Refrescante visita

La compañía se denomina Hazmerreír y proviene de Mar del Plata. Ofreció nada más que dos funciones al cabo de la heterogénea muestra de teatro que cada enero tiene lugar en la Sala Verdi.

La compañía se denomina Hazmerreír y proviene de Mar del Plata. Ofreció nada más que dos funciones al cabo de la heterogénea muestra de teatro que cada enero tiene –o tenía, ya que al parecer el plan comunal de Fortalecimiento de las Artes en la que ésta se inscribía ha quedado sin efecto– lugar en la Sala Verdi. Es de esperar que el grupo vuelva por las suyas, por lo cual vale la pena dar cuenta de sus virtudes.

La presencia de algún mástil en escena, un par de grandes velas y una especie de cabina en la que de pronto se refugian los tripulantes brinda la idea de un barco en alta mar. Éste se dirige, título de por medio, adonde sople el viento, y en el trayecto, como era de esperar, tendrá que soportar las consabidas amenazas de tormenta que, en el caso, pondrán en aprietos a un cuarteto integrado por un árabe, un italiano, una francesa y un ruso. Al cuarteto en cuestión le corresponde llevar adelante un espectáculo que combina diálogos –cada cual habla en su lengua, pero a todo el mundo le queda claro lo que unos y otra quieren decir–, comedia, circo y, por cierto, aventura. Diferentes disciplinas, se diría, pero todas muy bien integradas por el trabajo colectivo de un equipo que entretiene y divierte de principio a fin, dejando muy en claro que sus integrantes la pasan tan bien como los espectadores. Ana Clara Manera, Federico Galván, Martín Umérez y Nacho Rey se adueñan del espacio desde el comienzo. Por allí se escuchan los bien elegidos acordes que aporta el músico Juan Sardi y se aprecian los esmeros del vestuario diseñado por Leila López y Alejandra Ostuni. La dirección, al parecer, corresponde a un tal Alan Darling que quizás esconda la identidad de todos los anteriores. La consigna, se advierte, es viajar, y tanto los tripulantes de la nave como quienes se sientan para verlos la acatan sin trabas a la vista. Cabe destacar el entrenamiento corporal de los cuatro primeros, que hace que cada vez que uno de ellos lleva a cabo un salto mortal o se sube a las alturas sin miramientos, luzca todo como un juego de niños. La naturalidad y la frescura los unen para que el juego se establezca, el viaje se realice y todo el mundo pase un rato encantador. Que vuelvan pronto.

 

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