La trampa justificada

El mes pasado supervisores de la ciudad china de Xi’an descubrieron, con las manos en la masa, a casi 2.500 estudiantes involucrados en un sofisticado plan para copiar en una prueba. En ese país, copiar en un examen es tan corriente que seguir las reglas se convierte en una desventaja.

El destino de miles en el examen Gaokao

El mes pasado supervisores de la ciudad china de Xi’an descubrieron, con las manos en la masa, a casi 2.500 estudiantes involucrados en un sofisticado plan para copiar en una prueba. Con el objetivo de aprobar el examen nacional de licenciatura en farmacéuticos, los estudiantes usaron audífonos ocultos que recibían transmisiones desde fuera de las aulas.

La conspiración fue de nivel profesional, y tuvo un alto grado de coordinación. Unos pocos falsos candidatos entraron al examen con el resto de los estudiantes; después de memorizar las preguntas, salieron del aula. A continuación trasmitieron las respuestas correctas a los audífonos de los estudiantes, que habían pagado 330 dólares cada uno por el servicio. El plan se vino abajo cuando los supervisores, que vigilaban las comunicaciones de radio precisamente para evitar este tipo de fraude, detectaron las trasmisiones.

De los 25 mil estudiantes que tomaron el examen en la provincia de Shaanxi, aproximadamente uno de cada diez estuvo implicado. La escala de este escándalo es especialmente llamativa, pero la práctica de copiar en las pruebas es un problema recurrente en China. Durante el pasado junio, cerca de 9,4 millones de estudiantes de secundaria tomaron el “examen Gaokao”, que determina a quiénes se va a admitir en las plazas limitadas de las universidades chinas. Esta prueba (que oficialmente se llama Exámenes Nacionales Educativos de Ingreso), dura dos días y exige años de preparación. Todos los años los administradores descubren casos de fraude que a veces hasta gozan del beneplácito de los padres.

El periódico británico The Telegraph dio cuenta en un artículo de otro intento de trampear un examen de Gaokao. En este caso la administración desenmascaró a 800 estudiantes que tenían la intención de copiar en la prueba. La consecuencia fue que ese mismo día más de 2 mil personas, tanto estudiantes como padres, se apiñaron fuera del edificio donde se hacía el examen, atrapando dentro a los supervisores. La multitud empezó a tirar piedras y a destrozar coches, mientras gritaba: “¡Queremos justicia. No hay justicia si no nos dejan hacer trampa!”.

Los exámenes híper competitivos en China no son un fenómeno nuevo, de hecho forman parte de esta cultura desde hace más de 2 mil años. Los primeros se instauraron durante la dinastía Han (206 a C-202 d C) para escoger a quienes ocuparían ciertos puestos en la corte. Luego la dinastía Sui (581-618) creó el Keju, un examen central que seleccionaba a los administradores y funcionarios de todo el imperio chino. El Keju medía el conocimiento de la filosofía y los textos confucianos, así como de otras disciplinas, y aprobarlo era una de las pocas vías de movilidad en la sociedad estratificada de la China imperial. El Keju continuó haciéndose hasta 1905, cuando en su campaña para modernizar el país la dinastía Qing lo abolió. Sin embargo el Gaokao de hoy continúa el espíritu de meritocracia confuciano.
La nota recibida en este examen puede determinar el destino no sólo del estudiante sino también de su familia. El sistema chino de seguridad social y pensiones no alcanza para cuidar a sus 123 millones de habitantes mayores de 65 años. Por eso los padres chinos, cuando son demasiado viejos para trabajar, a menudo dependen del apoyo de su hijo. Aprobar el examen con una nota alta es la mejor garantía que tienen de alcanzar la estabilidad económica.

Como decían los padres que protestaban, copiar en un examen es tan corriente que seguir las reglas se convierte en una desventaja. Hasta el gobierno municipal aparentó estar de acuerdo con los manifestantes, al describir las reglas de la prueba como “demasiado estrictas”. Cuando unas horas en una sala de examen tienen tanto peso y las consecuencias son tan serias, cualquier estrategia para aprobar, incluido el hacer trampa, parece no sólo ser necesaria sino además estar justificada.

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