“Los pobres son flojos y les falta voluntad (sic)”

Así parece que un porcentaje importante de la población uruguaya (45 por ciento) cree que son los ciudadanos que se encuentran en situación de pobreza; “flojos y carentes de voluntad”, según los resultados divulgados por la Opp y fruto de una encuesta de opinión sobre valores en nuestro país.

Prefiero abstenerme de opinar respecto a por qué se percibe de este modo la pobreza o, mejor dicho, propiamente a los pobres. No obstante formularé breves anotaciones de orden metodológico por un lado y en el plano político por otro.

En primer lugar, en el informe de referencia se explica la metodología utilizada para el relevamiento de opinión (tamaño de la muestra, técnica aplicada) y luego se presentan los resultados. Sin embargo no se explica por qué se utilizó para esta variable un tipo de respuesta formateada con dos opciones posibles. Esto supone establecer por parte de los que diseñaron la encuesta y de antemano sólo dos respuestas a las que se agrega el clásico “no sabe”. En otras palabras, al entrevistado se le brindan dos posibles respuestas, induciéndolo hacia determinadas interpretaciones de la pobreza o de “por qué cree que hay gente necesitada en Uruguay”, tal y cual está formulada la pregunta en el cuestionario. Por un lado la pobreza se explicaría “porque la sociedad los trata injustamente”, con lo cual la responsabilidad sería colectiva, involucrando lógicamente también a la persona que está siendo entrevistada, o incluso dando un margen de interpretación muy amplio de lo que la respuesta pautada podría sugerir. ¿Qué significa ese trato injusto? ¿Ausencia de oportunidades, falta de trabajo o de un empleo, salarios injustos, educación limitada? ¿Discriminación o exclusión? Todo ello y mucho más; por tanto una respuesta afirmativa podría dar lugar a un arco más o menos grande de posibles razones o causas del trato injusto.

Por otro lado, al optar por la otra respuesta, o sea “por flojos y falta de voluntad”, se traslada la responsabilidad obviamente a los ciudadanos que se hallan en situación de pobreza o de privación material. Es decir que podríamos también interpretar que las personas pobres no querrían superar su condición social o no tendrían interés, tal vez porque no tuviesen incentivos o motivaciones suficientes para hacerlo; o porque no tendrían las capacidades ni habilidades para escapar de la pobreza; o simplemente por comodidad y holgazanería al preferir sobrevivir al día sin importarles el futuro más o menos mediato. Lo que parece claro es que una percepción de los pobres y la pobreza resulta algo mucho más complejo y no se puede sintetizar en dos posibles respuestas. En este sentido los encuestadores se perdieron la posibilidad de registrar la riqueza de los matices existentes en las múltiples valoraciones respecto de un determinado problema social. Quizás no fuese el objetivo de la encuesta, eso es comprensible. Lo que resulta criticable es el reduccionismo de los enunciados que valida dos y sólo dos posibles respuestas a la situación en que se encuentran aún varios miles de uruguayos.

En segundo lugar quisiera advertir dos riesgos ante la evidencia que nos ofrece el informe: la estigmatización se podría haber estado potenciando en estos últimos años, en la medida en que un porcentaje significativo le adjudica la responsabilidad a los pobres por su propia situación; y la presencia de un análisis ligero, simple y demasiado burdo respecto de una cuestión tan sensible. Las políticas públicas diseñadas y aplicadas desde el año 2005 por el Frente Amplio en el gobierno tuvieron como impacto inequívoco la disminución de la pobreza y de la indigencia. La generación de nuevas fuentes de empleo, la regulación del mercado laboral y el aumento sensible del salario mínimo, entre otros factores, explican en buena medida dichas tendencias. Por su lado, las transferencias monetarias condicionadas también tuvieron efecto en la reducción –muy particularmente– de la extrema pobreza. Y entonces, ¿por qué sigue habiendo pobres en Uruguay? ¿Será que el 10 por ciento de la población uruguaya “es floja y sin voluntad”?; o sea que más de 300 mil compatriotas no quieren salir de su situación de pobreza porque son vagos y holgazanes, faltos de voluntad, o flojos, o simplemente porque se encuentran “a gusto” con sus condiciones de vida. Me parecería absurdo demostrar que los 300 mil uruguayos (entre los cuales hay un porcentaje importante de niños y niñas) no son flojos o carentes de voluntad. Estos atributos no son patrimonio de una clase social: hay flojos, vagos y holgazanes entre los ricos, las clases medias y los “desclasados”. Para explicar la pobreza deben entenderse los clivajes del capitalismo, las leyes del mercado y alguno que otro elemento más. Al menos esa es mi percepción.

Christian Mirza es licenciado en trabajo social. Magíster en ciencia política. Investigador de Clacso. Fue director nacional de Políticas Sociales durante el primer gobierno del Frente Amplio.

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