Los indignados al asalto de las instituciones

Al comprobarse que eran muchos miles, los retaron a entrar en política “si querían cambiar algo”. El 15M, el movimiento colectivo de protesta sin el cual es imposible explicar la España actual, hoy entra en los ayuntamientos de las principales ciudades y se convierte en la llave de diferentes gobiernos regionales.

Foto AFP Pedro Armestre

Las elecciones autonómicas y municipales celebradas el domingo pasado en España dejan un primer intercambio de golpes con tres principales consecuencias, al menos hasta la batalla final de los comicios generales de noviembre. Las mayorías absolutas no son para el presente; la derecha se desploma pero continúa siendo la opción más votada; y la izquierda indignada se conjuga en plural, reforzada por una convergencia que ninguna formación en solitario es capaz de emular.

El recuento de votos muestra las siguientes cifras para la hemeroteca: de los 35,5 millones de españolas y españoles llamados a expresar su opinión, lo hicieron algo más de 23 millones, es decir, el 65 por ciento. Eligieron lo siguiente: Partido Popular (PP, 27 por ciento), Partido Socialista (Psoe, 25) y Ciudadanos (6,5). En esta escala hay que introducir necesariamente un apartado de “otros” cercano al 30 por ciento, que engloba principalmente a las diferentes coaliciones de izquierda organizadas a lo largo y ancho del territorio, lideradas unas veces por Podemos y otras por candidaturas ciudadanas independientes. No se presentaban bajo una marca única, así que su análisis debe ser individual.

Es por ejemplo el caso de las dos principales ciudades del país. En la capital, Ahora Madrid ha estado liderada por la jueza Manuela Carmena (71 años), una histórica defensora de los derechos humanos que quedó en segundo lugar, apenas un escaño por debajo de la lista conservadora. En la capital catalana la fuerza más votada fue Barcelona en Común, encabezada por la activista contra los desalojos de viviendas Ada Colau (41 años, véase recuadro). A expensas de los pactos poselectorales, ambas se perfilan como alcaldesas. Otra mujer de la izquierda alternativa que está llamada a tener mucho peso es Mónica Oltra (45 años), que ha colocado a Compromís en el tercer lugar de la Comunidad Valenciana. Es el crisol de formaciones que florece a la izquierda del Psoe, al que en muchos casos todavía necesitan para alcanzar mayorías. Agrupaciones como Podemos, pero también Izquierda Unida, Compromís (presente sólo en Valencia), Geroa Bai (Navarra) o la Chunta Aragonesista (en Aragón) están llamadas a formar parte de ese viraje a la izquierda que ha señalado el electorado español. Juntas han demostrado una fuerza que supera en mucho a la de Podemos en solitario (su cota máxima es el 20 por ciento logrado en Aragóbaho). Todos beben de un 15M indignado que ninguna sigla monopoliza por sí sola.

VÍCTIMAS DEL SISMO. “Ha ocurrido un terremoto en el sistema de partidos español”, resume para Brecha el analista Julio Embid, subdirector del Laboratorio de la Fundación Alternativas. El tradicional bipartidismo, sujeto a lo largo de casi cuatro décadas en torno al eje centro-derecha del PP y centro-izquierda del Psoe “ya no existe”, explica Embid, quien señala a los “mayores damnificados”. Sobre todo el presidente Mariano Rajoy, “cuya credibilidad dentro de su partido ha quedado seriamente tocada, planteándose la posibilidad de un relevo de cara a las próximas elecciones generales”. De momento, el líder conservador se ha reafirmado en el cargo.

La lista de perjudicados la completarían dos formaciones que quedaron por debajo del 5 por ciento en los votos y que podrían desaparecer. Se trata de Izquierda Unida (4,7 por ciento), durante mucho tiempo el tercer partido estatal en discordia tras los dos grandes y que hoy se ve devorado por sus peleas internas. Y Unión, Progreso y Democracia (Upyd, 1 por ciento), nacido en 2007 al abrigo de una líder ex socialista vasca pero al que Ciudadanos ha desbancado como opción de centroderecha.

El análisis quedaría incompleto sin el varapalo que se han llevado el PP y el Psoe. Ambos tienen serios motivos de preocupación, toda vez que la representación del bipartidismo dibuja una trayectoria claramente descendente: 70,5 por ciento en 2007, 65,3 en 2011 y el 52 por ciento actual, su peor dato en elecciones municipales. Pero las cosas que caen no siempre de­saparecen. Continúa habiendo PP y continúa habiendo Psoe, dos formaciones hoy más que nunca de perfiles futuros difusos pero que algunos se empeñan en enterrar antes de tiempo. Muy tocados en los principales centros urbanos y capitales de provincia, permanecen fuertes en el interior del país.

Así lo explica Pablo Iglesias, el líder de Podemos, en el primer comentario poselectoral que ha compartido en su bitácora personal: “Aunque de manera más lenta de lo que esperábamos y deseábamos, el bipartidismo ha dejado de servir para entender el sistema de partidos en España. El PP y el Psoe han tenido su peor resultado desde la transición. Aunque resisten bien en algunas de las comunidades autónomas menos pobladas”.

TODOS GANAN (O ESO DICEN). La dirigencia política es muy proclive a reducir los mensajes a imágenes. Y en ese sentido, todos sin excepción airean su triunfo en los comicios del domingo. Nada nuevo bajo el sol electoral español.

El Partido Popular se congratula de seguir siendo la primera opción, una media verdad que respaldan los 6 millones de votos cosechados. La otra media verdad son los más de 2,5 millones que se han dejado por el camino desde las anteriores elecciones municipales y autonómicas. En total, un desplome de 11 puntos con respecto a los comicios de hace cuatro años.

Pedro Sánchez, el líder del Psoe, reivindicó a su fuerza política como la primera de la izquierda, otorgándose la “responsabilidad de articular gobiernos progresistas”. Algo que no sucede en Navarra, ni en Cantabria, ni en municipios como la propia Barcelona. En el cómputo comparativo global, la caída socialista es de dos puntos o 700 mil votos menos que en 2011, que era ya su peor pesadilla hasta la fecha.
Izquierda Unida también ha sacado pecho en las horas poselectorales. “¡Buenos resultados en las municipales. Hemos mejorado por mucho la representación en ayuntamientos!”, escribió en las redes sociales su líder, Cayo Lara. Aunque en el ámbito autonómico desaparezcan en Madrid y en Extremadura y en Murcia y en la Comunidad Valenciana… Sectores internos de la formación han vuelto a agitar el árbol, acusando de “irresponsabilidad manifiesta” a la dirección.

Entre los nuevos actores, Ciudadanos proclama a los cuatro vientos haber culminado con éxito su primera incursión en todo el territorio nacional. Así lo atestigua el haber pasado prácticamente de cero a ser la tercera fuerza municipal, según ha proclamado su líder, Albert Rivera. Se olvida mencionar que las expectativas creadas eran mayores, que son terceros sólo pasando por alto el apartado de “otros” y que sus resultados en Cataluña, la tierra que les vio nacer y donde en teoría mejor les conocen, los dejan como mera comparsa.
Incluso Pablo Iglesias ha comprobado en sus carnes cómo la diversidad de las izquierdas hace la fuerza. El éxito allí donde sus círculos confluían con otras corrientes ha sido mayor (como en Madrid y Barcelona) que en las urnas autonómicas, a las que sí se presentaban con la marca Podemos (sumando todos sus votos autonómicos, rondan el 14 por ciento).

LA BATALLA DE NOVIEMBRE. El desenlace tendrá lugar a finales de año, con los comicios generales. Por ley deberían celebrarse a partir del 20 de noviembre, día en que acaba la actual legislatura, y como tarde el 20 diciembre; la Constitución permite ampliar el plazo hasta el 17 de enero.

Para esta batalla final Podemos ha prometido presentarse con sus siglas; y precisamente de su capacidad para aunar a las diferentes izquierdas dependerá el éxito de su empresa. De eso y de cómo se retraten ideológicamente tanto la formación de Pablo Iglesias como la de Ciudadanos, pues ambos han jugado hasta ahora a la indefinición del “ni de izquierdas ni de derechas”, una ambigüedad con rédito electoralista que se antoja ya imposible. Toca sentarse a formar gobiernos municipales y autonómicos, y en muchos casos la disyuntiva está entre un frente popular de tres o más formaciones (incluidos los socialistas) o una gran coalición PP-Psoe (la opción “a la alemana” por la que apuestan los grandes empresarios y las grandes fortunas).

Según las últimas encuestas, las cuatro formaciones que se presentan con aspiraciones reales de alcanzar la presidencia (populares, socialistas, Podemos y Ciudadanos) parten de una situación de aparente igualdad: entre el 18 y el 23 por ciento de intención de voto cada una. Julio Embid recuerda los engranajes de la representación española: “El sistema electoral, cuyos distritos son las provincias, hará que el cuarto partido quede muy lejos en número de diputados, al escoger tres por cada provincia pequeña. De quien quede cuarto tendrá mucho que ver quién gobernará, pues la suma de los partidos segundo y tercero será superior al que termine primero”.

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