Desde la Mesa de Coordinación Zonal queremos hacer llegar nuestra voz, una que recoge la reflexión y los sentires frente a la muerte/asesinato de un adolescente de nuestro barrio.
La Mesa es una red que nuclea vecinos y vecinas, organizaciones e instituciones que operan en el barrio y se reúne regularmente desde hace más de 20 años con la finalidad de articular y definir estrategias de intervención.
Flor de Maroñas es un barrio que nace paralelamente a la instalación de fábricas en la zona y que, tras su cierre progresivo, desde los noventa, se ve negativamente impactado. Se incrementa la desocupación y la creación de asentamientos. A esto se suma el aumento demográfico por relocalizaciones de asentamientos provenientes de otras zonas y, más recientemente, la presencia de redes delictivas y de violencia. Este proceso no fue acompañado por recursos del Estado en forma suficiente. Hoy asistimos en el barrio a lugares con pobreza estructural, olvidados y abandonados, donde se fue perdiendo la presencia del Estado.
Es en este contexto en el que una situación como la de Jonathan se hace posible. No responde exclusivamente a una historia familiar particular, sino que hay componentes económicos y sociales que la incluyen y la trascienden.
Desde la expresión local de las instituciones, sobre todo las educativas, se realizaron las acciones pertinentes según los protocolos disponibles para el abordaje de situaciones de violencia. El problema estuvo en las fallas que dichas acciones encontraron en otros niveles institucionales, lo que hace que las respuestas no lleguen en tiempo y forma.
Vemos el asesinato de Jonathan como expresión de las desigualdades e injusticias sociales que se han profundizado en nuestro país, y nos permite evidenciar la complejidad y las múltiples dimensiones involucradas, y salir de las miradas reduccionistas. Pone en evidencia las profundas debilidades que tiene el sistema de protección de nuestras infancias y adolescencias; un sistema desarticulado, fragmentado, burocratizado, que no logra dar respuestas integrales y efectivas en situaciones de riesgo.
El dolor, la impotencia y la indignación que sentimos ante la muerte de Jonathan se amplía cuando vemos el tratamiento que se hace de esta situación en la esfera pública, tanto por parte de muchos medios de comunicación como por importantes sectores de la sociedad en general. ¿Cómo no contribuir a la profundización de la exclusión ni de la discriminación, ni provocar respuestas de odio que multiplican la violencia? Asistimos a la espectacularización de un hecho doloroso y nos preocupa cómo los medios lo han abordado: buscando acceder a la información en forma invasiva, exponiendo infancias y familias y reforzando la idea de que Jonathan no merecía esto porque era un adolescente «bueno», pero ningún niño, niña o adolescente se merece esto. Esperamos un tratamiento responsable, respetuoso, cuidadoso y ético de las personas involucradas y de la información.
¿Cómo evitar que otros Jonathan terminen del mismo modo? Se requieren organismos del Estado que respalden a las organizaciones y a sus trabajadores y trabajadoras, que les otorguen los soportes necesarios –herramientas y recursos suficientes– para su accionar; que actúen con coordinación interinstitucional e intrainstitucional, y que posibiliten intervenciones articuladas y respaldadas por las autoridades.
El cuidado es una práctica política, en tanto práctica de resistencia que afirma la vida en medio del miedo, la inseguridad, el aislamiento y la muerte. Cuidar la vida implica protegerla de la muerte y también dignificarla, sostenerla y valorarla. Queremos poder cuidar a todas las niñeces y adolescencias.
No queremos más niñas y niños muertos. Queremos niños y niñas siendo eso: niños y niñas. La infancia se cuida. Ni uno/a menos.
Mesa de Coordinación Zonal de Flor de Maroñas



