Conozco dos relatos de cajones de muertos que salen por la ventana: el de Roberto Arlt (1900-1942), del que Ricardo Piglia dice haber visto fotos del féretro suspendido sobre Buenos Aires, y el de Felisberto Hernández (1902-1964), menos aéreo, saliendo por la ventana hacia el Cementerio del Norte, según escribe Ángel Rama en su necrológica. La foto que vio Piglia, así lo cuenta, se la mostró otro escritor, Juan Carlos Martini Real. Cuando Leila Guerriero, para su «Roberto Arlt. La vida breve», quiso confirmar su existencia, la foto había desaparecido.1 Dos escritores y una foto. Dice el propio Piglia que la ficción es, sobre todo, la posibilidad de hacer creer. Tal vez, entonces, ambos cuentos sean ficciones defenestradas que dan coherencia al momento final de dos dramas apasionantes. Hoy ...
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