No dejes de mirar - Semanario Brecha
Libros. La despedida de Julian Barnes

No dejes de mirar

Despedidas, de Julian Barnes. Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama, Barcelona, 2026. 216 págs.

Julian Barnes, el más francés de los escritores ingleses de esa prodigiosa camada que por estas tolderías comenzó a conocerse de la mano de la editorial Anagrama, allá por la década del 90 –integrada por Martin Amis, Ian McEwan y Hanif Kureishi, entre otros–, es también el autor de la celebrada novela en forma de puzle, El loro de Flaubert (1984), y del libro Una historia del mundo en diez capítulos y medio (1989), conjunto de cuentos hilvanados por un motivo microscópico. Y resulta que Barnes cumplió 80 años en el último enero y que al mes siguiente publicó su despedida de los lectores, una que se llama, precisamente, Despedidas.

Hay que leer todo acto de salida de un artista anciano como un gesto que trasciende a la mera biología, pues cuando la muerte finalmente hace de las suyas y pasan los obituarios y los rituales fúnebres, la postumidad se encarga de acicatear a familiares y albaceas para dar a imprenta aquellas cartas, aquella novela inconclusa, etcétera. Antes de que ocurra todo eso, y sabedor, como se dice en el barrio, de que le quedan pocos cortes de pelo, Barnes publicó Despedidas.

Las comparaciones son odiosas, como también lo es esta frase, pero dado el vínculo que mantuvieron (y que en un momento rompieron), no puede evitarse relacionar el último libro de Julian Barnes con la que fuera la obra final de Martin Amis, el contundente –empezando por su peso– volumen memorialístico Desde dentro (2020), publicado tres años antes de la muerte de su autor y que significó una suerte de continuación o superación de Experiencia (2000).

Ahora bien, no solo el tono, sino el abordaje del asunto autobiográfico, no puede ser más diferente en los dos libros finales de los examigos más famosos de la literatura británica: donde en Amis hay una puntillosidad ácida y una proliferación de detalles (en ocasiones, bastante sórdidos) sobre su vida como escritor, en Barnes hay un procedimiento de sustracción y de colocación del foco en una historia ajena, lo que para un lector ansioso puede resultar liviano y no terminar de convencer. La recomendación es la de no apresurarse y tratar de aprehender la forma en que el también autor de Hablando del asunto y Al otro lado del canal eligió para despedirse de sus lectores.

La estructura de Despedidas es un verdadero desafío a la organización interna de un libro de recuerdos: comienza con una elaboradísima reflexión sobre la memoria («El gran I AM»), continúa con el relato de los albores de la relación de pareja entre Jean y Stephen, dos amigos de juventud de Barnes («El principio de la historia»), sigue con un relato pormenorizado de la detección y el tratamiento de la particular variación de cáncer en la sangre que padece el autor («Tratable»), retoma la historia de amor de aquellos dos con un salto de 40 años en el tiempo («El final de la historia») y concluye con una maravillosa divagación sobre la escritura propia, concretando así la auténtica despedida a sus lectores, una que, en realidad, se manifiesta en la forma de un único lector («A ninguna parte»). El escritor que se despide en este libro sabe que está de paso, que será el tiempo el que dictamine finalmente si algo de todo lo escrito sobrevivirá, y que solo la curiosidad es el impulso que nos hace abrir un libro y perdernos entre sus páginas: «Aun así, espero que hayas disfrutado de nuestra relación a lo largo de los años. Yo desde luego que sí. Tu presencia ha sido un placer; de hecho, no sería nada sin ti. Así que voy a descansar un momento la mano en tu antebrazo –no, no dejes de mirar– y después me esfumaré. No, no dejes de mirar».

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