Don Bongosero - Semanario Brecha
Mario Chichito Cabral (1936-2026)

Don Bongosero

Chichito Cabral, sesión fotográfica para el disco Pa Chimasa y Los Tocadores, en 1981. Rodolfo Fuentes.

En una antigua casona de la avenida Rivera, en 1979, Jorge Galemire ensayaba con su banda, aquella con la que un par de años después grabaría su primer disco solista: Andrés Bedó, Andrés Recagno, Gustavo Etchenique y Mario Chichito Cabral formaban parte de la tribu. Fernando Cabrera también participaba de los ensayos. Rivera esquina Guayabos. «En un bar, al lado del Hot Club, viendo Chichito que yo andaba medio cruzado, me santiguó ahí en la vereda. Invocó algún santo brasilero y, con gestos de sacarme la mala energía, me santiguó. Tiempo después siempre que veía a Olmedo me acordaba»,recuerda Cabrera sobre una de aquellas noches. Cuarenta años después, Felipe, uno de los hijos de Chichito, fue asesinado mientras dibujaba un muro en Punta Gorda. Era artista visual y firmaba como Plef. En 2024, Fernando Cabrera le escribió una canción, «Felipe Plef»: «Hoy me acuerdo del padre que en la esquina del tiempo/ me ahuyentó la neblina con un gesto de brujo/ él, que había embrujado ya con Rada y Mateo/ a los púberes muros, a las tibias paredes…».

El sábado 13 de junio falleció Chichito, o el Chiche, como se llamaba a sí mismo, camino a los 90 años, con mucha vida arriba y el dolor por la pérdida de Felipe a cuestas. Su compadre Ruben Rada lo despidió con una sentencia: «Encontrarse con Chichito en cualquier lado siempre era una fiesta». Y así lo recordaron colegas de distintas generaciones, que compartieron más o menos tiempo y música con él, principalmente los percusionistas.

«Los tocadores tenemos que estar unidos», le dijo a Pablo Gancho Leites, uno de esos tocadores, mucho más joven que Cabral y con quien no compartió ni escenario ni estudio de grabación. Pero eso para Chichito no importaba: si eras tocador, te arrimaba a su fuego sin preguntar.

Con 4 años, Chichito se fue con su familia del Cerrito de la Victoria –su barrio natal– a La Mondiola. En el Cerrito ya entonces sonaban tambores, y allí empezó a interesarse: «No sabía hablar, pero sabía ya poner la mano en el tambor»,solía graficar. Ya en La Mondiola y con 11 años, pasó a integrar una orquesta del barrio, Gonzalito y su Habana Serenade, con base de piano y ritmo, en la que Chichito tocaba unos bongós que pesaban como él. Le encantaba toda la percusión, pero en la radio había escuchado al trío Los Panchos interpretando «Rayito de luna» y se enamoró del bongó. «Me hago bongosero»,decretó el niño. Héctor Ocampo, especialista en el instrumento, le enseñó a tocar y le consiguió sus primeros trabajos musicales, cuando Cabral apenas estaba iniciando su adolescencia.

* * *

Acompañando rumberas conoció las boîtes, mamó de los instrumentistas con que se cruzaba y terminó tocando con Celia Cruz, José Feliciano y todos los cantantes de boleros que vinieran a Montevideo. Esos vínculos, más las dotes musicales del joven Cabral, hicieron que a inicios de los sesenta fuera invitado por los Lecuona Cuban Boys a tocar en Hamburgo, Alemania. En la histórica ciudad portuaria –aún en reconstrucción, por la guerra– conocerá músicos de todo el mundo y se ganará la vida tocando. En alguno de los lúgubres clubes del barrio San Pauli, Chichito recuerda haber visto a una incipiente banda inglesa que estaba probando suerte en los sótanos alemanes: los Beatles, aún sin Ringo en sus filas. En alguna de esas noches de Hamburgo, mientras caminaba por el muelle, se impresionó con un cartel luminoso que dibujaba la palabra totem, algo que su mente tradujo como «todos tenemos música». Se prometió que si algún día formaba un grupo se iba a llamar así, Totem. Ya en Montevideo, en 1968, recibió una llamada de Urbano Moraes para invitarlo a integrar El Kinto, tras la salida de Rada. Se le abrieron, entonces, otras posibilidades rítmicas y pudo hermanar todo su acumulado con el candombe beat, e incluso contó con la posibilidad de componer. Eduardo Mateo le dijo: «Acá todos nos mandamos, así que vos mandate». Así fue como escribió «Don Pascual», su primera composición: «Entonces un día fui a pescar con mi señora y me puse a escribir lo que estaba pasando. Y le puse música. Me imaginaba un tambor, me lo tocaba en la pierna», le comentó a Guilherme de Alencar Pinto en Razones locas.Con El Kinto como laboratorio musical surge el toco: un ritmo pesado, denso y grave, tocado a tierra, que aparece en «De nosotros dos», ejecutada por Mateo en su primer disco solista, de 1972, o en «Yo quería ser como vos», tocada por Chichito en el primer disco solista de Fernando Cabrera, de 1984.

Tras el fin de El Kinto, en 1970, Chichito se da el gusto de grabar «Don Pascual» como vocalista, gracias a un arreglo de Manolo Guardia, quien lo acompañaría en la grabación junto con su orquesta. El mismo año se suma a Dino en sus actuaciones, en las que cruza a Creedence con los Wawancó, y participa de su primer disco solista. Es entonces que Dino incluye la canción «Pal’ Cabral» y en la descripción añade: «Este es mi homenaje a Chichito Cabral, el hombre que le dio una nueva dimensión al candombe».

Tras eso, Cabral empieza a juntarse con otra barra de músicos en el sótano del Hot Club. Quieren armar un grupo; Chichito recuerda su promesa en Hamburgo y nace Totem. En 1971 editan su primer LP, homónimo. Al año siguiente el segundo, Descarga, que incluye la canción «Orejas» (también imaginada por Chichito en una mañana de pesca, al toparse con un perro negro que le festejaba la atención y algún regalo sacado del mar). En 1973, el grupo graba su último LP, Corrupción, en el que se incluye «A Victoria y Federico», canción dedicada a sus dos primeros hijos. Siguió acompañando a Dino en sus proyectos, los Moonlights, Conjunto 03, y el propio Gastón Ciarlo convirtió «Don Pascual» en un clásico de la música uruguaya, editando su versión a fines de los setenta.

En 1983, Cabral graba su primer trabajo solista, titulado Pa’ Chimasa & Los Tocadores, dedicado a sus colegas del ritmo y a su compañera de vida, María Sara, a quien había conocido casi 20 años atrás y con quien compartió la vida hasta este sábado.

La lista de músicos que consideraron a Chichito para sumarse a sus grabaciones y actuaciones es eterna, al igual que la cantidad de invitados que él tuvo en sus discos solistas. La natural simpleza y el desapego por los dilemas que poco tienen que ver con la música (pero pueden contaminarla) hicieron que el recorrido de este hombre bonachón estuviese siempre acompañado de gente, de cariño y de un enorme respeto musical. Siguió activo hasta que pudo, siendo un tocador de manos, más que de dedos, como solía aclarar. Siempre confiado a pescar, saliera el sol o no.

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