Un perro y 19 monjes - Semanario Brecha
Peregrinación por la paz en el país de las guerras

Un perro y 19 monjes

La peregrinación de unos monjes budistas dio a millones de estadounidenses la pausa que refresca en un país cansado de peleas.

Monjes budistas de Walk for Peace, en Washington DC, Estados Unidos, el 11 de febrero. Redes sociales de Walk For Peace.

Un perro callejero, que ya había acompañado a un grupo de monjes budistas en una «peregrinación por la paz» de 112 días en India, trotó junto a 19 monjes durante 15 semanas y a lo largo de 3.700 quilómetros en una caminata desde Fort Worth (Texas) a la capital de Estados Unidos. El can, oriundo de Calcuta y cuyo nombre –Aloka– significa luz en sánscrito, concentró casi tanta o más atención que sus compañeros de ruta humanos rodeado por la leyenda de su incorporación voluntaria a la taloneada emprendida por los miembros del Centro Hương Đạo Vipassana Bhavana con su mensaje de «compasión, paz y no violencia».

Con sus vestimentas color azafrán y sus mochilas al hombro, monjes y perro sacaron a las calles a miles de estadounidenses que saludaron su paso y agradecieron su mensaje en Texas, Luisiana, Misisipi, Alabama, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Virginia antes de llegar al Distrito de Columbia.

A lo largo de la ruta, la Caminata por la Paz, que se inició el 25 de octubre y concluyó hoy viernes, los monjes engancharon 2,9 millones de seguidores en Facebook y 1,9 millones en Instagram.

Aloka, desinteresado de la fama y la audiencia digital, siguió con su trote, a veces al costado de la fila de monjes, a veces por delante, sin correa que lo sujetase, con la mancha blanca en su frente que los más creyentes en esas cosas ven con la forma de un corazón.

DE CREDOS Y ESAS COSAS

Según las cifras del Centro de Investigaciones Pew, la proporción de estadounidenses que se identifican como cristianos ha bajado de un 78 por ciento de los adultos en 2009 a un 62 en la actualidad. De lejos siguen un 2 por ciento de judíos y un 1 por ciento cada uno de musulmanes, budistas e hindúes. Casi dos tercios de los adultos están afiliados a credos monoteístas, que se sustentan en libros sagrados y esperan la llegada, o el retorno, de un mesías, lo cual hace más sorprendente el impacto que ha tenido la marcha de monjes que no creen en un dios ni andan, como hubiera dicho Serafín J. García, pirinchando el cielo o a la espera del retorno de un milagrero todopoderoso que nos salve y conduzca a los humanos a un paraíso sin baches.

El país que pronto cumplirá 250 años fue diseñado por sus fundadores con el propósito de evitar las guerras religiosas con las cuales los europeos se masacraron por cientos de años. Con esa intención, el gobierno no adoptó un credo oficial y, al mismo tiempo, la nación desarrolló una especie de religión cívica con textos sagrados –la Declaración de Independencia, la Constitución– y los santos patrones como George Washington y los añadidos más tarde, como Abraham Lincoln.

En la última década, esa fe laica ha sufrido serios golpes con la ineficacia del Congreso, la polarización política, los manotazos de autoritarismo y la frustración de votantes que tanto esperaban de los demócratas como de los republicanos y por ambos han sido decepcionados.

SUPLENTES

En 1991, apenas el 6 por ciento de los estadounidenses indicaba su falta de creencia religiosa, y ese grupo ha crecido a casi el 29 por ciento, lo que supera en números a los católicos (22 por ciento) y los protestantes evangélicos (23 por ciento). Las mermas en el papel de las religiones mayores y el desgaste de la fe cívica dejan un hueco en el cual crecen otras creencias porque el anhelo humano por verdades y redenciones perennes es una constante en la historia.

Una de tales se evidencia en el crecimiento del «nacionalismo cristiano» que, según su crítico, el autor Bradley Onishi, es una ideología política con inspiración teológica que propone «una renovación del proyecto nacional con miras a una nación pura, heterosexual, blanca, oriunda, que habla inglés como su idioma principal y es completamente patriarcal».

La consolidación de esta mezcla es una reacción contra dos o tres décadas de cambios sociales entre los cuales se cuentan las leyes que protegen a los homosexuales, las variedades de identidades y orientaciones sexuales, la multiplicación de banderas de otros países en los barrios de inmigrantes, la presencia creciente de mujeres, negros y pardos de toda procedencia en los medios, los cargos políticos y las empresas. En resumen: la amenaza del multiculturalismo.

El Public Religion Research Institute (PRRI) concluyó en un estudio en 2024 que tres de cada diez adultos estadounidenses calificaban como adherentes al nacionalismo cristiano (10 por ciento) o simpatizantes de esa ideología (20 por ciento). El mismo estudio señaló que el 54 por ciento de los ciudadanos blancos que concurren semanalmente a los servicios religiosos califica como adherentes o simpatizantes del nacionalismo cristiano, en comparación con el 46 por ciento de los negros y el 47 de los hispanos. «Las opiniones nacionalistas cristianas predominan en el sur y el medio oeste, y hay una fuerte vinculación entre el apoyo al nacionalismo cristiano y el voto por el presidente Donald Trump en los 50 estados», apuntó PRRI.

LA CALMA

Durante los últimos diez días de su Caminata por la Paz, los monjes vietnamitas estadounidenses lidiaron con una tormenta invernal excepcional que, en el sábado antes de su arribo a Washington D. C., marcó temperaturas de casi 10 grados centígrados bajo cero. Las multitudes que se congregaron a lo largo de la peregrinación aguardaron con bullicio, a veces por horas, la llegada del pelotón de caminantes, se sumieron en el silencio al paso de los monjes con su murmullo de mantras, creando un ámbito de calma casi curativo, un antídoto para la gritería, las andanadas de insultos y la retórica violenta que prevalecen en el discurso político del país. Aloka, que sufrió una lesión y requirió atención hospitalaria, continuó en la senda por tramos en un vehículo a la espera de su recuperación física.

Creyentes o no creyentes, enterados por un rato de que la paz es tan posible como necesaria, compartieron la sospecha de que la reencarnación pueda, quizá, ser posible, lo cual explica la presencia serena del perro buda.

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