«Para mí, se terminó. Ya no quiero tener nada que ver con ellos. Son escoria. ¿Sabés lo que es la escoria? Son escoria, gente enferma. Están liderados por gente enferma, gente cruel y violenta. Si tuvieran un arma nuclear, la usarían. En lo que a mí respecta, se acabó. Tenemos que erradicar su cáncer. Hay que extirpar el cáncer a tiempo.» Así se refirió Donald Trump este miércoles al memorándum de entendimiento firmado con Irán y al liderazgo de ese país, poco antes de anunciar nuevos bombardeos masivos contra la república islámica. Este jueves, el Pentágono dijo haber golpeado 170 objetivos en territorio iraní en 48 horas.
Tras conseguir un frágil cese el fuego y la posterior firma de un memorándum de entendimiento favorable a las demandas iraníes y resistido por los intereses israelíes, Estados Unidos e Irán se habían dado 60 días para negociar un tratado de paz definitivo. Apenas 21 días después, ese entendimiento parece haber naufragado en Ormuz. Los motivos son múltiples y ambas partes aducen violaciones cometidas por el enemigo.
Irán afirma que Estados Unidos nunca respetó lo acordado. La primera cláusula del memorándum exigía paz en Líbano y proteger la integridad territorial de ese país. Pues bien, allí siguen las fuerzas de ocupación israelíes y sus ataques, con el aval de Washington. Teherán también señala la lentitud de la Casa Blanca para liberar los activos iraníes congelados y la reciente marcha atrás estadounidense acerca del libre comercio de petróleo iraní. Estados Unidos afirma que Irán incumple sus promesas respecto a la libre navegación en el estrecho de Ormuz, el motivo principal por el que firmó el memorándum en primer lugar y prácticamente la única concesión real que Trump había logrado de Teherán. El ataque estadounidense se produjo después de que el martes Irán atacara tres barcos en el estrecho de Ormuz. Irán insiste en que las tres embarcaciones intentaron cruzar esa vía sin su permiso. Estados Unidos considera que ese permiso no debe ser exigido.
Para Sina Toossi, investigador especializado en el vínculo entre Teherán y Washington del think tank estadounidense Center for International Policy, la lógica del memorándum «se basaba en una premisa frágil: que Washington y Teherán considerarían la implementación parcial de lo acordado como un paso previo a un acuerdo más amplio, en lugar de ver lo firmado como una oportunidad para mantener su influencia mientras miden qué tan determinado está el otro. En la práctica, ninguna de las partes llegó nunca a creer que la otra estuviera cumpliendo los compromisos más importantes». Toossi sostiene en una columna de esta semana en The Guardian que entre los dos países existe una nula confianza y la certidumbre, fundada, de que el otro intenta conseguir por lo bajo todo a lo que prometió renunciar.
Irán, que viene de velar al ayatolá Alí Jameneí con procesiones de millones de personas en todo el país, acusó este jueves a Estados Unidos de crímenes de guerra tras el ataque aéreo a dos puentes en el este del país. Se trata de dos puentes clave para el comercio iraní con China, que viene en aumento. Teherán también dijo que Estados Unidos bombardeó esta semana las inmediaciones de su único complejo de plantas nucleares.
Esta vuelta a las hostilidades podría ser simplemente una nueva pulseada momentánea para reforzar posiciones de cara a la siguiente ronda de diálogo, y la Casa Blanca ya se mostró dispuesta a bajar los decibeles tras los exabruptos de Trump del miércoles. O podría ser una vuelta a los combates sin pausa. Es el mismo presidente que ya declaró la guerra a Irán dos veces y asesinó a su líder, en plenas negociaciones supuestamente serias y prometedoras. En Israel los nuevos bombardeos ilusionan a Benjamin Netanyahu, el gran perdedor del memorándum. El Wall Street Journal señalaba al cierre de esta edición que, en medio de la renovada destrucción, Tel Aviv acaba de compartir «información de inteligencia» con Washington, en la que alerta acerca de un enésimo complot maléfico del perverso Irán para matar a Trump.



