El diagnóstico feminista en tiempos de pospandemia y derecha en el gobierno

Alerta

Mauricio Zina

En el marco del Día del Futuro 2021 organizado por La Diaria, varias militantes y activistas feministas pertenecientes a diversos espacios y colectivos se juntaron en la sala Zavala Muniz para llevar adelante un diálogo abierto. El círculo tenía como objetivo estimular el debate acerca de los desafíos que están enfrentando los feminismos de cara a un futuro realmente incierto.

Abigail Puig, del PIT-CNT, afirmó que el impacto de la pandemia agrandó la brecha de género. La saturación del sistema de seguridad social y la interrupción del trabajo informal dieron paso a un aumento considerable en el desempleo femenino. Mientras tanto, aumentó la carga vinculada al trabajo de cuidados y a las tareas domésticas, lo que hizo que las mujeres tuvieran que sostener jornadas dobles y triples de trabajo. Frente a esa realidad, muchas mujeres vieron disminuidos sus ingresos, lo que agravó su situación de dependencia económica con respecto a los varones y, por lo tanto, su vulnerabilidad frente a los casos de violencia.

Por su parte, la economista Soledad Salvador, miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo y ONU Mujeres, aportó una mirada interseccional, afirmando que las mujeres del interior sufren más aún las desigualdades de género y los problemas de inserción laboral. También aseguró que las mujeres de los sectores más vulnerables fueron a las que menos se les movió la aguja, ya que la necesidad de combinar las tareas de cuidado con el intento de generar algún ingreso ya era, para ellas, moneda corriente. A su vez, explicó que uno de los problemas más preocupantes es que, al salir de la etapa más dura de la pandemia y reinsertarse en el mercado laboral, los hombres están logrando volver, pero las mujeres –incluso aquellas que ya trabajaban antes de la pandemia– tienen enormes dificultades para conseguir trabajo. «¿Ya estamos de nuevo en la normalidad? Volvimos a olvidarnos de que los cuidados son un derecho de las mujeres, el mismo derecho que tener una vivienda y un trabajo digno, que tampoco los tienen», afirmó Salvador.

Carina Zeballos, representante de la Intersocial Feminista y miembro de la red organizada de mujeres de los asentamientos, puso sobre la mesa que, de los 100 mil pobres más que existen desde que asumió este gobierno, el 70 por ciento son mujeres, niños y niñas. Planteó que la realidad de la pandemia es cruda y dramática, y que nos encontramos en una situación de emergencia con respecto a la violencia basada en género. Asimismo, contó acerca de su experiencia con las mujeres de los asentamientos, que «están cansadas de vivir entre el barro, entre la basura y entre la caca, y sostener la vida se les hace cada vez más difícil». En su exposición final, puso énfasis en la necesidad de unión entre los feminismos, que no pueden distraerse en peleas internas y deben articular para exigir respuestas.

Laura Presno, del Encuentro de Feministas Diversas (EFD), enfocó su exposición en la dificultad de acceder a datos de calidad en torno a los femicidios y las desapariciones de personas. Debido a la falta de información, no es posible profundizar en estudios y análisis certeros sobre la trata de mujeres con fines de explotación sexual, entre otras temáticas. Lo que sí puede deducirse es que el crecimiento de las redes de trata está siendo notorio, aunque la virtualidad permite, a través del impulso colectivo de organizaciones como el EFD, que las madres y familiares de personas desaparecidas puedan amplificar rápidamente su necesidad de ayuda. Presno advirtió, además, que la web de personas ausentes del Ministerio del Interior es muy precaria y que el sitio abunda en datos que resultan irrelevantes a la hora de realizar un análisis certero.

Lilián Abracinskas, de Mujer y Salud en Uruguay, llamó la atención sobre la desatención en la que cayó la salud sexual y reproductiva, con costos dramáticos. «Por primera vez tuvimos una adolescente fallecida en un procedimiento de aborto legal en el interior del país y, sin embargo, hasta ahora no sabemos lo que pasó con ella», afirmó. También denunció que los procedimientos de interrupción voluntaria del embarazo, la medicación para las personas que viven con VIH y la medicación para las personas trans no están siendo garantizados para toda la población, y que en 18 meses de gobierno ninguna autoridad recibió a su organización. «El presidente se reunió hasta con los cazadores de jabalíes, pero con nosotras no», ironizó. También trajo la noticia de que el Ministerio de Salud Pública armó un grupo parlamentario integrado por legisladores abiertamente conservadores y antiderechos para promover la natalidad, y que muchos profesionales objetores de conciencia están siendo nombrados en las direcciones de salud sexual y reproductiva en los servicios públicos. «Hay una atmósfera general vinculada a la declaración del presidente de que este es un gobierno provida y que protege la vida de los no nacidos», dijo. «Esa atmósfera, sumada a un sistema de información deficitario, deriva en que las políticas públicas se vuelvan discrecionales, lo que atenta directamente contra la salud y la seguridad de las mujeres.»

Para Collette Spinetti, del Colectivo Trans del Uruguay, lo más grave fue el uso político que se le dio a la pandemia para recortar políticas sociales. Afirmó que la comunidad trans es multidimensionalmente pobre y, por más que exista un marco jurídico favorable, si no hay presupuesto, las leyes no pueden aplicarse. La pobreza multidimensional se ve profundizada por la pobreza económica: muchas personas trans vieron recortadas sus pocas posibilidades de trabajo y perdieron el acceso a la vivienda, por lo que tuvieron que volver a sus ciudades de origen, en las que las esperaba la violencia intrafamiliar y la discriminación. También aumentó el número de personas trans en situación de calle, y aproximadamente un 40 por ciento no tiene «ni un paquete de arroz en la casa». Otro tanto hace solo una comida por día.

Fabiana Condon, de Asociación Nacional de Organizaciones No Gubernamentales Orientadas al Desarrollo, manifestó la urgencia de colocar en los espacios feministas la situación de los niños, niñas y adolescentes, que no han sido considerados como sujetos políticos relevantes a la hora de tomar decisiones en relación con la pandemia. No hubo políticas públicas que paliaran el efecto del aislamiento, el encierro y el abandono de los espacios comunes. Además, el problema de la violencia y el abuso se agudiza si las escuelas están cerradas y las policlínicas no brindan atención, porque cuando un niño o una niña sufren violencia en sus casas, los que la detectan son los centros educativos y de salud. También puso el foco en el aumento de la violencia digital y en la Ley de Urgente Consideración (LUC), que aumenta las penas para los jóvenes y habilita los juicios abreviados. Para Condon, los niños, niñas y adolescentes se encuentran en una situación de amenaza constante: «A la amenaza de la familia y de la comunidad se suma la de un Estado que presenta proyectos de ley –como el de la tenencia compartida– que atentan directamente contra sus derechos».

Finalmente, Tania Ramírez, del colectivo Mizangas, llamó la atención sobre el racismo estructural que permanece y afecta a toda la población afro, sobre todo a las mujeres. «No existen ni existieron verdaderos programas para revertir la situación de desigualdad. La pobreza tiene cara de niña afro», expresó. Para Ramírez, la pandemia agravó la situación de su comunidad en torno a la salud, la vivienda, la educación, el trabajo y la cultura. «Al gobierno le sirvió la excusa de la pandemia para intervenir en nuestras manifestaciones culturales», expresó. También habló de la LUC: «Ahora el Estado te echa de tu casa si no podés pagar el alquiler, y una vez que estás en la calle tampoco te ofrece ninguna política. Los subsidios fueron totalmente insuficientes; el gobierno no se hace cargo».

A pesar de la gravedad de la situación, los feminismos se organizan y están alerta. Seguramente, el reclamo constante por los derechos de las mujeres, las identidades disidentes, las infancias y adolescencias volverá a hacer que el movimiento se encuentre en las calles y ocupe el espacio público. En un escenario en el que los organismos del Estado retacean la información, la comunicación y el intercambio entre la trama feminista resulta una oportunidad fundamental para planificar acciones conjuntas y demostrar que, a pesar de todo, estamos juntas y somos poderosas.

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