Niente di vero - Semanario Brecha
Con la escritora italiana Veronica Raimo

Niente di vero

Veronica Raimo pasó fugazmente por Montevideo para presentar sus dos libros traducidos al español: la novela Nada es verdad y el volumen de cuentos La vida es breve, etcétera (editados ambos por Libros del Asteroide, con traducción de Carlos Gumpert). Autora copiosamente premiada en su país y traducida a varios idiomas, se ha desempeñado como traductora literaria del inglés y como guionista –coescribió el guión de la película Bella addormentata, de Marco Bellocchio, por ejemplo–. En el Instituto Italiano de Cultura, Raimo conversó con Brecha sobre su universo literario.

Malba.

«Me interesa la contaminación de la escritura hipercontemporánea con la tradición del novecientos italiano, pues ahí están los autores que más me gustan», dice Veronica Raimo (Roma, 1978) al momento de ubicar a su propia escritura dentro de la extensa y prolífica tradición de la literatura italiana. Las particularidades de su obra, firmemente atada a Roma como escenario y a la lengua materna como elemento comunicante, se sostienen en tres pilares: el empleo de la primera persona, la mirada irónica ante cada suceso que describe y las posibilidades narrativas de la familia como entidad. Otro pilar más técnico si se quiere, aunque forma parte del dispositivo escritural, es su ocasional trabajo como traductora literaria del inglés al italiano, que le ha permitido verter a su idioma obras de autores tan disímiles como Ray Bradbury, F. Scott Fitzgerald y Octavia E. Butler, entre otros. «Primero pensaba que la escritura y la traducción eran planos separados, pero, con el tiempo, la traducción me fue dando un rigor de pensamiento acerca de cómo escribir mi propia obra», sostiene.

EL YO

Tanto en la novela Nada es verdad como en los cuentos de La vida es breve, etcétera, Verónica Raimo emplea de forma exclusiva la primera persona. Todas sus narradoras son mujeres y cuentan de primera mano, en voz propia, su historia. Lejos de empantanarse en las siempre ominosas aguas de la literatura del yo, las narradoras de Raimo despliegan una variedad de recursos al momento de tomar la voz para desarrollar el relato: «La vida es breve, etcétera originalmente iba a tener 11 cuentos, pero al final quedaron siete. En el grupo original había algunos cuentos en tercera persona, pero habían sido escritos mucho tiempo atrás. Aclaro que no quedaron fuera porque estuvieran escritos en tercera persona, sino que opté por publicar los que tenían una mirada más irónica y justo coincidieron en que eran los que estaban escritos en primera persona. Yo siento que he abandonado a la tercera persona. Solo escribí una novela en tercera y me parece que es la que no me salió tan bien».

HUMOR

El elemento humorístico es otra marca clave en el estilo de Raimo, pero no como un mecanismo de golpe y efecto, acumulativo o mero subrayado. Todas sus protagonistas parecen vivir al límite la situación que atraviesan, desde la narradora del cuento «La sacudida», que luego de un terremoto aparece acostada en una cama ajena, junto a un hombre que no es su pareja, a Veronica en Nada es verdad, que debe lidiar con una madre que ha desarrollado un sistema para identificar en qué lugar preciso se encuentran sus hijos y los llama al teléfono de línea del sitio donde se encuentren, tanto sea la casa de un amigo, un restaurante, una oficina o el apartamento de un amante: «Realmente no sé de qué forma manejo el elemento humorístico en mis libros, pero sí puedo analizar lo contrario: cuando una escritura es demasiado retórica y enfática, no logro tener una relación con el texto. Por eso, siempre tiene que haber una veta irónica, que es lo que me permite desarrollar mis historias», reflexiona.

FAMIGLIA

La protagonista de Nada es verdad posee el mismo nombre que la autora y, al igual que ella, tiene un hermano escritor (Christian Raimo, tres años mayor). A pesar de que el título anuncia que nada de lo que se cuenta en el libro es verdad –Niente di vero, el título original de la novela, juega con el nombre de la autora señalando que en lo que se leerá no hay «nada de Vero»–, el lector puede preguntarse cuánto de la propia escritora se camufla en el personaje. Raimo se apresura a señalar que «muchas de las cosas que cuento en la novela me sucedieron, pero al momento de escribirlas lo que hice fue transformar esas situaciones, haciéndolas más irónicas y grotescas que en la realidad».

El salto de la realidad al plano ficcional va de la mano con la particular composición de la familia en Nada es verdad, auténtico escenario y personaje expansivo del libro. Se trata de una familia bastante tradicional: padre, madre y dos hijos, con roles claramente asignados, cada uno con su particularidad. Ese núcleo se diferencia bastante de los tipos de familias más propios de este tiempo (extensa, monoparental, homoparental, etcétera). «La familia de la novela es mi familia real», dice, aunque subraya que «como la historia está situada entre finales de los años ochenta y principios de los noventa, en ese período histórico en Italia ese tipo de familia era el más probable. Si me pongo a pensar en los padres de mis amigos en ese entonces, por ejemplo, casi ninguno estaba divorciado».

Para tejer las múltiples historias que se cruzan en Nada es verdad, Raimo tensa la cuerda de los vínculos intrafamiliares y describe innúmeras situaciones que tienen a Veronica en el centro. Rituales, comidas, nacimientos, muertes, parientes políticos, casas, ambientes y leyendas se entrecruzan en una familia que parece vivir siempre en tensión, un poco en la tónica de los Molise de la novela Hermanos de vino, de John Fante, o de la familia disfuncional de Parenti serpenti, el gran filme de Mario Monicelli. El abuelo paterno y la abuela materna adensan el reparto que atraviesa la novela, cada uno ocupando un sitial diferente en referencia a la protagonista: desde el amor devocional hacia el primero al más cerrado rechazo a la segunda. Cuando describe a la abuela Muccia y el odio recíproco entre ambas, la narradora traza un cuadro que grafica muy bien lo señalado anteriormente sobre el estilo: «Su nieto favorito era mi hermano. No se trata de una deducción, ella solía repetirlo ante la camarilla de primos reunidos en los días de fiesta. En cuanto a mí: ¿qué se suponía que podía hacer con una niña enjuta, taciturna, deprimida y desinteresada por su cocina? Era viuda desde hacía años, desde antes de que yo naciera, pero su adhesión al luto era más tenaz que una fe futbolística. Reservaba para las demás viudas el desprecio de los hinchas por los entusiastas de última hora».

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