Hay algo bastante absurdo en reprocharle a Moria, la serie creada y dirigida por Javier Van de Couter para Netflix, su falta de realismo. El director propone una especie de gigantesco programa de televisión conducido, conceptual y literalmente, por su protagonista; Moria aparece, interviene, comenta y gobierna el relato, es la anfitriona de su propia memoria. No estamos entrando a un pasado supuestamente objetivo, sino a un show más, uno que la diva autoriza de buenísima gana. Aquellos que no resisten su carácter de heroína popular critican y alimentan, sin darse cuenta, la razón del personaje: dicen que en la serie no se habla de la dictadura, que se suprimen pasajes deshonrosos, que se suavizan acciones reprochables. Como si hubiera allí una voluntad de averiguar qué ocurrió verdaderamen...
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