El espejismo de la emancipación por arriba - Semanario Brecha
Intenciones y límites

El espejismo de la emancipación por arriba

Los Brics quieren que Estados Unidos y Europa «manden menos» en la economía mundial. Pero ¿significa eso que automáticamente sus trabajadores vivirán mejor?

El primer ministro indio, Narendra Modi, el presidente chino Xi Jinping y el presidente ruso Vladimir Putin en la Cumbre de los Brics en Nueva Delhi el 12 de setiembre. AFP, Ministerio de Asuntos Exteriores de la India.

Los pasados días 12 y 13 de setiembre se reunieron en Nueva Delhi los gobiernos de los países Brics con la finalidad de tomar acuerdos que les permitan ampliar el comercio en monedas nacionales, mejorar las conexiones entre sus sistemas de pagos y reclamar reformas en las instituciones económicas internacionales. Por otra parte, la cumbre también sirvió para mantener conversaciones entre gobiernos enfrentados en y por la guerra en Oriente Medio.

La simpatía que en la actualidad despiertan los Brics no ha surgido de la nada. Muchos países conocen lo que significa depender de decisiones tomadas fuera de sus fronteras. Si necesitan un préstamo, pueden encontrarse con exigencias que afectan a sus servicios públicos. Si una potencia bloquea sus pagos internacionales, pueden tener dificultades para comprar productos necesarios, aunque dispongan de dinero. Por eso importa mucho contar con otras opciones. Esa mayor libertad puede ayudar a resistir presiones.

COMERCIAR SIN DÓLARES

Uno de los acuerdos de Nueva Delhi busca facilitar los pagos en monedas nacionales. Esto no significa que haya nacido una moneda común. La delegación india precisó que no existe actualmente una propuesta de ese tipo. Se trata de hacer más sencillos y baratos los pagos entre países utilizando las monedas que ya tienen.

Para entenderlo, imaginemos una empresa brasileña que compra maquinaria china. Si pueden pagar directamente en reales o yuanes, quizá reduzcan gastos y algunas dependencias. Pero pagar de otra manera no resuelve todos los problemas. Quien recibe una moneda necesita poder utilizarla después. Si vende mucho a un país y apenas le compra, puede acumular dinero que no le resulte fácil gastar. Por eso hacen falta acuerdos y mecanismos que funcionen, además de buenas intenciones.

Hay otra cuestión todavía más importante. La empresa brasileña de nuestro ejemplo puede ahorrar en el pago de su maquinaria y mantener los mismos salarios. La fábrica china puede vender más sin reducir la jornada de sus trabajadores. Cambiar de moneda puede beneficiar al negocio, pero, para que beneficie también a los empleados, hacen falta decisiones y fuerzas capaces de conseguirlo.

UN BANCO DIFERENTE, PERO UN BANCO

Los Brics cuentan también con el Nuevo Banco de Desarrollo, creado para financiar infraestructuras y otros proyectos. Puede prestar dinero para mejorar el transporte, el abastecimiento de agua o la energía. Su estrategia también contempla financiar operaciones privadas y conceder parte de sus créditos en monedas nacionales.

Disponer de esa financiación puede ser muy útil. Una población que necesita agua corriente no debería esperar indefinidamente porque los prestamistas habituales no consideren prioritaria su obra. Pero, para valorar un préstamo, hay que seguir el dinero hasta su destino. ¿Quién recibe los fondos? ¿Quién construye? ¿Quién será dueño de las instalaciones? ¿Cuánto pagarán los usuarios?

Además, el propio banco necesita conseguir dinero y devolverlo a quienes se lo prestan. Eso limita sus decisiones. En 2022, el Nuevo Banco de Desarrollo suspendió nuevas transacciones en Rusia, uno de sus países fundadores, ante las restricciones y la incertidumbre del momento. Este episodio mostró claramente que tener un banco propio no significa quedar fuera de las presiones del sistema financiero internacional.

La cumbre reclamó cambios en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Los Brics quieren que las economías emergentes tengan más voz en sus decisiones. También han defendido el comercio internacional frente a los aranceles impuestos unilateralmente. Quieren participar más en la dirección de esas instituciones y conseguir mejores condiciones para sus actividades económicas.

Pero aquí conviene detenerse. Un empresario puede enfrentarse a otro porque quiere una parte mayor del negocio. Esa disputa puede ser muy dura, pero ambos pueden coincidir en mantener bajos los costos laborales. La competencia entre países tampoco elimina el conflicto entre propietarios y trabajadores dentro de cada uno de ellos.

SENTARSE JUNTOS NO SIGNIFICA QUERER LO MISMO

La reunión entre representantes de Irán y Emiratos Árabes Unidos ayuda a entender otra característica del grupo. Ambos aceptaron una declaración que pide contención y protección de la población civil. El presidente iraní se reunió, además, con el príncipe heredero de Abu Dabi. Fue un contacto diplomático importante entre países enfrentados por la guerra, aunque no resolvió sus diferencias.

Los Brics permiten mantener conversaciones y alcanzar acuerdos concretos. Sin embargo, sus miembros no forman un equipo que actúe siempre con un mismo propósito. Cada gobierno protege sus alianzas, sus empresas y sus necesidades. Pueden colaborar en un asunto y competir en el siguiente.

China necesita compradores para sus productos. India quiere desarrollar sus propias industrias, que pueden competir con las chinas. Los exportadores de energía buscan clientes, mientras los compradores buscan precios favorables. Compartir unas siglas no hace desaparecer esas diferencias. Tampoco convierte a todos sus integrantes en defensores de las mismas causas.

UN PAÍS MÁS RICO PUEDE TENER TRABAJADORES POBRES

Cuando se anuncia que una economía crece, falta explicar cómo se reparte lo que produce. Las exportaciones pueden aumentar mientras los salarios apenas avanzan. Una empresa puede conquistar mercados extranjeros y exigir más esfuerzo a su plantilla. El éxito que celebra un gobierno o determinadas clases sociales puede ser percibido de manera muy distinta en una oficina de dirección y en los asalariados de una fábrica.

Esto también ocurre cuando un país vende materias primas a otro miembro de los Brics. Si exporta minerales baratos y compra después productos industriales caros, puede seguir dependiendo de otros para obtener maquinaria y tecnología. Cambiar de comprador no significa que controle una parte mayor del negocio.

Para saber si una relación comercial mejora esa situación, debemos mirar sus resultados. ¿Se aprende a fabricar dentro del país? ¿Se crean empleos con derechos? ¿Los ingresos permiten mejorar la sanidad y la educación? ¿Las comunidades siguen conservando sus tierras?

VARIAS POTENCIAS NO GARANTIZAN UN MUNDO JUSTO

La palabra multipolaridad, habitualmente relacionada con los Brics, describe un mundo donde varias potencias tienen capacidad para influir en las decisiones internacionales. Puede sonar prometedor frente a un orden dominado por una sola. Pero no explica cómo gobiernan esas potencias ni qué hacen con el poder que consiguen.

Nueva Delhi ha confirmado que hay gobiernos capaces de disputar privilegios occidentales. Esa disputa puede abrir oportunidades que sería absurdo despreciar. Pero aprovecharlas en beneficio popular requiere organización, derechos y capacidad para intervenir en las decisiones económicas. Ninguna de esas potencias hará automáticamente ese trabajo por quienes viven de su salario.

Por eso, apoyar la resistencia frente a las agresiones de Estados Unidos no obliga a justificar todo lo que hagan sus competidores. Los trabajadores necesitan defender sus intereses también frente a los empresarios de su propio país. El cambio decisivo llegará cuando puedan decidir qué se produce, para qué y cómo se reparte.


(Tomado de Rebelión. Brecha reproduce fragmentos.)

BRICS y el sur global

Concertación y nueva gobernanza

Desde su creación, hace ahora 20 años, el grupo ha experimentado una transformación sustancial. Sus sucesivas ampliaciones han aportado recursos, mercados, población y capacidad económica, pero también una heterogeneidad considerable de intereses, modelos políticos y orientaciones internacionales.

Precisamente ahí reside una de las principales paradojas de los Brics. Su dimensión económica y demográfica es extraordinaria, pero su capacidad para traducir ese peso en acción colectiva continúa siendo limitada. El grupo representa ya cerca de la mitad de la población mundial y alrededor del 40 por ciento del PBI global en términos de paridad de poder adquisitivo, pero sus miembros mantienen diferencias profundas sobre cuestiones esenciales.

Los retos internos son, por tanto, conocidos: gestionar la heterogeneidad, evitar que las rivalidades bilaterales bloqueen la cooperación y encontrar una agenda suficientemente amplia para que todos puedan reconocerse en ella. Es una dificultad que se ha interpretado a menudo como una limitación estructural de los Brics para desempeñar un papel global más relevante. Sin embargo, quizá sea necesario cambiar la perspectiva.

El grupo no pretende –al menos todavía– convertirse en una alianza política o militar. Tampoco parece razonable medir su eficacia exclusivamente con los parámetros de las organizaciones occidentales. Su primera función remite a constituir un espacio de consulta, concertación y cooperación entre grandes países emergentes y representar, en el sistema internacional, una voz más articulada del llamado Sur global.

Es una función importante, pero quizá insuficiente. Con la que está cayendo en el mundo, se echa en falta una dimensión más activa. Recursos energéticos, minerales estratégicos, producción industrial, mercados, población, tecnología, agricultura, infraestructuras y capacidad financiera proporcionan una base excepcional para ello. La cuestión es hasta qué punto esa potencialidad puede ser optimizada.

Para China, el futuro de los Brics debería pasar antes por promover el desarrollo, coordinar capacidades y construir instrumentos de cooperación que por precipitar una agenda de confrontación geopolítica. Comercio, infraestructuras, finanzas, tecnología, energía, seguridad alimentaria, cadenas de suministro, innovación y mecanismos de pago pueden constituir ámbitos mucho más eficaces para consolidar el grupo que una excesiva politización. La secuencia es importante. Primero, cooperación; después, coordinación; finalmente, mayor capacidad de influencia.

En otras palabras, la construcción de una alternativa al predominio de las grandes economías occidentales no tendría por qué comenzar proclamando una alternativa política al orden existente. Puede empezar creando capacidades propias que reduzcan gradualmente las dependencias. La cooperación financiera, el comercio en monedas locales, las infraestructuras, las nuevas tecnologías o la articulación de cadenas de suministro constituyen pasos mucho más tangibles en esa dirección. Los Brics ya han avanzado en algunos de estos terrenos, aunque todavía de forma desigual.

Si el grupo tratara de convertirse prematuramente en un bloque geopolítico, las diferencias entre sus miembros –incluidas las existentes entre China e India o entre distintas posiciones respecto a Rusia, Irán o Estados Unidos– podrían terminar erosionando las expectativas generadas por su expansión. La cuestión de fondo es, por tanto, si los Brics pueden dar el salto desde la representación del descontento hacia la construcción de capacidades correctoras. Ahí está probablemente su verdadera prueba. Porque denunciar las insuficiencias de la gobernanza global resulta relativamente sencillo. Mucho más difícil es construir mecanismos capaces de hacerla diferente. Y los Brics disponen hoy de una dimensión económica, demográfica y estratégica que les permitiría intentarlo.

Xulio Ríos

(Director emérito del Observatorio de la Política China. Brecha reproduce fragmentos de esta nota, publicada en el blog del autor.)

Más que un grupo de países

Una superpotencia que se consolida

La cumbre de Nueva Delhi selló la consolidación definitiva de los Brics como superpotencia económica, comercial y tecnológica.

En la capital india, la organización se comprometió a flexibilizar las barreras comerciales internas y comenzó a materializar su complementariedad económica. Un ejemplo: Nueva Delhi acordó adquirir 85 aeronaves rusas Il-114-300 para su red de vuelos regionales. El anuncio ocurrió durante una feria industrial bilateral, donde Moscú desplegó una variada oferta tecnológica, desde el uso pacífico de la energía nuclear –aplicada tanto en el sector de la generación eléctrica como de la salud– hasta la fabricación conjunta de locomotoras, entre otras innovaciones estratégicas exhibidas por el gigante euroasiático.

Con alternativas al sistema financiero occidental –como la plataforma Brics  Pay o la red rusa A7 para transacciones transfronterizas independientes de Washington–, el grupo consolida las bases de una profunda integración económica. Este avance impulsa la conectividad logística mediante proyectos de infraestructura clave, complementados por el desarrollo estratégico de redes digitales y de comunicación conjuntas.

La declaración final de la cumbre plasma este escenario e incluye el compromiso de potenciar la interconexión mediante cables submarinos.

El documento, de 45 páginas y 140 puntos, también pone de manifiesto el propósito de los Brics de impedir el monopolio occidental en temas como la inteligencia artificial. Para lograrlo, prevé unificar esfuerzos aprovechando sus vastas reservas de minerales críticos y su enorme potencial intelectual y tecnológico, y posicionarse así entre los líderes globales del sector.

Para África –que volvió a denunciar en la cumbre el persistente colonialismo occidental y el marcado carácter extractivista de las corporaciones estadounidenses y europeas–, el grupo representa un gran desarrollo. Los Brics ofrecen un modelo de beneficio mutuo fundamentado en la transferencia tecnológica, una herramienta clave que permitirá al continente africano transformar toda la riqueza de su subsuelo en diversos productos con alto valor agregado.

La declaración final también ratifica el carácter solidario de los Brics. Además de abogar por una verdadera representatividad de las instituciones de gobernanza global –mediante la incorporación de naciones del Sur y el Oriente globales al Consejo de Seguridad de la ONU y a entidades financieras como el Fondo Monetario Internacional–, respaldó firmemente a Cuba frente a una presión estadounidense sin precedentes. Paralelamente, el documento reafirmó un sólido apoyo a la causa palestina.

Víctor Ternovsky

(Periodista ruso. Nota tomada del blog del autor. Brecha reproduce fragmentos.)

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