Teatro. Hambrientos de infinito: Archivo quemado - Semanario Brecha
Teatro. En Espacio Palermo: Hambrientos de infinito

Archivo quemado

DIFUSIÓN

La compañía independiente Ciclón Teatro se inspiró en la figura del poeta Julio Inverso para crear su pieza Hambrientos de infinito, que refleja parte de su filosofía vital y artística. Para elaborar su dramaturgia, el director y autor Federico Martínez trabajó sobre personajes que aparecen en su literatura y se entrevistó con amigos y familiares para confeccionar una serie de escenas que recuerdan la estructura de collage o cut-up, técnicas artísticas que Inverso también trabajó en sus piezas gráficas. Emergen los recortes de la memoria: la pieza reconstruye aspectos biográficos que el poeta dejó registrados en forma de diario y que transitan entre lo ficcional y la realidad.

Cabe recordar que Julio Inverso (1963-1999) fue considerado póstumamente como uno de los mejores poetas montevideanos de la segunda mitad del siglo XX. Su escritura está atravesada por diálogos constantes con el Conde de Lautréamont, Rimbaud o Dostoievski, entre muchos otros, y por influencias musicales pospunk: The Cure, Lou Reed. Inverso adquirió así características de poeta maldito, parte de una generación que vivió su juventud en las décadas de posdictadura, en los ochenta y los noventa.Para acercarse a esta historia en la escena, el universo oscuro y opresivo se construye con paredes de nylon, un material frío y aislante que rodea el escenario y sirve a modo de pizarra-muro. Esas paredes son soporte de los grafitis, medios de expresión artística con los que cuatro personajes exponen sus pensamientos. Esta referencia hace directa alusión a la participación del artista en la brigada Tristán Tzara, un grupo grafitero que tuvo gran repercusión luego de la dictadura por los mensajes que dejaba en las paredes montevideanas. En la obra, el colectivo es recordado y evocado: «El arte es un producto farmacéutico para imbéciles».En la escena, los grafitis actúan como ordenadores cronológicos de la historia que involucra, en principio, a Julián –un juego de palabras entre Juan y Julio–, interpretado por Bernardo Scorzo, y a Clarisa, personaje inspirado en Fabricia Desbordes, versión ficcionada de Fabricia Gravina, quien fue pareja de Inverso. Clarisa es interpretada por Valentina Pereyra, quien también representa a una hija ficticia de Inverso llamada Valentina. En ambos casos, la actriz logra composiciones convincentes y sensibles. Comparten la escena el personaje de Shapiro (José Lamas) y Morgan, que se considera el sosia de Julio en su escritura autoficcional y está interpretado por Matilde Nogueira.Hay una búsqueda intergeneracional; es Valentina quien, a través de objetos encontrados en una caja olvidada tras la muerte de su madre, busca reconstruir el pasado. Intenta unir las piezas de un archivo quemado, uno que la ayude a comprender y reencontrarse con Julián, su padre, quien se suicidó cuando ella tenía apenas 6 años. En este recorrido por las huellas de esos objetos –casetes en los que pueden escucharse narraciones de Inverso que fueron rescatadas y digitalizadas por Juan Ángel Italiano, libretas con textos escritos a mano, encendedores– se compone en escena la figura de un artista cargado de ideología antiburguesa, contestatario, que desarrollaba su poesía como forma de liberación. Esta idea flota en el escenario con la narración en off que realiza Gabriela Iribarren, en su papel de una Clarisa adulta.Se retratan con acierto los estados de embriaguez de una generación atravesada por heridas profundas y dueña de muchos sueños utópicos. Martínez tomó como inspiración el documental de culto Mamá era punk, de Guillermo Casanova (1988), que retrata a estos jóvenes que transitaron sus años más fértiles entre la creatividad y el desencanto. La puesta de Hambrientos de infinito se pronuncia con contundencia acerca de una forma de vida particular con gran profundidad poética, en la creencia de que el arte puede ser un acercamiento a la libertad.

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