El peor camino

Coca-Cola lanzó una campaña navideña llamada #Abretucorazón, que consiste en mostrar a un grupo de jóvenes que decidieron “darle algo muy especial” (reza el anuncio) a la comunidad mixe de Totontepec Villa de Morelos, en Oaxaca: un árbol de Navidad y botellas de Coca-Cola.

¿Qué necesidad tienen las multinacionales de mostrarse como amigas de los pueblos originarios? ¿Por qué incluyen en su publicidad la “solidaridad” con remotas comunidades indias que la mayor parte del planeta desconoce o no le interesan?

No resulta sencillo hilvanar respuestas. Lo cierto es que Coca-Cola lanzó una campaña navideña llamada #Abretucorazón, que consiste en mostrar a un grupo de jóvenes que decidieron “darle algo muy especial” (reza el anuncio) a la comunidad mixe de Totontepec Villa de Morelos, en Oaxaca: un árbol de Navidad y botellas de Coca-Cola.

Por decir fútbol

Dejando de lado que los solidarios son chicos y chicas blancas, bien comidos y mejor vestidos, y que el anuncio en cuestión reitera tópicos burdos y demasiado trillados (la intrínseca bondad de la cultura occidental con el buen salvaje), quedan algunas contradicciones sobre la mesa. La primera surge por el tono típicamente colonial del anuncio. Pasa que a los creativos les resulta chocante que más del 80 por ciento de los indios se sientan discriminados en México por hablar lenguas originarias. Semejante sensibilidad hacia la diversidad cultural, ¿enmascara la homogeneización cultural que impulsan los anuncios del burbujeante brebaje?

En la historia cocacolera aparece un racismo bueno: los blancuchos rubios palmean a los indios, les prodigan sonrisas piadosas a los morenos, y ellos agradecen con otra sonrisa tan pueril que los hace parecer imbéciles. Pero lo peor es el árbol de Navidad, hacia donde se dirigen las cándidas miradas de los indios, engalanado con botellitas de Coca iluminadas con un emblema en mixe: “Permanezcamos unidos”. ¿Unidos para tomar Coca-Cola? Vaya. Y uno que creía que la unidad servía para otras cosas.

Lo que se deduce es que hay multinacionales que tienen una imperiosa necesidad de limpiar su imagen, ya que bebidas de este tipo están en la base del deterioro de la alimentación que sufren países como México, donde la obesidad está relacionada directamente con el consumo de refrescos.
Como tantas veces, eligieron el peor camino.

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