Lo que no dice la nota sobre la doctora Alicia Castro Rivera – Brecha digital

Lo que no dice la nota sobre la doctora Alicia Castro Rivera

“La nota titulada ‘Los platos de la balanza’ ha querido dañar la identidad de la doctora Alicia Castro Rivera, lo que impone una explicitación sobre situaciones ocurridas hace 40 años.”

La verdad a medias es la peor de las mentiras. La mentira puede obedecer a la deshonestidad de quien la dice, o a la ignorancia, y de manera inconsciente multiplicar la falacia. Se ha dicho que el pasado es un país extranjero y, por eso, no accesible para todos. De ahí que cada generación deba reconstruirlo según los instrumentos a que acceda. En el artículo titulado “Los platos de la balanza”, de la edición del semanario Brecha del 02-X-15, se recogió la versión dada por tres ex funcionarias de esa casa de estudios y se omitió alguna otra que no concordaba con las supuestas denuncias publicadas. La memoria tiene que ver no sólo con el pasado sino con la identidad de las personas y se ha querido dañar la identidad de la doctora Alicia Castro Rivera, lo que impone una explicitación sobre situaciones ocurridas hace 40 años.

Hechos. No es cierto que la doctora Alicia Castro Rivera haya servido a la dictadura (1973-1985) y, por ende, a la intervención que asumió la conducción universitaria a partir del 27 de octubre de 1973. Trabajó sí como secretaria durante dos años del decanato de Luis Sayagués Laso, en la Facultad de Derecho de la Udelar entre julio de 1974 y julio de 1976. Si la doctora Castro Rivera hoy considera un error haber aceptado ingresar a esa facultad intervenida, como consta en el artículo de referencia, sostengo que ese error fue enmendado con creces y desconozco la razón por la que la actual ministra del Tribunal de lo Contencioso Administrativo no lo explicitó en la entrevista de prensa. Quien esto testimonia, entonces integrante de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (Feuu), fue quien expresamente se encargó de pedirle a la doctora Castro Rivera que permaneciera en su cargo. La solicitud fue hecha luego de una decisión adoptada colectivamente ante la preocupación de la doctora Castro Rivera, expresada a inicios de 1975, sobre si debía permanecer o no en su puesto como funcionaria en la Facultad de Derecho intervenida.

Contexto. La intervención universitaria significó la destitución o renuncia de numerosos docentes en todas las facultades, así como la proscripción de toda actividad gremial e imposición de un régimen cuasi castrense para la vida en los claustros.

Actitud. El rechazo a la intervención y a la dictadura que ensombrecía el país llevó a la doctora Castro a establecer contacto con un sector de la resistencia antidictatorial que en ese tiempo actuaba en la ilegalidad y la clandestinidad. Para quienes en eso estábamos, era vital conocer, dentro de lo posible, cualquiera de los manejos de la intervención y tener acceso a lo que pudiera pergeñarse por las autoridades de la época. Ante la consulta de la doctora Castro Rivera se le pidió que permaneciera en su cargo en el entendido de que podía ser de utilidad a los objetivos de las fuerzas políticas antidictatoriales. Y la doctora Castro Rivera aceptó. Así de simple se escribe hoy. Quienes siempre estuvimos en el país oponiéndonos en la medida de nuestras fuerzas a la dictadura, vale decir los miles y miles de uruguayos que de diferentes maneras lo hicimos, sabemos el doble peligro en que incurría. La actitud de la doctora Castro Rivera nos permitió saber de antemano y prevenir o, en su caso, retardar muchas contingencias. Entre otras, permitió que los legajos de funcionarios [de la Facultad de Derecho] a quienes se les trasladaba a determinados departamentos, como paso previo a la destitución, fueran demorados en cajones de su escritorio, en algunos casos, ante expresa solicitud de quien esto escribe.

Constancia. A mediados de 1976 la doctora Castro Rivera renunció a su cargo. Su actividad quedó a resguardo de la firmeza de quienes, conociéndola, nunca la delataron ni en la tortura. Es importante consignar esto porque la infamia es también contra esa memoria. Me consta que la doctora Castro Rivera mantuvo su consecuente actitud antidictatorial hasta la caída de la misma así como su solidaridad para con numerosos militantes clandestinos de entonces. No me anima ninguna intencionalidad partidaria. Hace un cuarto de siglo que no tengo praxis político-partidaria. No estoy opinando sobre la idoneidad de la doctora Castro Rivera respecto de actuales o futuras responsabilidades en el Poder Judicial. Mi pronunciamiento obedece exclusivamente al protagonismo y la consecuente responsabilidad de una peripecia valerosa, como lo fue la de la doctora Castro Rivera, que hoy, por vesania o ignorancia, se pretende mostrar ante la opinión pública como ignominiosa. La dictadura dejó secuelas más o menos graves en miles de personas. No multipliquemos los daños ya generados en la sociedad uruguaya por las visiones hemipléjicas del pasado reciente, con relatos ajenos a la historia y –más grave aun– que difaman e injurian.

    N de R: La nota a la que hace mención el señor Machín contiene, entre otras, declaraciones de tres ex funcionarias de la Facultad de Derecho, de la senadora Mónica Xavier y de la propia ministra Castro Rivera, que reconoce que durante dos años fue la secretaria del interventor Sayagués Laso y lo cataloga como un error. Asimismo se da cuenta del aval de organizaciones feministas, que consideran a la magistrada con mucho conocimiento y sensibilidad en lo relativo a los temas de violencia de género.
    Si bien la carta de Machín está cargada de epítetos e infiere malignas intenciones en el artículo publicado, el mismo es sumamente ponderado y plantea la compleja situación con que se encontraron las tres senadoras del FA que tuvieron que negociar el ascenso de jueces al Tca y la Suprema Corte. Cabe señalar que ninguno de los entrevistados –incluidos Castro; el ex decano de Derecho y actual ministro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Alberto Pérez Pérez; la ex senadora Margarita Percovich y el dirigente del Pvp Carlos Coitiño– hacen mención a la versión de Machín de que la Feuu le solicitó a Castro que permaneciera en su cargo.

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