Aguante la pisa

Ugi’s Pizza -una cadena existente desde la década del 80 en el país vecino- no pasaría un examen de la más corrupta inspección bromatológica. Hoy cada local despacha en promedio unas 250 pizzas por día. ¿La fórmula de su éxito? Simplemente son de las pizzas más baratas de Buenos Aires.

Todos conocen los desternillantes sketchs de Capusotto en los que se publicita una tal “Pizzería los hijos de puta”, en la que el cliente nunca tiene la razón, es servido con los peores tratos y en condiciones inimaginables, y cuya cocina no pasaría un examen de la más corrupta inspección bromatológica y/o sanitaria.

La cuestión es que esta pizzería de ficción tiene un correlato en la realidad: Ugi’s Pizza es una cadena existente desde la década del 80 en el país vecino. Hoy cada local despacha en promedio unas 250 pizzas por día, y existen 50 locales sólo en Buenos Aires. ¿La fórmula de su éxito? Simplemente son de las pizzas más baratas de Buenos Aires, y si bien podría pensarse que por ello son incomibles, eso está muy lejos de ser una realidad: seguramente superen al promedio de las pizzas uruguayas.

Quizá lo primero que podría llamar la atención de sus locales es que de delicadeza nada: Ugi’s está en las antípodas de los glamorosos cafés de Starbucks o Havanna: mesas que si estuvieran limpias, sería de milagro, más bien poco y nada de personal (por lo general uno pide la pizza en una barra y se la lleva uno mismo a la mesa), banquetas rojas poco cómodas y azulejos blancos en las paredes que recuerdan más a una carnicería que a una pizzería; la sal y los condimentos son puestos en botellas de refrescos. Los mitos que circundan a la cadena existieron siempre: que los empleados salen de centros de rehabilitación, que el queso es un resultado de los desechos de otras pizzerías, que no tienen baños, que su verdadero negocio está en la venta de droga.

Pero de un tiempo a esta parte Ugi’s ha decidido explotar a fondo este perfil, y la página de Facebook de la pizzería es un despliegue de su costado más deliberadamente trash y antipublicitario. El eslogan “si a la pisa, si a la droga” (sic) ya es una constante y el administrador del usuario Ugi’s Pizza se dedica a postear fotomontajes berretas, –como, por ejemplo, los personajes de Breaking Bad fabricando en un laboratorio los ingredientes para la pizza, o Mirtha Legrand sosteniendo una porción de pizza junto a la frase: “Para todos los boludos que decían que comer Ugi’s hacía mal para la salud… Adivina quién lleva 4687 años comiendo en Ugi’s”– o incluso fotos reales de algunos de los más excéntricos e impresentables personajes que suelen ir a parar a las pizzerías.

Una de las últimas fotos que han posteado es la de un trabajador limpiando un local, con el mensaje “para todos los boludos que dicen que no limpiamos”. En otra, en la que dos niños engullen sendas porciones, la firma sentencia: “Se te cagan de hambre los pibes y sólo tenés 50 pe? (sic) Ugi’s Pisa”. Pero por si esto fuera poco, de un tiempo a esta parte la marca responde a las críticas con todos los insultos y trolleadas imaginables. Un cliente postea: “una pregunta, ¿la pizza viene con aceitunas? ¿o se las tengo que poner yo?”, a lo que Ugi’s responde: “si sos tan pelotudo como para traerte aceitunas de tu casa a una pizzería, sí, traelas vos, capo”. Cuando otro usuario les pregunta: “es cierto que venden droga y por eso la zapi es tan barata?”, responde: “barata y rica”. A la afirmación de un cliente de que “sus pizzas tienen gusto a ano”, la respuesta es, a esta altura, ya casi predecible: “vos sabrás, puto de mierda”.

Lo llamativo del asunto es que, lejos de alejar a los clientes, estas réplicas de tipo barrabrava parecen estar atrayéndolos. No son pocos los que identifican a Ugi’s como una señal de identidad, como “la pizza del pueblo”, y que parecen festejar con “me gusta” todas y cada una de sus salidas de tono. En este momento la página de Ugi’s Pizza cuenta con más de 100 mil seguidores.

Y en tiempos de crisis e hiperinflación, no serán pocos los que para salir del paso recurrirán a Ugi’s, por más que les continúe despertando las peores sospechas en cuanto a procedencia y elaboración. A veces la necesidad mata todos los preconceptos.

Por decir fútbol

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