Agenda enfermiza

La muerte de Eyad Hallaq y la guerra de Israel contra el periodismo.

La madre de Eyad Hallaq en su casa en Jerusalén sostiene el retrato de su hijo asesinado por la Policía israelí el pasado 1 de junio / Foto: Afp, Ahmad Gharabli

Mientras las protestas por la muerte de George Floyd sacuden Estados Unidos, en Israel continúan los asesinatos de civiles palestinos desarmados. El racismo institucional y los ataques a la prensa que lo cubre presentan patrones similares en ambos países, que la ocupación empeora.

Andaba con guantes. Así explicó el asesino de Eyad Hallaq por qué lo ejecutó a balazos junto a un montón de basura. Hallaq era un palestino de 32 años, vecino de Jerusalén Este. De acuerdo al informe policial al que accedió el diario Haaretz, el gendarme israelí que lo mató lo había visto caminar por una calle de la Ciudad Vieja en la mañana del sábado 30 y, alertado por la Policía de que había un individuo sospechoso en el área, pensó que se trataba de un “terrorista”. “Porque usaba guantes”, explicó a la Justicia. Para colmo de males, cuando él y su compañero le dieron la voz de alto, Hallaq intentó esconderse en un recodo de la calle usado para juntar desechos.

Hallaq era autista. Tenía problemas para comunicarse, y al momento de ser asesinado se dirigía a la escuela especial en la que estudiaba y trabajaba. El vice primer ministro israelí, Benny Gantz, dijo al día siguiente que lo sentía mucho y que compartía la pena de los familiares del muerto. También aseguró que “el incidente sería investigado rápidamente y se sacarían conclusiones” (Times of Israel, 31-V-20).

A diferencia de lo ocurrido esa misma semana en Mineápolis, con el asesinato del afroestadounidense George Floyd a manos del policía Derek Chauvin (véase nota de Jorge Bañales), en Israel aún no ha trascendido el nombre del asesino de Hallaq. Una corte de Jerusalén ha prohibido difundirlo. El domingo 31, decenas de palestinos concentrados en la Ciudad Vieja para pedir justicia fueron dispersados por la fuerza, informó Haaretz (1-VI-20).

En cambio, de acuerdo al mismo periódico, unos 300 israelíes se manifestaron el martes, sin contratiempos, frente a la oficina de la embajada estadounidense en Tel Aviv, en protesta por lo ocurrido en Mineápolis. Una de las oradoras en el acto hizo un paralelismo entre los homicidios de Floyd y Hallaq. Pero mientras el perpetrador estadounidense fue dado de baja por sus superiores y esperará su juicio en una cárcel de máxima seguridad, el israelí, que conserva su puesto, lo hará bajo arresto domiciliario.

Tanto la policía fronteriza como el Ejército de Israel tienen “una especial debilidad por los discapacitados”, recordó esta semana el periodista israelí Gideon Levy. En distintos episodios ocurridos entre 2016 y 2018, esas fuerzas mataron a Arif Jaradat, Mohammad Jabari y Mohammad Habali, tres jóvenes palestinos que padecían discapacidades intelectuales severas. Ninguno de ellos estaba armado.

Por su parte, el Jerusalem Post recogió el pasado sábado 30 la declaración emitida ese día por la Policía de Fronteras de Israel, a la que pertenece el gendarme que mató a Hallaq. La institución advirtió contra “las generalizaciones descaradas e irresponsables” y explicó que “su trabajo es una tarea compleja que envuelve la toma de decisiones complejas”, y que sus oficiales “arriesgan sus vidas todos los días para proteger Israel”. El comunicado no menciona, sin embargo, que de acuerdo al derecho internacional la Ciudad Vieja de Jerusalén no pertenece a Israel, y que la presencia de sus tropas allí es considerada ilegal por la Onu y por la mayoría de sus miembros.

MATAR AL MENSAJERO. El editor de opinión del Jerusalem Post, Seth J Frantzman, también piensa que las fuerzas de seguridad israelíes enfrentan desafíos “únicos y complejos”, pero cree que estos les han reportado valiosos conocimientos. En una columna de este martes 2 titulada “¿Qué puede aprender Estados Unidos de la experiencia militar de Israel en el manejo de disturbios?”, Frantzman apunta a las “violentas protestas” que sacuden al país norteamericano tras la muerte de George Floyd y pondera la “efectividad” de las fuerzas israelíes en la gestión de eventos análogos.

“En las últimas décadas, Israel tuvo que enfrentar con frecuencia extensas protestas y disturbios en Jerusalén y en la Franja de Gaza. También confrontó marchas masivas en la frontera de Gaza en 2018 y 2019. A lo largo de los años, Israel adquirió experticia en el manejo de estos enfrentamientos y pasó del uso de tácticas de fuerza bruta durante la primera Intifada a tratar de minimizar los choques y reducir el contacto entre las fuerzas de seguridad y los alborotadores”, escribe Frantzman, y agrega: “Parece que con el paso del tiempo Israel se ha vuelto mejor en reducir el número de heridos y muertos en los enfrentamientos”.

Este periodista y asesor en seguridad de varias organizaciones israelo-estadounidenses entiende que “el control efectivo de disturbios es un sistema de conocimiento a compartir entre distintas fuerzas”. Su discurso es un calco del que suelen usar los militares israelíes, líderes del mercado mundial de capacitación policial antidisturbios y contra el terrorismo. “Más de 200 oficiales de 100 departamentos policiales, agencias de inmigración, e incluso de vigilantes de campus universitarios de Estados Unidos y del mundo” viajaron a Israel desde 2004, informó The Intercept en setiembre de 2017. De acuerdo a Amnistía Internacional, oficiales israelíes también han brindado cursos a policías en Estados Unidos. El objetivo: formarse en represión de protestas, contrainsurgencia y contraterrorismo.

En su consejo a las autoridades que lidian con la revuelta antirracista en Estados Unidos, Frantzman insiste en la importancia de hacer un buen trabajo de inteligencia, infiltrar las protestas y lanzar ataques selectivos contra los “instigadores violentos”. Se trata del mismo término con el que el portavoz del Ejército israelí Peter Lerner se refirió a los palestinos desarmados que fueron asesinados por francotiradores en las protestas de la frontera de Gaza de 2018 y 2019, episodio que Frantzman cita en su columna como ejemplo de gestión de conflictos.

Entre los palestinos muertos (215) y heridos (más de 1.900) en aquella represión modélica de 2018 y 2019, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas denunció que había decenas de niños, así como de paramédicos y periodistas que realizaban su trabajo cuando fueron asesinados de forma deliberada por francotiradores israelíes. “Cuando Israel les disparó a esos periodistas, fue intencional… Eran claramente identificables como periodistas, con cámaras y chalecos que así lo indicaban”, se quejó el año pasado el director general de Reporteros sin Fronteras, Christophe Deloire (The Jerusalem Post, 21-V-19).

En los 16 años previos a aquellas protestas, Israel ya había asesinado al menos a quince reporteros palestinos, según informa en su página web el Comité para la Protección de Periodistas con sede en Nueva York. Nunca nadie fue juzgado por esos asesinatos. De seguir la narrativa del Estado israelí y de sus editorialistas patrióticos, los muertos probablemente eran tan sólo “instigadores violentos”.

APRENDER LA LECCIÓN. Frantzman no debería preocuparse. El Centro de Seguimiento de la Libertad de Prensa de Estados Unidos contaba hasta este miércoles 233 ataques a periodistas que cubrían las manifestaciones antirracistas de los últimos días en ese país. Según la organización, 153 fueron agresiones físicas, el 80 por ciento de ellas, cometidas por la Policía. A eso se suman más de cuarenta arrestos de trabajadores de la prensa.

Decenas de videos compartidos esta semana en las redes sociales y en los propios medios de comunicación estadounidenses e internacionales muestran a periodistas atacados de forma deliberada por las fuerzas de seguridad, que los golpean, les arrojan balas de goma, gas lacrimógeno o gas pimienta en la cara, o se los llevan esposados mientras transmiten en vivo. En todas esas filmaciones los reporteros aparecen levantando sus carnés de prensa y gritando a voz en cuello su profesión. En Mineápolis, mientras la reportera gráfica Linda Tirado fotografiaba las protestas, la Policía le arrancó un ojo con una bala de goma.

De acuerdo a Donald Trump, los trabajadores de la prensa estadounidenses que no siguen al oficialismo son, ellos también, “instigadores violentos”. En un tuit del domingo 31, y en referencia a los medios que él considera opositores, afirmó que “están haciendo todo lo que está a su alcance para fomentar el odio y la anarquía”. Para el presidente, los periodistas que cubren las interminables escenas de brutalidad policial “son gente muy mala con una agenda enfermiza”.

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