Historia

Hay un milagro que perdura desde el 11 de octubre de 1985 en el campo del periodismo nacional: Brecha, un semanario que se define desde su nacimiento como independiente y de izquierda.

Independiente porque nació, y aún vive, ajeno a todo control político, religioso o financiero. De izquierda porque asume –también desde el principio– un compromiso inequívoco con los intereses de las mayorías postergadas y sin voz, con el cambio hacia una sociedad más justa y solidaria.

El balance de estos años de existencia arroja un resultado invaluable: nuestro capital principal es la credibilidad y la honestidad periodística edificados precisamente sobre una independencia irreductible.

Brecha se ha convertido en un testigo crítico del presente y en un fiscal del proceso democrático. Quienes lo hacemos cada semana creemos que Brecha es un instrumento imprescindible, a veces incómodo, imperfecto y por cierto perfectible, pero siempre necesario.

Ello a costa de esfuerzo, voluntad, sacrificios y en ocasiones sinsabores. Lo que Brecha es, en sus cualidades y en sus limitaciones, se explica por una doble peculiaridad: una empresa sin dueño, cuya soberanía periodística reside en el colectivo de sus periodistas y trabajadores.

El primer número de Brecha se publicó el 11 de octubre de 1985. El grupo fundador incluía, sobre todo, a periodistas que habían colaborado con el semanario Marcha: entre otros: Hugo Alfaro, Mario Benedetti, Oscar Bruschera, Guillermo Chifflet, Eduardo Galeano, Ernesto González Bermejo, Carlos María Gutiérrez, Carlos Núñez, Héctor Rodríguez, José Wainer, Guillermo Waksman, Coriún Aharonian y Gabriel Peluffo.

Y aunque luego de estos años, muchos de esos nombres han cambiado y el mundo ya no es como era, Brecha sigue siendo irreductiblemente libre. Y sigue siendo un milagro, una empresa de propiedad colectiva que se transformó en cooperativa en 2012, que lucha sin descanso por mantener sus estándares de calidad e independencia cueste lo que cueste. Porque podrá haber crisis en la prensa papel, pero nunca en el papel que debe cumplir la prensa. Mientras haya historias para contar, investigaciones para hacer, ideas para discutir, Brecha seguirá teniendo una razón para existir.