Pablo Dabezies Antía (1940-2021)

Paul, vida sembrada y compartida

Documental Fe en la Resistencia

Pablo Dabezies fue un sacerdote uruguayo comprometido con los diversos desafíos de su tiempo, destacado por su formación académica como historiador y teólogo de la liberación, y recordado por varias generaciones como un pastor abierto, cálido e involucrado en la defensa de los derechos humanos.

Nació en Montevideo el 6 de julio de 1940, entró al seminario en 1954 y continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma hasta 1966. Cuando estaba en Roma participó del Concilio Vaticano II (1962-1965), evento que marcó claramente su perfil pastoral, social y teológico: una práctica de la fe abierta al mundo y activa en tender puentes. Fue ordenado sacerdote por monseñor Carlos Parteli en Montevideo, en 1968, año conflictivo en el que estuvo muy involucrado en un grupo ecuménico que acompañaba las luchas sociales, en especial las sindicales, y donde pastores protestantes y sacerdotes católicos analizaban de forma conjunta la realidad política a la luz de la Biblia.

Era un sacerdote implicado en los problemas sociales, en un momento en el que la Iglesia Católica uruguaya y el movimiento ecuménico en defensa por los derechos humanos tenían un importante protagonismo en la vida pública local. Por su compromiso eclesial, especialmente en el ámbito estudiantil, desde la Parroquia Universitaria fue interrogado por los servicios de inteligencia de la dictadura en diversas oportunidades. Consultado para el documental Fe en la resistencia (2018), Dabezies recordaba varios interrogatorios del oficial Alen Castro,1 especialista en temas religiosos y formado en la Escuela de las Américas, preocupado por detectar y denunciar la supuesta infiltración comunista en las iglesias.

Desde finales de los sesenta, la Parroquia Universitaria fue un lugar de mucha efervescencia social, que desbordaba las fronteras eclesiales. Allí Paul, como cariñosamente era llamado, se convirtió en un referente clave para varias generaciones de profesionales, intelectuales y militantes sociales cristianos, algunos católicos y otros que simple y profundamente se sentían convocados en la construcción de un mundo más justo. Este lugar se convirtió, para muchos jóvenes de su tiempo, en un espacio formativo y de acción sociopolítica muy relevante, al resguardo pastoral de Paul y de monseñor Parteli.

Como sucedía con muchos lugares donde se encontraban personas religiosas comprometidas y con visibilidad pública, la parroquia fue allanada en varias oportunidades. En ese contexto se decidió mover de allí la sede del secretariado latinoamericano del Movimiento Internacional Estudiantil Católico y de la Juventud Estudiantil Católica, y trasladarlo a la ciudad de Lima. Paul fue electo para el secretariado latinoamericano para el período 1974-1978 y eso lo llevó a la capital peruana. Más tarde, entre 1979 y 1983, desempeñaría un cargo similar, pero de alcance global, con sede en París. Desde esa posición asesoró incluso a movimientos estudiantiles de África y de India.

En este período fue y vino de Lima a Montevideo y siguió vinculado con el trabajo eclesial a nivel estudiantil, asesorando a Parteli y participando del quincenario Informaciones, de la Iglesia Católica (censurado en 1976). Desde 1974 ejerció la docencia en el Instituto Teológico del Uruguay «Monseñor Mariano Soler», fundamentalmente en el área de Historia de la Iglesia, y en 1995 obtuvo su doctorado en la Facultad de Teología del Instituto Teológico de París, con una tesis acerca de las relaciones entre la Iglesia y la sociedad en los documentos de la Conferencia Episcopal del Uruguay (1965-1985).

Durante su vida, Paul pudo mantener un pie en el trabajo parroquial local y otro en acciones de perspectiva sociopolítica y global. Otro de sus lugares de compromiso social fue el Observatorio del Sur, ONG católica ecuménica, que funciona desde 1988 en el mismo lugar y de forma conjunta con la Parroquia Universitaria. Desde allí siguió tendiendo puentes a través del Foro de Diálogo Interreligioso del Uruguay. En charlas, celebraciones y conversatorios planteados en este espacio emblemático, mantuvo una actitud comprometida con lo humano, promoviendo el reconocimiento de derechos para todos y todas, sin exclusiones sociales, étnicas, religiosas o sexuales. En la última etapa también fue portavoz del Diálogo por la Vida, un espacio de encuentro de organizaciones sociales preocupadas por la situación de la pandemia de covid en Uruguay. Hasta el último tiempo entre nosotros no descansó en su entrega. Su vida será recordada, porque su siembra fue amplia y fecunda.

1. Sentena de Alencastro era el nombre real de este represor, Alen Castro era el modo en que se hacía llamar.

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