Lo normal – Semanario Brecha
Este año se encontraron tres cadáveres en la usina Felipe Cardoso

Lo normal

Los trabajadores manejan varias hipótesis sobre por qué es frecuente encontrarse con restos humanos en el mayor sitio de disposición final de residuos de la capital. Jerarcas de la Intendencia de Montevideo le explicaron a Brecha que en general se trata de personas que son «comprimidas» –junto con la basura– por los camiones municipales que vacían los contenedores. Todos aseguran que es algo «normal».

Héctor Piastri

El asentamiento Felipe Cardoso existe hace más de 30 años. Está ubicado en el barrio homónimo, entre Punta de Rieles, Maroñas y La Cruz de Carrasco, exactamente donde termina el llamado sitio de disposición final de residuos o usina Felipe Cardoso, alrededor de 77 hectáreas a las que van a parar las cantidades exorbitantes de basura que produce Montevideo diariamente. Son 60 metros de desechos apilados y extendidos a lo largo del predio. Allí mismo, el sábado 19 de julio, un trabajador encontró –otra vez– el cuerpo de una mujer sepultado entre los desperdicios.

«Esto pasa. Es normal. El contacto que tenemos con la muerte es algo de todos los días», le dijo al semanario Juan Carlos Silva, expresidente de la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (UCRUS), sin atisbo de sorpresa.

Es el tercer cuerpo que se encuentra en lo que va del año en la usina, según los trabajadores. En este caso, se trata de una mujer que ya fue identificada, aunque resta determinar la causa de muerte. La investigación está en manos de Silvia Pérez, fiscal de Flagrancia de Tercer Turno.

Son varias las hipótesis que manejan los trabajadores sobre el fenómeno de los cuerpos en la basura. Por un lado, se cree que algunas personas son asesinadas y desechadas en los contenedores de la ciudad con el resto de los residuos. También es posible que, al estar durmiendo dentro de alguna volqueta, entre las bolsas, sean atrapadas y comprimidas por los camiones de la Intendencia de Montevideo (IM). Se especula, por otra parte, que quizás algunos de los cadáveres son directamente arrojados en el terreno de la usina.

«Generalmente son más hombres que mujeres los que aparecen en la planta», le explicó al semanario Patricia Gutiérrez, también integrante de UCRUS. Aseguró que el año pasado fueron siete los restos humanos que encontraron los trabajadores de la planta: dos mujeres y cinco hombres. No siempre son cuerpos anónimos, dice Gutiérrez, y cuenta que un trabajador murió el año pasado al ser arrollado por una de las retroexcavadoras.

Son muchos –no está de más recordarlo– los peligros que implica el trabajo con los desechos de la ciudad. Luis Catalano, secretario general de UCRUS, le dijo al semanario que la reciente gestión municipal mejoró algunas condiciones laborales, aunque aún existen aristas por tratar. Catalano explicó que a partir de una visita a la usina de la exintendenta Carolina Cosse, en 2020, lograron vallar la planta e instalar una garita de seguridad policial que permite el control de ingresos, aunque aún siguen entrando personas de manera furtiva. Por otro lado, los trabajadores reclaman que la lluvia hace que la descarga sea peligrosa. «Son muchos metros para arriba y cuando el camino es resbaloso es complicado», dijo Silva.

El expresidente de la UCRUS agregó que la salud mental de los clasificadores está en juego todos los días. «Encontramos cabezas de gallinas, perros, un montón de animales y no solo eso: también restos humanos de los cajones de los cementerios», lamentó. Los cementerios tienen que hacer espacio, porque «todo el tiempo se muere gente», razona, y agrega: «¿A dónde te pensás que van los cajones podridos con restos humanos dentro? A Felipe Cardoso. Nosotros tenemos que ver eso, junto con las coronas de flores marchitas. Es terrible».

Que los cajones sean arrojados allí es algo que ha llamado la atención de varios intrusos que entran para robar el cobre de las cruces con las que se adornan los féretros. «Hemos llegado al punto como sociedad de que roban a los muertos, eso hizo que ahora las funerarias utilicen plástico en lugar de metal, porque muchas veces desenterraban a los muertos para robarles las cruces», lamenta Silva.

A Catalano el tema tampoco le asombra. Le dijo a Brecha que el hallazgo de restos humanos es algo que sucede a menudo y no solo en Felipe Cardoso: también pasa en los contenedores cuando clasifican los residuos, agregó. Aunque lo que más aparece, dice, son «fetos o abortos» en bolsas de basura. En esos casos, el sindicalista expresó que no se da aviso a la Policía: «¿Mirá si voy a llamar cada vez que me encuentre con un aborto? Avisamos cuando encontramos cuerpos enteros o partes», puntualizó.

EL QUE BUSCA ENCUENTRA

Con una simple búsqueda en internet se puede corroborar la versión de los trabajadores. Generalmente las noticias son cortas. Algunas más detallistas que otras. Se especifica, por ejemplo, información sobre la putrefacción de los cuerpos y se agrega que, en general, no es posible identificarlos. En 2019 se dio cuenta de un hallazgo; en 2022 fueron tres; en 2023, según los medios, apareció solamente una pierna; en 2024 encontraron otro y en lo que va de 2025 las noticias solo anunciaron a la mujer mencionada anteriormente y un feto. Claro: todos los trabajadores consultados para esta nota afirmaron que los fallecidos son «muchos más» que los que se hacen públicos en la prensa. Y otros tantos –por supuesto– los que nadie encuentra.

«Son un montón los cuerpos que hay enterrados en la usina, no tengo dudas. Hay toneladas de desechos y es imposible moverlo todo, por lo que debe de haber muertos escondidos que nadie encontró ni va a encontrar nunca», afirmó Catalano. El semanario intentó contactarse con distintos fiscales de Homicidios, pero todos se excusaron de hablar al respecto. Brecha también quiso ponerse en contacto con autoridades del Ministerio del Interior y de la Policía para conocer más sobre este fenómeno, sin éxito.

«Generalmente son personas que las comprime el propio camión municipal», resumió al semanario Chiara Fioretto, directora de la División Limpieza y Gestión de Residuos de la IM. Consultada sobre cuál es el procedimiento para evitar que eso suceda, Fioretto atinó a explicar que son dos los funcionarios municipales que trabajan en los camiones recolectores; uno de ellos revisa el interior de los contenedores antes de que los desechos sean volcados en el camión y comprimidos. Sin embargo, adujo, puede suceder –«por fuerza mayor»– que la persona esté escondida bajo las bolsas y no sean detectadas a tiempo. Puede haber cámaras en la zona de compresión de los camiones, agregó, aunque no siempre se puede divisar a las personas.

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