Hay un aviso: «Dirige tus talones hacia atrás y no hacia adelante». Pide que se lo escuche bien y lo repite. Advierte: no avanzar. Medio párrafo ya es suficiente. En medio párrafo el lector ya debería haberse dado cuenta de en dónde está metiendo sus narices. No es bueno que cualquier lector abra este canto, él mismo lo advierte. Él, no sabemos cuál de esa tríada por momentos indiscernible: Isidore Ducasse-Conde de Lautreámont-Maldoror. Uno de ellos, en cualquier caso, incita a dejar el libro a un lado desde el principio. Es hasta gracioso si tenemos en cuenta que las editoriales doblan las rodillas por un buen enganche que retenga al lector –este es un buen enganche.
Pero, ¿por qué hablar del Conde ahora? Sí, esa advertencia es fantástica e increíblemente lúdica; sí, los trazos homéricos ...
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