Se puede decir que junto con Gerhard Richter y Sigmar Polke fueron los principales artistas de corte neoexpresionista que lograron revivir la pintura figurativa a gran escala (de los tres fue el único que no expuso en Uruguay). Quizás a este podio habría que subir también a Anselm Kiefer, un poco más joven, pero sin duda el más influyente de los artistas alemanes vivos. Todos ellos comenzaron a tallar en la escena artística en los años sesenta del siglo pasado y se despegaron en los ochenta, convirtiéndose en el tipo de creadores que goza de gran prestigio y es invitado con regularidad a las bienales y ferias de arte. Y, si bien sus obras no están exentas de polémicas ni de alcance político, están lejos del tipo de activismo performático que hoy predomina en los grandes eventos (imposible no citar el reciente escándalo de la renuncia del jurado de la bienal de Venecia, su acción no artística no ha dejado de leerse como un acto performático).
Hans-Georg Bruno Kern nació en Deutschbaselitz (de allí tomaría su nombre artístico), en Alta Lusacia, Alemania del Este. Era hijo de un maestro que había pertenecido al partido Nazi –y, por lo tanto, luego de la guerra no se le permitió ejercer la docencia– y creció entre los escombros de la posguerra: su obra refleja el conflicto interno que suscitó esa herida social en la Alemania dividida y en toda Europa.
Sus primeros intentos por alcanzar una educación artística formal chocaron contra la incomprensión debido a sus ideas sobre la pintura, poco convencionales. En 1955, fue rechazado de la Kunstakademie de Dresde. Fue admitido, en cambio, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Berlín Este, aunque en el segundo semestre terminó siendo expulsado por «inmadurez sociopolítica». Se trasladó a Berlín Occidental a principios de la década del 60, donde sus pinturas causaron escándalo y fueron tildadas de obscenas. Pero la polémica catapultó su carrera en Occidente y le abrió paso para investigar en el grabado, la escultura y la escenografía.
Entre 1965 y 1966 realizó una impactante serie de grandes pinturas bajo el título de Héroes y Tipos nuevos, en donde ironiza sobre la ética socialista del hombre nuevo, a la vez que erosiona el concepto de heroicidad de la Segunda Guerra. Pastores, soldados, artistas y guerrilleros son pintados como gigantes dubitativos, como si estuvieran a punto de tropezar, toscos y frágiles. A partir de 1967, su obra daría un vuelco –nunca mejor dicho– al invertir las figuras de sus pinturas y colocarlas «patas para arriba».
Cuando un artista encuentra una forma expresiva fácilmente reconocible por el gran público –léase los «gordos» de Botero, los «flacos» de Giacometti o los «cuellos largos» de Modigliani–, siempre asoma la idea de que se trata de una fórmula fácil en busca del éxito de mercado. El artista se vende y deja de investigar. Esto lo piensan las personas de a pie, pero también los críticos más afamados. El influyente Robert Hughes, refiriéndose a la «escala industrial» en que producen algunos artistas, se preguntó en 1984: «¿Cuántas pinturas pinta al año ese surtidor de recargada mediocridad que es el alemán Georg Baselitz?». El juicio era injusto y malintencionado. El trabajo sobre una forma recurrente no siempre tiene que ver con la calidad ni con la facilidad, y los ejemplos antes citados son una prueba de ello. A la potencia expresiva de su pintura, Baselitz sumó la simbología que se le atribuye al arcano número 12 del tarot. Las representaciones de los colgados suponen una instancia intermedia entre el cielo y la tierra. Una manera de expresar la necesaria alteración del mundo ante un orden caduco o falso. De cualquier modo, Baselitz no se quedó instalado en el famoso vuelco. Comenzó a producir grandes figuras talladas en madera, cercanas al art brut y emparentadas con la desproporción de sus héroes vencidos. Pintó y trabajó hasta sus últimos días. Sin descanso. Aunque todas las notas necrológicas terminen remitiéndose a aquella inteligente jugada de la inversión del motivo, su trabajo fue audaz y comprometido, y eso es lo mejor que puede decirse de un artista.



