esos compañeros de base, que no tienen “representación académica” en la dirección de los partidos. Pero quien ande por ahí abajo, el chamuyo éste lo siente. Tenemos una especie de oficialismo que, por las razones que fueren, está embebido de una cultura para la cual lo de la candidatura única es una cuestión de principios. Estos otros compañeros dicen que en esto no tienen nada que ver los principios. Sería una inmoralidad sumar votos con otro candidato al cual se está acusando de las peores cosas, como hizo Eduardo Chiesa con Hackenbruch. Pero nada impediría que, por lo menos en algunos lugares, la izquierda postule dos candidatos. Con el mismo programa, eso sí. Eso permitiría una mayor capacidad de captación por esa pertenencia a distintos espacios que tienen los hombres. Eso es lo que dicen, sobre todo en Paysandú y en Canelones. A mí me han hablado hasta el cansancio de lo que hubiera significado la candidatura de Marcos Carámbula en la ruta 5 y en Las Piedras. Esto no va en desmedro de Spinoglio, de quien tengo una visión muy positiva. Pero de repente puedo tener un candidato bueno para un lugar y no tan bueno para otro, donde es posible que haya uno mejor. Es un tema de congreso, porque fue en un congreso que se resolvió que hubiese candidatura única. Habrá que discutirlo. Lo que no puede ser es que, por tratarse de un problema delicado, hagamos como que no existe. Yo reconozco que la candidatura única ha sido una tradición y una bandera del FA. La cuestión es si en este cuadro de elecciones municipales, estrictamente, esto es algo que atañe a los principios. Eso es lo que tenemos que analizar.

—Todo indica que la Costa de Oro es mayoritariamente de izquierda. Pero una enorme cantidad de frenteamplistas no trasladó su credencial y sigue votando en Montevideo…

—Es otro factor que incidió mucho. Es una falla de la capacidad de orientación a los militantes. No fuimos capaces de convencer a nuestros compañeros de la importancia de ese trabajo, que es duro y tedioso, pero que pudo cambiar el resultado de esta elección. ¡Si habrá gente para trasladar! Porque no es sólo en la Costa de Oro: también hay cantidad de compañeros que viven en La Paz y votan en Montevideo. Pasa también en Rincón de la Bolsa, que ha tenido un crecimiento explosivo y que dentro de diez años tendrá más población que la propia capital de San José.

—Es cierto que quien gana una vez una Intendencia tiene más posibilidades de volver a ganarla. ¿Qué pasa con la de Montevideo, que es la tercera vez que gana la izquierda, y cada vez con un porcentaje mayor?

—Es que en este país se da una cosa curiosa: la corrupción da un margen de rédito político, pero la honradez administrativa también. La única gran genialidad del gobierno de Montevideo es esa. Parecería que en Uruguay, siendo honrado, ya se gana políticamente. Montevideo no ha sido el gobierno de Mandrake. Tuvo limitaciones y seguramente se cometieron errores, pero no se le dispararon montañas de azúcar llevadas por las hormigas, y ese tipo de cosas.

—Así como usted afirma que en Rocha hubo muchos frenteamplistas que por decisión personal votaron a Riet, ¿no llegará el momento en que la izquierda deba hacer orgánicamente ese tipo de acuerdos?

—Sin duda que el EP tiene que empezar a discutir si es válido o no utilizar ese recurso. La pregunta que me hago es si no podremos usar un mecanismo que blancos y colorados utilizan contra nosotros. Pensemos en octubre: balotaje nacional. ¿Es lícito o no ir a negociar con fulano de tal un programa, un acuerdo departamental para apoyarlo en tal lado, y a comprometerlo en el respaldo en el balotaje? ¿Sí o no?

Blancos y colorados, cuando estaba en cuestión el gobierno nacional, negociaron todo. Nosotros en octubre no estábamos en condiciones de plantearle nada a nadie. Porque antes que nada, para que sea válido, hay que saber si nuestros compañeros están en condiciones de entender este tipo de cosas y si las aprueban. Una fuerza de izquierda no puede discutir estas cosas a espaldas de su gente. Tenemos que empezar a hablar de todo esto con nuestros compañeros. Porque puede llegar la ocasión de hacer este tipo de acuerdos.

—¿Hay ambiente en el FA para evaluar el proceso electoral y para discutir este tipo de asuntos?

—Yo no me voy a callar. Que es una forma de obligar a la discusión.

 

Guillermo Waksman

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