25 DE SETIEMBRE DE 1979
Bill Evans, uno de los músicos más innovadores e influyentes del siglo XX, pianista, compositor de extensa discografía y pieza clave de Kind of Blue, el disco de jazz más vendido de todos los tiempos, tocó en un teatro semivacío de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. El espectáculo aparecía anunciado de la siguiente manera en una página interior del diario El Norte:
A puro jazz
The Bill Evans Trío
Teatro Municipal
Presentación de la Reina
y Princesa de la Primavera ’79
Estudiantes $ 3.000
Suele ocurrir que casi nadie recuerda al telonero de los shows, salvo por alguna frase célebre como la de Banana Pueyrredón. En el caso de San Nicolás, nadie dijo «no se vayan que viene la Reina de la Primavera», pero, de todos modos, la concurrencia estaba enfocada en el asunto de la belleza femenina. Consultadas por Joaquín Sánchez Mariño, periodista de La Nación, ni la reina ni su primera princesa recordaban el evento.
18 DE MARZO DE 1976
Vinícius de Moraes realizó la que sería su última presentación en Buenos Aires. Una columna publicada al día siguiente por el diario bonaerense El Cronista Comercial señalaba: «El espectáculo tuvo una revelación que sorprendió a muchos espectadores: el excelente trabajo de Tenório Jr., el pianista ejecutó una brillante composición que constituye la expresión más auténtica de la música brasileña contemporánea».
Tenório, que por ese entonces tenía 35 años, cuatro hijos y una esposa embarazada, no llegó a leer la nota, ya que esa misma madrugada fue secuestrado por un grupo de tareas, de los que pululaban por la ciudad en las vísperas del golpe de Estado. Tuvieron que pasar casi 50 años para que, gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense se confirmara su destino como una de las primeras víctimas del Plan Cóndor.
En 2023 se estrenaron dos películas que rescatan estos acontecimientos: Bill 79 y Dispararon al pianista.
BILL 79
Pero los suicidas hablan un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Jamás se preguntan por qué construir.
Fragmento de Waiting to Die,
Anne Sexton
Bill Evans viaja en un Ford Torino conducido por un argentino entusiasta, pero un poco chapucero. Atrás van apiñados: el baterista Joe LaBarbera, el bajista Marc Johnson y la mánager Helen Kane. Nada parece estar saliendo como debería, pero a Bill parece no importarle. Después de pasar un control militar, recordatorio de la dictadura, se encuentran con un pueblo donde todo es un poco precario y nadie en su vida había escuchado de un tal Bill Evans. Casi nadie, porque Hugo Bear Giménez, el pianista local, parece ser el único testigo consciente del milagro.
Dicen que el humor consiste en poner una cosa en donde no va. Bajo esta óptica, la película de Mariano Galperín no necesita nada para deslizarse hacia la comedia, pero lo hace de forma delicada, en permanente contraste con el drama del músico. Evans se encuentra en la etapa final de lo que un amigo suyo describiría como «el suicidio más largo de la historia». Adicto a la heroína y cargando con una serie de tragedias personales (los suicidios de su hermano Harry y su exesposa Ellaine), moriría seis meses más tarde.
Uno de los aspectos interesantes del personaje es que, frente a aquellas personas, digamos, poco cosmopolitas, no reacciona con desdén. Al contrario, parece encantado comiendo empanadas en la casa de la madre de Giménez, viendo en blanco y negro una pelea de Víctor Galíndez o ayudando con el maquillaje de las concursantes de la primavera.
La película cuenta con muy buenas actuaciones de Diego Gentile y María Bellati.
DISPARARON AL PIANISTA
Eu preparo uma canção
Que faça acordar os homens
E adormecer as crianças
Fragmento de «Canção amiga»,
Carlos Drummond de Andrade
Francisco Tenório Cerqueira Júnior era un gran admirador de Bill Evans. Como aquel, quería dirigir su propia banda y no ser solamente un músico acompañante. Había grabado con Leny Andrade, Milton Nascimento, Wanda Sá y Edison Machado. Su único disco solista se llama Embalo, palabra que en portugués tiene varias acepciones. El hecho de que puede referirse tanto a la acción de mecer una cuna como al concepto de impulso o ímpetu me recordó los versos de Drummond de Andrade.
Fernando Trueba y Javier Mariscal apuestan nuevamente por la novela gráfica y la animación, como en su anterior Chico y Rita, para presentar un documental con elementos de thriller en el que el único personaje de ficción (interpretado por Jeff Goldblum) es un periodista que se desvía de su investigación inicial, obsesionado con descubrir el destino del músico. Alrededor de él se organiza una obra ambiciosa y polifónica, que intercala multitud de entrevistas a músicos, familiares y amigos de Tenório, con la dramatización en forma de flashbacks que perfilan la personalidad del pianista y las circunstancias de su desaparición.
Es de destacar tanto la exuberancia de la imagen y la música como la precisión en los detalles. Para varias escenas se contrataron músicos que tocaron las partituras originales buscando reproducir los movimientos con el máximo realismo.
LOS AMIGOS DEL BARRIO PUEDEN DESAPARECER
Es extraño cómo pasan algunas cosas. En los años cincuenta y sesenta, en el marco de la Guerra Fría y la descolonización, Estados Unidos utilizó el jazz como propaganda. El Departamento de Estado organizó giras a países del tercer mundo, de los «embajadores del jazz», para proyectar una imagen atractiva, de integración y convivencia, mientras puertas adentro la violencia racial explotaba.
En el caso de Brasil, esto facilitó el flujo de influencias entre el jazz y la bossa nova.
Se podría decir que la vida y la muerte de Tenório Júnior estuvieron signadas por dos productos que Estados Unidos exportó exitosamente: el jazz y el Plan Cóndor.
A pesar de las diferencias de estilo, y además de coincidir en el año de su estreno, existen puntos de contacto entre las historias que cuentan ambas películas. Está la necesidad de recuperar unas memorias valiosas. También hay cierta casualidad en el origen de los proyectos: Galperín se inspiró en una crónica periodística de La Nación, «Bill Evans y su insólita noche en San Nicolás», del mencionado Sánchez Mariño, mientras que Trueba descubrió la historia de Tenório por azar, al leer los créditos de un disco de Os Cobrasadquirido en una tienda de discos en Bahía.
Por otro lado, están los protagonistas, que tienen hasta un parecido en el físico y cierta actitud circunspecta. A Tenório lo han llamado «el Bill Evans brasileño». Aparentemente se conocieron, no está muy claro si en Río o en Buenos Aires. Tenório incluso le habría entregado algunas partituras a Evans. También se podría anotar que son dos historias tristes, pero eso no tiene mucho de especial, porque todas las historias son tristes si les damos el tiempo suficiente. En el fondo del reloj, como dice Cortázar, está la muerte. Imprevista en el caso de Tenório; buscada y encontrada poco después, en un hospital de Nueva York, por Evans.
BONUS TRACK
Vuelvo a escuchar el piano de Hugo en «Beatriz», «Quem é você» o «Ponto de encontro» y no puedo evitar pensar que, entre esas notas y silencios, respiran otras notas y otros silencios.





