El pasado viernes, mientras una delegación de transportistas autoconvocados ingresaba a la residencia de Suárez y Reyes para reunirse con el presidente Yamandú Orsi, distintos puntos de las rutas nacionales seguían registrando cortes y enlentecimientos del tránsito. Las movilizaciones, que llevaban varios días, se habían organizado bajo una consigna sencilla: «No a la guía». El motivo –una herramienta electrónica que apenas exige declarar siete datos básicos sobre cada viaje– fue suficiente para provocar bloqueos de rutas, reuniones de urgencia con el Poder Ejecutivo y una nueva disputa entre empresarios, trabajadores y el gobierno. La reacción parece desproporcionada. Salvo que la discusión nunca haya sido realmente sobre una guía. EN LA JUNGLA El transporte profesional de carga emplea a ...
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