¿Por qué publicar Idos y recién llegados 20 años después? - Semanario Brecha
Libros. Vania Markarian reeditada por Estuario

¿Por qué publicar Idos y recién llegados 20 años después?

Idos y recién llegados. La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transnacionales de derechos humanos (1967-1984), de Vania Markarian. Estuario Editora, Montevideo, 2026. 278 págs.

Publicado por primera vez en inglés en 2005 y en español un año después, Idos y recién llegados. La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transnacionales de derechos humanos (1967-1984) es el resultado de la tesis doctoral de Vania Markarian, defendida en 2003 en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. A 20 años de la edición original, vale la pena preguntarse por qué volver a publicarlo y que líneas de investigación sigue abriendo.

La tesis analiza una de las transformaciones más relevantes de la izquierda uruguaya pre- y posdictadura: el pasaje del lenguaje de la revolución al de los derechos humanos. Es decir, de qué forma y por qué las izquierdas incorporaron el lenguaje de los derechos humanos –que en los años anteriores habían rechazado por considerarlo «burgués»– y qué los llevó a utilizar tribunas de denuncia que antes habían sido consideradas parte del «enemigo imperial», caso de la Organización de los Estados Americanos o del Congreso de Estados Unidos.

Los actores principales que siguió la autora fueron los exiliados de izquierda en diversos escenarios geográficos y políticos, y sus actividades como su incorporación al activismo por los derechos humanos. Pero Markarian no lo hizo pensando a la izquierda como un bloque monolítico, sino todo lo contrario: rastreó motivaciones personales y partidarias que, por momentos, no solo fueron distintas, sino contrapuestas. El libro sigue de forma cronológica el recorrido geográfico de las izquierdas en el exilio y sus principales debates. Parte de un análisis profundo sobre las principales discusiones transitadas por las izquierdas uruguayas entre la realización en La Habana de la Organización Latinoamericana de Solidaridad en 1967 y el auge de la vía armada y la disolución de las cámaras legislativas en junio de 1973. Consumado el golpe de Estado, el escenario se trasladó hacia Argentina, uno de los destinos principales del exilio uruguayo entre 1973 y 1976. Luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se inició una segunda etapa que se corrió a Venezuela, México y Europa. Finalmente, el círculo terminó cerrándose con el regreso de los exiliados al país luego del plebiscito de 1980 y la instalación del gobierno democrático a comienzos de 1985.

Se trata de un trabajo pionero en lo que se ha dado en llamar historia transnacional,centrado en el movimiento, las circulaciones, las redes e intercambios y las transformaciones que estos produjeron en las izquierdas. Una perspectiva hoy más transitada en el campo historiográfico uruguayo, pero que a comienzos de los años 2000 había resultado profundamente innovadora.

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Un primer aporte del trabajo está centrado en las izquierdas.Desde ese lugar, el libro fue y sigue siendo relevante. Cuando se publicó por primera vez, el campo de las izquierdas era incipiente y estaba –con escasas excepciones– centrado en el estudio y en las memorias de los militantes del MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros). Es, entonces, una investigación pionera en pensar y reponer los avatares de las izquierdas no armadas: la socialista, la comunista, la frenteamplista y sus estrategias –por momentos convergentes– con sectores provenientes de los partidos tradicionales. Wilson y Juan Raúl Ferreira ocupan, en este sentido, un lugar destacado. Dentro de este campo, un segundo aporte es el análisis de las transformaciones que las izquierdas desarrollaron durante la dictadura civil-militar desde el punto de vista programático. Y ello, clave en este libro, redunda en uno de los pocos trabajos dedicados al asunto que existen todavía hoy.

Si bien las investigaciones sobre las izquierdas se multiplicaron en estos últimos años, la centralidad puesta en las transformaciones programáticas durante la dictadura siguen siendo escasas. Y, en este sentido, el libro analiza una de las discusiones clave del período: la viabilidad del Frente Amplio (FA) como herramienta política en la lucha contra la dictadura. El FA no se constituyó como una alianza inquebrantable a partir de 1971, sino que se mantuvo en disputa también durante el período autoritario. La autora reconstruye alianzas y acuerdos que discutieron su viabilidad como herramienta en la práctica.

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Un segundo aporte es el estudio del exilio y las redes transnacionales de derechos humanos. Otra vez, el libro propuso y propone una mirada novedosa. En primer lugar, el exilio no era un asunto central en la preocupación de la historiografía hace 20 años y, si bien las investigaciones sobre este asunto se han desarrollado en los últimos tiempos, el trabajo de Markarian se centró en un aspecto que todavía sigue sin abordarse: no se analizan únicamente las formas de llegada, las adaptaciones sociales o culturales de los exiliados, sino sus transformaciones políticas. Es acá donde lo transnacional cobra su mayor dimensión. Los sectores que venían discutiendo las formas de pensar de manera unificada la oposición a la dictadura van a encontrar un terreno común de acción política en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos. Este fue el elemento unificador y la clave de la transformación. Vale destacar que Markarian hace un análisis minucioso no solo de las discusiones en las izquierdas para utilizar estas tribunas de denuncia, sino también de las tensiones dentro de las organizaciones internacionales –como Amnistía Internacional o el propio Congreso y gobierno de Estados Unidos–. Más allá de cuestiones institucionales, el libro recupera los esfuerzos de los exiliados y familiares en la preparación de las denuncias a escala internacional: conocer la legislación, sistematizar la documentación, viajar (en algunos casos, al otro lado del mundo). Aparecen aquí las primeras acciones de las madres de los desaparecidos a escala internacional y el rol de los uruguayos en la fundación del Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay y la Asociación de Familiares de Uruguayos Desaparecidos.

Un último aporte está en los debates en torno a la verdady la justicia. La autora presenta un interesante análisis que muestra cómo el auge de las denuncias por las violaciones de los derechos humanos desarrolladas en el exilio van a encontrar un freno en el Uruguay de comienzos de los años ochenta, cuando algunos sectores de las izquierdas acordaron participar de las negociaciones de la salida de la dictadura con las Fuerzas Armadas. Lejos de llegar a un consenso, el acceso a la verdad y a la justicia provocó tensiones profundas dentro de las izquierdas en los últimos años de autoritarismo.

El libro, además, propone las bases de una investigación futura para pensar el presente: cómo estas tensiones se siguieron desarrollando a partir de 1985; cómo fue el encuentro entre estos militantes de las izquierdas y las organizaciones de derechos humanos; cuáles fueron (y son) las discusiones dentro de la izquierda y del movimiento de derechos humanos con el Estado democrático –y, fundamentalmente, con el FA en el gobierno–. Es un trabajo que nos sigue interpelando sobre la relevancia de los derechos humanos y, en particular en un tiempo tan dramático como el presente, que registra un gran avance de los negacionismos y una tibieza alarmante ante al genocidio palestino.

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