Hablame de vos

Noticia para nostálgicos de regazos que contaban: el periodismo narrativo oral existe. Está en la web envasado en podcast, formato de radio a demanda que hace furor en Estados Unidos y fertiliza Martina Castro,1 norteamericana hija de uruguayos que produce, edita y enseña el arte de imantar el éter.

Foto: cortesía Alyssa Kapnik

Retornás seguido a Uruguay.

—Desde que nací, en 1982, en Maryland, de padre minuano y madre montevideana. Revolviendo papeles de mi abuelo, mi madre encontró una carta que le escribió en 1987, a mis 5 años, con esta frase: “Te cuento que Martina está loca por volver a Uruguay, dice que quiere vivir con ustedes”. Mamá intentó enseñarme español pero yo le contestaba en inglés y cuando venía me daba vergüenza no entender los chistes; hasta que a los 13 años decidí venirme sola un mes, en el que no hablé inglés, y ahí comencé a pensar en español. Esta relación mágica con Uruguay fortalece mi sentido de pertenencia porque allá, hasta por mi color de piel, soy latina, y acá gringa.

¿Cómo llegaste al periodismo radial?

—Pienso que a la radio me llevó mi pasión por la música; estudié 6 años canto lírico, integré coros y luego quise guardar eso para mí, sin continuarlo. Fui a una universidad de Massachusetts medio rara, de artes liberales, donde te ponen a pensar, más que a practicar.

Privilegian la teoría.

—Exacto, hice estudios de mujer y género, pero no quería trabajar en eso y como la universidad te ofrece pasantías en distintos ámbitos pensé en el periodismo radial, porque aparte de ser algo que cambia todos los días conectaba con mi inclinación por el mundo sonoro. La madre del mejor amigo de mi hermano trabajaba en la National Public Radio (Npr), la red de radios públicas más importante de Estados Unidos, y me conectó con un colega de trabajo que necesitaba alguien que escribiera una columna mensual en línea, tipo blog. Ese colega, Doug Mitchell, se transformó luego en mi mentor, y es la persona a la que le debo haber llegado donde llegué. Ya graduada Npr me dio una pasantía en Washington y luego me contrató por dos meses.

¿En qué sección?

—Un programa diario sobre política, que llamaba a los oyentes, algo poco común allá. Después de eso, a los 21 años, fui asistente de producción de la mesa nacional de productores y editores, que reúne a los mejores periodistas del país. Imaginate, era una esponja absorbiendo mi alrededor.

¿Cuál era tu trabajo?

—Ellos proponían notas y yo los acompañaba; mi primera nota “de verdad” fue con el periodista de investigación más reconocido de Npr, Daniel Zwerdlinc, que necesitaba una productora que hablara español porque entrevistaría en Florida a obreros de la cadena de comidas rápidas Taco Bell, que estaban en huelga en reclamo de un centavo adicional por cada libra de tomates cosechados.

¿Un centavo?

—Sí, estuvimos una semana con ellos en la que hacía, temblando, de productora y traductora; ahora Daniel también es mi amigo. Después pedí traslado a un programa de Npr en Los Ángeles.

¿No te apetecía salir al aire?

—Todo el mundo quería salir al aire pero preferí mantenerme como productora porque lo sentía como la forma más efectiva y menos expuesta de aprender. Y como Npr se enorgullece, con razón, de su calidad sonora, me entrenaron tan bien en edición de sonido que ahora detecto incluso una respiración innecesaria. En Los Ángeles me reencontré con un ex compañero de liceo que ahora es mi pareja, me mudé con él a San Francisco y estuve seis años trabajando en una emisora local, de la cual llegué a ser gerente editorial y entrenadora, porque las emisoras locales norteamericanas hacen milagros con los pocos recursos que tienen.

¿Pocos recursos en el primer mundo?

—Sí, le compran programas a Npr y dos o tres veces al año recaudan fondos de la audiencia. Por eso es auténtica radio pública, el 70 por ciento de su presupuesto es sostenido por los oyentes; por la misma razón deben recurrir a pasantes, que yo entrenaba.

¿Cuándo comenzó Radio Ambulante, el podcast que contribuiste a fundar?

—En 2012 yo estaba dando una charla sobre una serie que produje y ganó un par de premios, The Fault Line Project, sobre una comunidad muy violenta en Oakland, y me escuchó Carolina Guerrero, colombiana que junto a su esposo Daniel Alarcón, peruano criado en Estados Unidos, estaban buscando socio para crear un programa radial que se le ocurrió a Daniel cuando trabajó un documental en Perú para la Bbc. Notó que la traducción al inglés del material provocaba la pérdida de las voces originales, y a pesar de que no tenía experiencia en radio porque es periodista y escritor, quiso crear un programa radial para preservarlas, y de paso dar rienda suelta a su pasión, compartida, por el periodismo narrativo. Carolina y Daniel se asociaron primero con Annie Correal, periodista colombiana que había hecho una historia muy buena sobre el secuestro de su padre para “This American Life”, el podcast más escuchado de Estados Unidos, y luego me incorporaron a mí.

La crónica narrativa radial depende de un guión, igual que el cine y la tevé; ¿qué diferencia a este guión de sus similares?

—Que debe decirse con la soltura de un amigo contándote una anécdota en un asado. A muchos periodistas les cuesta escribir como hablan, pero el buen periodismo narrativo es el que puede leerse en voz alta.

  1. En 2015 y en usufructo de una beca Fulbright produjo, junto a estudiantes de la Universidad de Montevideo, la serie Los retornados, sobre el retorno de compatriotas a Uruguay, que luego presentó en el Centro Cultural de España (Cce); www.radioambulante.org, www.martinacastro.com

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