1. Unos 25 estudiantes se concentraron el miércoles 6 de diciembre de 1972 en Agraciada a la altura del viaducto. Eran las 10.30 de la mañana. Portaban carteles que denunciaban los extremos más regresivos de la Ley de Educación, que el entonces ministro Julio María Sanguinetti, integrante del equipo ministerial de Juan María Bordaberry, había presentado al Parlamento con carácter de urgencia, a mediados de año. Al comenzar diciembre Sanguinetti ya no integraba el gabinete, pero su proyecto de ley desafiaba, impertérrito, la oposición parlamentaria del Frente Amplio (FA), la sindical de la CNT (Convención Nacional de Trabajadores) y la estudiantil de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU). Como eran tiempos tensos y Montevideo era una ciudad militarmente ocupada, los estudiantes avanzaron en silencio, caminando por la acera de Agraciada, mientras repartían volantes. Cuando llegaron a Carlos María Ramírez suspendieron la marcha y comenzaron a guardar los carteles.
2. Nueve meses después de la instalación del estado de guerra interno, el camello –camioneta de color verde con techo alto– había consolidado su fama represiva. Su función de patrullaje extendía un miedo espeso en las calles de la capital. Los camellos transportaban equipos de oficiales y soldados de las unidades de la Región Militar 1, que operaban como apoyo del OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas), según un plan de despliegue en el que cada regimiento, cada batallón, tenía asignado sectores de la ciudad. Cuando un camello se detenía en una parada de ómnibus, y los oficiales y soldados armados a guerra exigían documentos, los civiles quedaban inmovilizados, porque nunca se sabía en qué podía terminar aquella prepotencia e impunidad; a veces, alguien desaparecía en las entrañas de la camioneta.
3. El camello subía por Agraciada y se disponía a seguir por Llupes. El personal –alférez Félix Font, cabo primero Luis Barboza, cabo segundo Héctor Medeiros, soldados Carlos Gómez, Jorge Píriz y Glorialdo Rodríguez– pertenecía al Grupo de Artillería 1. Cuando la camioneta sobrepasó a los muchachos agrupados en la esquina, el camello frenó en seco. Un soldado bajó del vehículo y comenzó a disparar al aire. La mayoría de los estudiantes, entre ellos unas seis chicas, quedaron paralizados;
otros salieron corriendo. El camello pegó una vuelta en U, persiguiéndolos. Algunos de los estudiantes, que corrían por Agraciada hacia abajo mientras resonaban los disparos, se confundieron con los vecinos que concurrían a la feria de la calle Freire. De la camioneta bajaron más efectivos y se internaron en la feria mientras disparaban sus carabinas. La confusión –gritos, corridas– fue total. Los militares lograron ubicar entre la gente y detener a un estudiante de Agronomía, Joaquín Klüver. Fue llevado a rastras hasta el camello y, allí, a un costado del vehículo, a la vista de muchas personas, fue baleado a quemarropa. El camello tomó por Agraciada hacia el centro. De la parte posterior sobresalían los pies del detenido, calzados con mocasines.
4. En el Hospital Militar, el médico Miguel W. Campomar recibió, cerca del mediodía, el cuerpo aún con vida de Joaquín. Pocos minutos después se producía el fallecimiento en el quirófano, en el curso de una intervención quirúrgica. El cuerpo presentaba dos heridas de bala. El informe firmado por Campomar fue refrendado por el médico Isaac Rivero, segundo jefe del Servicio de Anatomía Patológica, y por el teniente coronel Hugo N. Arregui, subdirector administrativo del hospital. Campomar y Rivero fueron asistidos en el quirófano por los médicos Bergalli, Trabal, Castiglioni y Torterolo. Según los informes remitidos aljuez de Instrucción Militar de Primer Turno, el coronel Hermes Sosa Illa, el disparo que provocó la muerte, con una hemorragia generalizada, había penetrado en el pecho con orificio de salida en la zona posterior lumbar. El comunicado de las Fuerzas Conjuntas, difundido el jueves 7, señalaba que el estudiante había sido herido durante un enfrentamiento.
5. Joaquín Klüver era oriundo de Soriano, tenía 22 años y se había instalado en Montevideo para estudiar Agronomía; militaba en el Partido Comunista Revolucionario. Su madre recibió el cuerpo de su hijo en Mercedes e inmediatamente solicitó una junta médica. Cinco médicos de Montevideo que se trasladaron a Mercedes concluyeron que Joaquín había sido baleado por la espalda y la herida mostraba signos de tatuaje, es decir, un balazo a quemarropa.
6. La muerte de Joaquín se conoció el jueves 7. La Asociación de Estudiantes de Agronomía, la Federación de Magisterio y la FEUU emitieron comunicados en los que denunciaban el asesinato. El senador Zelmar Michelini elevó al Ministerio de Defensa Nacional un pedido de informes y el diputado Ariel Díaz formalizó la convocatoria del ministro Armando Malet, interpelación que se produjo el martes 12 y que encendió las iras del coronel Sosa Illa, porque supuestamente entorpecía la investigación de la justicia militar. (Nunca hubo, ni en dictadura ni posteriormente en democracia, resolución judicial sobre el asesinato, que permanece impune.)
7. Tal como indica el memorándum del Departamento II de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) elevado al inspector Víctor Castiglioni,1 la noche del viernes 8 de diciembre la avenida 18 de Julio estaba tapizada, desde el Gaucho hasta la plaza Independencia, con volantes que denunciaban el asesinato de Joaquín. La proeza fue de al menos cuatro maestras, que pese al brutal asesinato del miércoles, originado en una volanteada similar, tuvieron el coraje de repetir la acción. María Eugenia y Graciela Ethel, las dos de 27 años, fueron detenidas a las puertas del cine Ariel, en 18 casi Cuareim, pegado al Palacio Santos, sede de la cancillería, por un equipo del Departamento II. El oficial, de civil, escoltó a las dos maestras hasta la comisaría de la Seccional 3, mientras sus colegas seguían la pista de los volantes y detenían, a la altura del café Sorocabana, en la plaza Cagancha, a otras dos maestras: Nora María, de 25 años, e Ivanhoe Asilú, de 28. Las cuatro detenidas arrojaban los volantes «en forma discreta», anota en su memorándum la DNII.
8. La interpelación al ministro Malet no tuvo consecuencias, como no las tuvo ninguna de las que promovió el FA por los reiterados asesinatos de prisioneros a lo largo del año. La causa subyacente de la muerte de Joaquín Klüver fue el legítimo rechazo estudiantil y sindical a una ley que desmontaba el sistema de coparticipación en la enseñanza y creaba el Consejo Nacional de Educación, piedra angular de la caza de brujas contra docentes y estudiantes. La llamada Ley Sanguinetti fue aprobada en enero de 1973.
- Archivo Berrutti, rollo 713, foja 329. ↩︎