En su casa de Pueblo Victoria, la música no era cosa de fondo. Esencialmente rioplatense, se escuchaba con mucha atención, tanto cuando sonaba a través de un disco como cuando salía de las manos o la voz materna. Desde niña, a Guadalupe le encantaba escuchar a su madre tocar la guitarra y cantar, tanto en la soledad del hogar como en las reuniones con más público. Esas dos vías de escucha, la de los discos y la familiar, empezaron a moldear el sentido estético, sensible y técnico de Guadalupe. En el medio, un mundo. El fraterno, y la invención de canciones disparatadas luego de almorzar, durante las vacaciones de su infancia en Aguas Dulces. Y el de la educación musical: primero con un profesor de guitarra en el barrio –a quien ella, inquieta, desafiaba por querer correrse de a ratos al pi...
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