No es Litto Nebbia, tampoco Moris. Ni el angelado Spinetta, ni el áspero Javier Martínez. Pudo haber sido Pappo, pero tampoco le toca en suerte. Charly García aún no es ni el de la guía. Ese morocho de pelo largo y alborotado mira al horizonte con la sabiduría de un anciano; apenas si pasa la mayoría de edad. Ahí está, zoom sobre su rostro, el primer rockero argentino en ocupar la portada de la gran revista del rock nacional. Aunque forme parte de un grupo, no es para Vox Dei la tapa del número 21 de Pelo, sino para su figura principal, Ricardo Soulé. Un hombre de la periferia –toda la vida en el conurbano bonaerense–, el primero en ocupar ese centro.
Para entonces, su obra capital ya era un hecho. El álbum La Biblia había sido publicado tiempo atrás, en los albores de 1971. Una idea audaz impulsada en el seno del grupo por el chico de la tapa, que aún no era un tipo de fe inquebrantable, a pesar de ese nombre en latín. Pertenecer a los márgenes hará que Vox Dei muchas veces sea corrido del primer canon del rock nacional, en el que se enumera de memoria la tríada Gatos-Almendra-Manal. Pero bastan solo dos movimientos para sellar su nombre en aquel firmamento: el mencionado disco y una sola canción. Y esto si apenas rasgamos la superficie.
El joven Soulé tenía el antecedente casero de la Misa criolla. Se puso a leer la Biblia y escribió sin parar. Cantó con el peso de la historia encima, o eso parece en el «más» de «Libros sapienciales». Así se vocifera sobre la inmensidad: sacándola de adentro desde las propias entrañas. El hombre eligió el mito de la creación más próximo a su cultura y con semejante caudal expresivo lo elevó a los cielos mientras, casi en simultáneo, el neoyorkino Stephen Schwartz escribía el musical Godspell y Andrew Lloyd Webber y Tim Rice hacían lo propio en Inglaterra con Jesus Christ Superstar. Pero ni yanquis ni británicos compusieron «Las guerras» o «Génesis». Punto para Ricardo.
Este quilmeño criado en una casa poblada de animales y estudioso de la música desde niño –aprendió el violín al tiempo que comenzaba la escuela primaria– ya había mostrado las cartas en Caliente (1970). Vox Dei era una banda espesa, pero tenía en su figura principal a un cantor firme y terso, un pesado lírico que moldeó el baladismo rockero desde «Presente» hasta… el presente. No solo fue aquel tema, una sagrada escritura del fogón argentino. Los tempos medios sirvieron a Soulé de muestra: no hace falta machacar y poner carita de malo para ser un duro. Cantarle a tu amada y a tus amigos con convicción resulta más hondo y recargado.
El influjo de La Biblia, aunque a veces parezca subterráneo, es solo comparable al de obras conceptuales de otras latitudes rockeras (por caso, el Dark Side de Pink Floyd). ¿Cuántos discos han sido revisitados como este? Probablemente sea el álbum más versionado de la historia del rock argentino: lo rehicieron ellos mismos, en vivo –en su retorno de 1986– y en estudio con invitados –a 25 años de la gesta original–; lo trabajaron Billy Bond y Jorge Álvarez en 1974, con el Ensamble Musical de Buenos Aires (y casi toda la primera plana del rock argentino de entonces); Bond hizo con las pistas del Ensamble una versión brasileña, y Juanse lo trajo al siglo XXI en medio de su reconfiguración religiosa.
UN CAMINO PERLADO
Fue para Vox Dei, en cierto punto, una consagración y una piedra pesada que cargar: llegar tan rápido a esa cima, concretar de manera tan acabada una idea así de ambiciosa, hizo que nunca pudieran librarse de su leyenda. Aun cuando sus discos inmediatamente posteriores son obras imperecederas: toda la primera etapa del grupo, hasta la partida de Soulé a Europa a mediados de los setenta, es un camino perlado. Desde Jeremías pies de plomo (1972) hasta Vox Dei para Vox Dei (1974), el trío que completaban Willy Quiroga y Rubén Basoalto –más sus ocasionales acompañantes, aunque, espiritualmente, Vox Dei siempre fue estos tres nombres– perfeccionó un estilo monolítico y melódico que marcó al rock pesado argentino.
DE EXTRACCIÓN CONURBANA
Un Ricardo, todos los Ricardos. El primero sorprende, pero, como Soulé, ha sido y continúa siendo un hombre de negro, a su manera. El primer recital que presenció Richard Coleman en su vida fue el estreno de Vuelta a casa (1976), metálico debut solista de Soulé, en el Teatro Coliseo. Luego del intento de instalarse en el Viejo Continente –y de que el grupo inglés Heavy Metal Kids, a instancias de Danny Peyronel, versionara en su idioma «Canción para una mujer», rebautizándola «It’s the Same»–, nuestro peregrino regresó curtido. Vox Dei seguía su camino con otros músicos, pero su historia de idas y venidas se reavivó en Gata de noche (1978), que continuó la senda recia, inspiradora de otro tocayo célebre: Ricardo Iorio. ¿Qué sería de él y de Ricardo IV (Mollo) sin el Antecedente Soulé? Tres rockers de extracción conurbana y, en el fondo, vocación cancionera.
Pero el grupo más deudor de nuestro hombre es, quizá, el más popular de Argentina: La Renga. Los muchachos de Mataderos, nobleza obliga, han celebrado a su héroe tocando en vivo media docena de canciones del repertorio de Vox Dei a lo largo de su carrera, además de invitarlo a cantar en su disco Pesados vestigios (2014). Soulé unió las puntas de un mismo lazo. Grupos antagónicos estética y estilísticamente, como son Soda Stereo y La Renga, trabajaron versiones sobre una misma canción: «Génesis».
¿Y entre los dimes y diretes de Vox Dei, qué? Un par de discos singulares en una década compleja para los pioneros: Romances de gesta, de 1982 –grabado en Estados Unidos con Edelmiro Molinari como bajista y productor–, contiene parte de las canciones pensadas para otro proyecto conceptual que quedó trunco con el grupo, basado en el Cid Campeador, y una interesante apertura estilística; el álbum homónimo de 1985 presenta un audio agiornado a la época. Ya adentrado en los noventa, Soulé se dio el gusto con Osadía (1991), una revisión del repertorio propio grabada con un cuarteto de cuerdas en España –con él mismo como violinista, claro–, bastante antes de que a Cerati se le ocurriera jugar a ser El Principito con orquesta.
AVES RAPACES
El siglo XXI encontró a Héctor Ricardo Soulé con su última criatura, La Bestia Emplumada, nombre que cita versos de Vox Dei y, a la vez, trae consigo otra de las pasiones de este creador: la cetrería –el milenario arte de criar, entrenar y cuidar aves rapaces–, práctica que llevó adelante durante décadas, al punto de convertirse en un especialista de la materia y el vicepresidente de la Asociación Argentina de Cetrería. Por La Bestia fueron desfilando sus hijos, todos del mismo matrimonio junto a Graciela Hildebrand, destinataria original de «Presente» tras un desencuentro amoroso que, es obvio, no duró demasiado.
Vox Dei tuvo su capítulo final el 15 de octubre 2013 cuando, ya sin Basoalto, la dupla Soulé-Quiroga se reunió para un show en el estadio Luna Park y por primera vez tocó los temas de La Biblia junto a Yodi Godoy, guitarrista de los primeros álbumes del grupo. Tal vez el último encuentro público de Ricardo y Willy haya sido en la Legislatura porteña, cuando Soulé apareció de sorpresa en el homenaje a su compañero, el 9 de noviembre de 2022. Sus aficiones y su tranquila vida familiar, siempre en sus pagos y lejos de las grandes luces, lo pintan de cuerpo entero: un tipo obstinado, consecuente y dueño de una coherencia absoluta. Un madrugador que rezaba a diario, un lector apasionado, un estudioso hasta el último día, un caballero que hacía instrumentos y tocaba con su familia. Un pelilargo conectado con el universo, bah. Ojalá hayas encontrado de nuevo la luz que crea, Ricardo.





