En Uruguay las oleadas de conflictividad social siempre se estrellaron con el rompeolas de las instituciones estatales. Un Estado presente material y simbólicamente, una extendida cultura de la negociación y la capacidad de las organizaciones populares para controlar y domesticar impulsos emancipatorios redundaron en una rápida institucionalización de las principales irrupciones de abajo. Una «sociedad amortiguadora», en la que la conciliación de las contradicciones sociales (antes las de clase, ahora las de género y generación) tiende a transmutar los conflictos emancipatorios en una arquitectura legalista de microcambios controlados desde arriba. El invierno de 1996 como el verano de 1985 y el invierno de 1969 tienen algo en común: las sólidas instituciones orientales fueron desbordadas ...
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