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Para medir el aguante

Las elecciones municipales y autonómicas de este domingo suponen un adelanto de los resultados de las próximas elecciones generales que indicarán si el pueblo español apuesta por conservar la fórmula del bipartidismo tradicional, o si por el contrario opta por la (difusa) reforma ciudadana del movimiento 15M.

En Barcelona la alianza Unidad Popular, dirigida por Ana Colau, es una alternativa real de gobierno / Foto AFP Josep Lago

Hace mucho que los sondeos no se contradicen ni varían tanto en intervalos tan cortos. Madrid pasó, en apenas diez días, de tener una amplia mayoría a favor del Partido Popular a un empate técnico con la plataforma ciudadana Ahora Madrid. Y es que se estipula que hay entre un 30 y un 45 por ciento de indecisos en todas las autonomías, y que serán clave en el resultado de estos próximos comicios. Mientras tanto, estos votantes volátiles están volviendo locas a las encuestadoras, cuyos investigadores afirman que esta vez hay que tomar sus resultados con más cuidado que nunca, debido entre otras cosas a la cantidad de partidos que han surgido en el último año.

Por la derecha, el partido que mayor crecimiento ha experimentado es Ciudadanos (véase nota adjunta), situado por los sondeos como tercera o cuarta fuerza política según el territorio. Su líder, Albert Rivera, ex militante del PP, se inviste como adalid de la unidad de España desde el centro político y contra la corrupción. Sin embargo, su inclinación xenófoba a excluir a los inmigrantes ilegales de la cobertura sanitaria, sus declaraciones contrarias tanto al matrimonio homosexual como al aborto, y su negativa a condenar el franquismo, hacen que sea evidente su posicionamiento marcadamente derechista y conservador, que le ha otorgado la denominación de “marca blanca del PP” por algunos sectores. También resultan notorios sus vínculos con diversos círculos de empresarios de diversas comunidades autónomas, cuyos integrantes se postulan como candidatos por este partido en algunas localidades. Y es que en su programa se encuentra una idea que propuso el banco Bbva hace unos meses, destinada a abaratarles a los empresarios el despido de sus empleados: la conocida como “mochila austríaca”. Esta medida consiste directamente en destinar un porcentaje del sueldo del trabajador a formar un fondo con el que él mismo se pagaría su propia indemnización en caso de ser despedido. Esta concepción del trabajo y la economía, junto a su cosmovisión conservadora, han hecho que los principales medios de comunicación del país le hayan arropado especialmente, lo que ha hecho posible ver a su líder divirtiéndose en populares magazines televisivos en prime time, en los que Rivera pudo mostrar su lado más lúdico y desenfadado al público español.

Por la izquierda, varias iniciativas surgidas del movimiento del 15 de mayo de 2011 han llevado a cabo confusos procesos de unión y escisión. La mediática marca Podemos se presenta en las autonómicas (que se realizarán en toda España menos en Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía ) pero renuncia a las municipales con el fin de centrarse en las generales del próximo 20 de diciembre. Sin embargo, en algunos municipios se presenta bajo la marca paraguas Ganemos, y en otros integrará junto a otros grupos diversas candidaturas “de unidad popular”, como Barcelona en Común y Ahora Madrid.

Los últimos sondeos han dado alguna que otra sorpresa que les ha favorecido, como el supuesto éxito en la capital catalana de la carismática activista antidesalojos Ada Colau con su plataforma Barcelona en Común, fruto de la confluencia de agrupaciones como Iniciativa por Cataluña Verde, Izquierda Unida y Alternativa, Equo y Podemos. Esta organización política, según las encuestas, desbancaría al líder de la derecha independentista catalana Xavier Trías, conllevando la pérdida de la capital para Convergencia y Unión, algo que según el actual presidente de la Generalitat (el gobierno catalán), Artur Mas, puede tener efectos devastadores de cara a su proyecto soberanista neoliberal.

BARCELONA EN EL FOCO. Barcelona es el principal foco de atención para aquellos que apuestan por este tipo de cambio. En el cuarto aniversario del 15M la plataforma de Ada Colau celebró su crecimiento en las encuestas y, echando mano de ciertos episodios de la historia barcelonesa que configuran su imagen de capital pionera y vanguardista, sembró importantes expectativas acerca de la transformación de la capital catalana en la punta de lanza del cambio, convirtiéndola en “referente mundial de ciudad justa, democrática, transparente y valiente contra la corrupción”.

Por otro lado, en la capital española el liderazgo histórico del Partido Popular se está viendo amenazado por Ahora Madrid, un partido político autocalificado como “instrumental y sin vida orgánica”, formado exclusivamente para aunar apoyos en un intento de desbancar al PP en estas elecciones. En él confluyen sectores de Podemos, Izquierda Unida, y Ganemos Madrid bajo el liderazgo de la ex jueza Manuela Carmena, una veterana proveniente de la lucha antifranquista que con los años ha ido derivando su trabajo hacia instituciones más moderadas, ubicándose tras su jubilación en un think tank próximo al Psoe.

Varios analistas han coincidido en señalar las similitudes existentes ente Podemos y Ciudadanos en referencia a su marketing político. Ambas organizaciones parten de diagnosticar el problema de España como una crisis democrática herida fundamentalmente por la corrupción. Ambos coinciden en embanderarse con la juventud y la preparación de sus candidatos, así como con el rechazo de las ideologías tradicionales en pro de la unión de los españoles en torno a un difuso “sentido común”. Con esta estrategia tratan de recolectar la gran cantidad de votos volátiles que progresivamente han proliferado en el Estado español, debido, entre otras cosas, a la actual crisis estructural del sistema económico imperante. De todas maneras, sus programas difieren grandemente.

Mientras, el Partido Popular basa su campaña en instigar el miedo a lo nuevo, animando al público a seguir la senda de la recuperación que los mercados y los grandes capitales parecen celebrar. El Psoe, por su parte, se posiciona bajo la sombra del voto útil, afirmando, para diferenciarse de Podemos, ser “la izquierda que quiere y puede ganarle al PP”, según dijo recientemente su secretario general, Pedro Sánchez. Izquierda Unida, a su vez, que durante mucho tiempo fue la cuarta fuerza política del país, lucha ahora simplemente por sobrevivir, arrasada como ha sido por la irrupción de Podemos, cuyos dirigentes provienen, en buena parte, de la propia IU.

Así se configura en España “la fiesta de la democracia” del próximo domingo. Una fiesta que tendrá lugar sobre un trasfondo un tanto incómodo, marcado por los 2,3 millones de niños que viven bajo el umbral de pobreza, las 120 familias que se calcula cada día pierden su casa y los casi 5,5 millones de desempleados, que conjuntamente posibilitan que el 10 por ciento más rico de la población acapare cómodamente nada menos que el 55,6 por ciento de la riqueza del país. Sin duda estas elecciones servirán como termómetro de la capacidad de aguante del pueblo español, así como de su nivel de alienación.

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