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A las escondidas en el batallón

No sé cómo mis padres se enteraron de que el padre de Alicia era militar. Tal vez ella lo contó un día en mi casa, orgullosa, mientras tomábamos la leche. Yo no tenía la menor idea de lo que significaba.

Tuve una infancia rara. Mi familia vivió al margen de la dictadura. Fue en esa época cuando mi padre hizo mucha plata con su pequeña fábrica de artículos sanitarios. No conocíamos a gente desaparecida ni presa. Del tema ni se hablaba.

En el año 1977 nos mudamos del Cerro a nuestra nueva casa en las inmediaciones del Prado. Una casa hermosa de dos pisos y balaustres en el balcón. Al mes de haber llegado cumplí 9 años. Era feliz ahí porque en mi cuadra vivían varias niñas de mi edad. Yo era muy tímida, pero cuando lograba relacionarme en la intimidad, siempre generaba grandes amistades, todo lo grande que puede ser una amistad a esa edad.

Alicia me eligió como su mejor amiga ese mismo verano. Fue un privilegio insólito. Le caí bien y entonces me invitaba a entrar a su casa dejando a to...

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