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De la integridad moral y otros inconvenientes

Alcanzar la “integridad moral” no es fácil. No lo logra, ciertamente, un adolescente. Pero algunos lo alcanzan bastante precozmente, lo que hace que el mundo se les haga un poco más conflictivo. Es lo que le pasa a Teo.

Puede que un día cualquiera nos preguntemos: “¿Quién soy?”; una profunda pregunta por nuestra identidad. ¿Cómo responder? No soy los datos de mi cédula de identidad, porque yo no los elegí. No soy docente, porque eso sólo ocupa algunas horas de mi vida. No soy la hija de fulano, porque hace tiempo tomé un camino independiente. Pero cuando alguien me recomienda para un trabajo, me presta dinero, o me pide que me quede a cuidar a su hijo, es porque sabe quién soy. ¿Pero qué es lo que sabe? La respuesta, tal vez, esté en mis cualidades morales.

En la película uruguaya La demora, María abandona a su padre, que sufre de Alzheimer, en una plaza con la esperanza de que el Mides lo recoja. Su plan habría resultado si no fuera porque el padre se niega a recibir auxilio de los asistentes sociales...

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