El narrador del trauma - Semanario Brecha
António Lobo Antunes (1942-2026)

El narrador del trauma

En su artículo «El narrador» (1936), Walter Benjamin certificaba la desaparición del arte de la narración –que se basa en la experiencia propia o contada– frente a la irrupción de la información y su inmediatez. La singular obra literaria de António Lobo Antunes, que acaba de fallecer en Lisboa a los 83 años, recupera este arte de la narración que brota de la experiencia directa, en su propia carne, no meramente de una vivencia personal, sino también colectiva, la del lustro decisivo que incluye los estertores de la dictadura portuguesa, su revolución incruenta y la reconstrucción del país.

Alamy, Anita Schiffer-Fuchs.

Nacido en las colinas del barrio lisboeta de Benfica, en una familia de la burguesía portuguesa vinculada a la medicina, Lobo Antunes estudió en el Liceu Camões, uno de los más prestigiosos centros de estudios secundarios de Portugal, y se licenció en Medicina en la Universidad de Lisboa. Tras su egreso académico, recién casado y esperando a su primera hija, en 1970 fue movilizado y enviado como médico militar a Angola, de donde recién regresó en 1973. Finalmente cursó la especialización en Psiquiatría, disciplina que ejerció por más de una década antes de dedicarse en exclusivo a la escritura. En 1979 publicó Memoria de elefante, su primera novela.

Su obra monumental incluye 32 novelas, varias recopilaciones de crónicas, un volumen epistolar (Cartas de la guerra. Correspondencia desde Angola) y una obra poética inédita que será publicada próximamente por la editorial portuguesa Quixote.

Ana Paula Arnaut, profesora en la Universidad de Coímbra y especialista en la obra de Lobo Antunes, indica que «a pesar de todas las diferencias temáticas y formales» que evidencian sus novelas publicadas, hay que poner de relieve «la imposibilidad de leer la obra del autor fuera de un continuum».1 Y este continuo que recorre su obra abreva en la experiencia propia y colectiva, que alimentó una y otra vez al narrador.

La larga dictadura de António Salazar, que se había iniciado en 1933, tuvo que enfrentarse con los movimientos independentistas de sus colonias ultramarinas. De allí que el Estado Novo comenzara una cruenta guerra colonial por más de una década hasta la revolución de los Claveles en 1974, que marcó la independencia de Portugal y también de las colonias. Esto agregó una nueva realidad, producto de la diáspora portuguesa tras la descolonización de los territorios africanos, los llamados retornados, término despectivo con el que se designó al más de medio millón de portugueses de las colonias de Angola y Mozambique que confiaron en el sueño africano y tuvieron que regresar a Portugal continental, donde fueron mal recibidos y sufrieron al ser considerados portugueses de segunda.

Toda esta problemática el joven médico Lobo Antunes la padeció personalmente: la traumática experiencia de la guerra, la lejanía de su familia, la violencia y el aislamiento en su servicio en el Ejército, junto con la camaradería y la esperanza en el fin del régimen, pero también la situación de los parias regresados de las colonias. Estas experiencias traumáticas, que la sociedad en su mayoría prefería no recordar, fueron convertidas en literatura por el narrador-psiquiatra, testigo del trauma colectivo que desborda y angustia y que fue canalizado literariamente.

Representar la guerra

También el campo literario fue alcanzado durante las cuatro décadas del Estado Novo y produjo una literatura entre los vaivenes de la férrea censura y el autosilenciamiento. A partir de la década de los 80 del siglo XX, se produjo un resurgimiento del realismo en la narrativa portuguesa contemporánea, fenómeno que se ha mantenido en el siglo siguiente. La creación literaria proveyó, entonces, de un nuevo imaginario alrededor de la guerra colonial y de la revolución, que se sustentó en el paradigma realista. Aquí es que se inscribe la obra más poderosa de Lobo Antunes, cuya novela Os cus de Judas (1979) es pionera en esta representación de la guerra.

Allí, por ejemplo, el narrador expresa la angustia y la ignorancia del combatiente: «Con cada herido en una emboscada o por una mina, la misma pregunta angustiada me asaltaba a mí, […] ¿nos están asesinando las guerrillas o Lisboa? Lisboa, los americanos, los rusos, los chinos, la maldita puta que los parió que conspiraron para jodernos en nombre de intereses que se me escapan, que me empujaron sin previo aviso a este culo de Judas de polvo rojo y arena».

En As Naus (1988), otra novela de este ciclo, Lobo Antunes expresa la crudeza del vía crucis de algunos «retornados»: «Para alojar, entre los que regresaban de África, a aquellos cuyos cuerpos aún conservaban el olor y el murmullo de las larvas de los campos de algodón adormecido que los perros salvajes recorrían en su trote quimérico, el gobierno desocupó un hospital de tuberculosos que pasaron a toser en los jardines públicos hemoptisis cansadas, y llenó las enfermerías de escenas de guerra y actos piadosos, impregnadas por el letargo de muerte de los desinfectantes, los colonos que vagaban a la deriva, con sus pertenencias bajo el brazo, en las inmediaciones de los asilos, con la mirada puesta en los restos de sopa de la cena».

A la obra narrativa sobre la guerra, que salpica muchas otras novelas, hay que agregar el volumen en el que Maria José y Joana Lobo Antunes reunieron las cartas enviadas por su padre desde Angola a su primera esposa entre 1971 y 1973, y que titularon D’este viver aqui neste papel descripto. Cartas da guerra (2005). Este libro, que puede ser considerado como documento de guerra o como historia de amor, fue llevado al cine por Ivo M. Ferreira en 2016. Curiosamente, la única transposición al cine de la obra de Lobo Antunes no es de alguna de sus obras narrativas, sino de su correspondencia.

El cronista

En las fronteras entre el periodismo y la literatura, Lobo Antunes produjo centenares de crónicas que aparecieron dominicalmente en el periódico O Publico y luego en la revista Visão a lo largo de tres décadas, que fueron recopiladas de manera progresiva en cinco volúmenes a los que llamó, confiando en el nombre del género, Livro de Crónicas.

No son las crónicas modernistas del flâneur ni los aguafuertes arltianos, sino textos breves en los que predominan cuestiones familiares, el recuerdo de la infancia y los amigos, además de la evocación de personajes o circunstancias e incluso la memoria viva de la guerra angoleña.«Hay crónicas que están entre las mejores crónicas escritas en lengua portuguesa», le dijo Gonçalo M. Tavares a la agencia de noticias Lusa en ocasión del fallecimiento del escritor, y que poseen «una densidad y una intensidad absolutamente afectiva que es definitiva».

Casi 50 años después, mirar su primera novela, Memoria de elefante, un relato autobiográfico en el que el protagonista, un psiquiatra, desea dedicarse a la literatura, es observar el gesto profético que confirma el camino elegido por el autor.

La eterna incógnita de la pervivencia de la lectura de su obra no quita un ápice al reconocimiento de su centralidad en la representación literaria de la guerra colonial portuguesa. Leído, premiado, traducido a múltiples lenguas, estudiado por la academia, Lobo Antunes supo ser la voz autoral de su época y de su país, lo que no es poco.

  1. Ana Paula Arnaut, António Lobo Antunes, pág. 21. Edições 70, Lisboa, 2009. ↩︎

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